Historias del porno La máquina de la verdad

Linda Lovelace, la protagonista de la mítica película X ‘Garganta profunda’, cambió radicalmente su visión sobre la pornografía a partir de los primeros años de la década de los 80. Gisbert desentraña las razones de esa extraña epifanía.

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PACO GISBERT | 02/01/2015 - 11:23

En mayo de 1981, Linda Lovelace publicó su tercer libro de memorias, con el título de ‘Ordeal‘. A diferencia de los dos anteriores -‘Dentro de Linda Lovelace‘ y ‘Diario íntimo de Linda Lovelace‘-, ‘Ordeal’ no era una obra complaciente con el mundo del porno. En él, la protagonista de ‘Garganta profunda‘ rectificaba las afirmaciones vertidas en sus anteriores autobiografías y pintaba el mundo del porno como una pesadilla en la que se vio envuelta contra su voluntad y que sufrió esclavizada por el que era entonces su marido y representante, Chuck Traynor.

El cambio de opinión de Lovelace tuvo mucho que ver con ese vacío que queda en las personas que un día subieron a la cima del estrellato y la popularidad y, más tarde, cayeron en el más absoluto olvido. Después del estreno de ‘Garganta profunda’, Linda se convirtió en una celebridad de la altura de Elvis o Sinatra, apareció en la portada de las revistas más importantes de todo el mundo y fue la estrella invitada de los programas de máxima audiencia en la televisión americana. Pero la fama, ya se sabe, es efímera y el empeño de la actriz por promocionar su propia imagen, más allá de continuar con su carrera en el cine, fuera X o no, acabó por apagar su estela: cuatro años después de ser la mujer más famosa de América, Linda se marchó a Long Island para casarse con un albañil. Larry Marchiano (en la foto junto a Linda durante la promoción de ‘Ordeal’), obrero de la construcción, había sido novio de Linda cuando esta contaba sólo con 16 años y ni siquiera soñaba con conquistar el mundo con el apellido Lovelace. De hecho, la joven había tenido un hijo con él, que dejó en adopción a su hermana. Un día, cuando ya estaba casada con Marchiano, vio un programa de televisión en el que escuchó que una de las invitadas decía: “Mucha gente se mete en la pornografía para acceder a Hollywood y convertirse en una estrella, como Linda Lovelace”. Ella, que vivía de las ayudas sociales, era considerada todavía por algunos como una celebridad.

El polígrafo

Se animó a escribir un libro que desentrañara el falso mito que se había construido sobre su persona. Contactó con Mike McGrady, un periodista del ‘Newsweek‘ que le había propuesto meses antes un reportaje, y entre ambos construyeron ‘Ordeal‘ de una manera muy peculiar: como sus afirmaciones se contradecían con lo escrito en sus libros anteriores, Linda Lovelace se sometió durante dos días al polígrafo para verificar que todo lo que contaba era cierto. Más o menos, como en esos programas del corazón en los que se interroga a los famosos con una máquina de la verdad como testigo.

Ordeal‘ causó una enorme conmoción en la sociedad americana, porque desmontaba todo el mito creado a partir de Linda Lovelace. En el libro, sus autores sostenían que Linda participó en ‘Garganta profunda’ coaccionada por las amenazas de Traynor y en él se basa el biopic ‘Lovelace‘, protagonizado por Amanda Seyfried e inédito en los cines españoles. Esta revelación resucitó, aunque brevemente, la fama de Linda Lovelace en los medios de comunicación, que le prestaron mucha más atención de la que probablemente merecía, en parte por lo escandaloso de sus declaraciones, en parte porque la sociedad norteamericana estaba cambiando desde la llegada de Ronald Reagan a la presidencia. En ‘Ordeal‘, Linda se postulaba como feroz detractora del erotismo en el cine y la televisión, una afirmación que refrendó un mes después de la publicación del libro, cuando se convirtió en militante de la asociación conservadora Mujeres contra la Pornografía al participar en una manifestación en la que dicho grupo protestaba delante de un cine por la exhibición de una película porno. Lo curioso de la historia es que la película porno que se proyectaba en aquella sala de la calle 48 de Nueva York era ‘Garganta profunda‘.

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