Historias del porno: Las cosas de John

John Holmes, el actor más famoso de la historia del porno, arrastra tras de sí una leyenda relacionada con la drogadicción. Pero, en este texto, descubriremos que tenía una forma muy peculiar de financiar sus vicios: esquilmando a sus amigos cuando iba a visitarlos.

Pornstarwaiter
PACO GISBERT | 10/12/2013 - 16:49

A finales de la década de los setenta, hablar de John Curtis Holmes era referirse a la única gran estrella del cine porno norteamericano. Holmes era una especie de Rey Midas del cine para adultos, un tipo que, con su sola presencia, era capaz de convertir una mala película en un éxito de taquilla.

En aquellos tiempos, John Holmes ganaba tanto dinero que podría haberse retirado y vivir de las rentas durante el resto de sus días. Sin embargo, nunca tenía dinero. Sus millonarios ingresos se los llevaba su irrefrenable adicción a la cocaína, un vicio caro que no sólo estaba acabando con su patrimonio, sino también con sus amistades.

Cleptomanía de yonqui

Para sufragar su frenético ritmo de vida, Holmes desarrolló una patología que sus amigos y conocidos toleraban con paciencia: la cleptomanía. Durante años, John robaba pequeños objetos de valor cuando acudía a visitar a sus amigos o se llevaba recuerdos personales del hogar que compartía con su pareja, Dawn Schiller, para venderlos y poder comprar más droga. Nadie se atrevió a denunciarlo a la policía por la desaparición de algún objeto en su casa. Todo el mundo sabía que era él el ladrón, pero consideraba que aquellos deslices eran “cosas de John”.

Una tarde de 1981, John Holmes acudió a visitar a Gloria Leonard. Leonard, una de las leyendas femeninas del cine para adultos norteamericano, se había trasladado a Nueva York tres años antes para hacerse cargo de la edición de ‘High Society‘, la revista más importante del sector en aquellos momentos. En 1980, Gloria Leonard se casó con el director de cine X Bobby Hollander y regresó a Los Ángeles para vivir con su nuevo esposo. La casa, recién estrenada, estaba cerca del hogar de Holmes, por lo que la mítica actriz invitó a John a visitarla para confraternizar con su nuevo vecino. John Holmes se presentó en la casa a media mañana e inició una interesante conversación con su vieja amiga. A media tarde, Bobby Hollander llegó de su oficina y se unió a una conversación en la que, además de la charla, los tres compartieron seis pipas para fumar que Holmes surtía con base de coca y Hollander aportaba el Ron Bacardí. La conversación se extendió hasta la madrugada, hasta que los anfitriones decidieron retirarse a dormir. John se marchó a su casa y los Hollander se quedaron con la grata impresión de haber pasado una velada encantadora con un hombre afable y conversador.

El invitado ladrón

A la mañana siguiente, Bobby y Gloria salieron pronto de casa para hacer unas gestiones propias de su cambio de residencia. A las once de la mañana regresaron a su hogar y se encontraron con la sorpresa de que sus principales enseres habían desaparecido. La televisión no estaba en su sitio, el vídeo se había evaporado, las joyas de Gloria no estaban en el lugar donde las escondía y el dormitorio parecía haber sufrido el asalto de una banda de ladrones. Incluso un par de armas que Bobby guardaba como recurso de defensa personal habían desaparecido, aunque la policía las recuperó, un año más tarde, en el mercado negro.

Bobby y Gloria preguntaron a los vecinos. Y estos les contaron que, poco después de marcharse de la casa, un hombre que respondía a la descripción física de John Curtis Holmes había aparcado una furgoneta en la puerta de su casa y había comenzado a cargar en ella todos los objetos que faltaban en su recién estrenado hogar. Los vecinos pensaron que se trataba de un empleado de mudanzas que efectuaba un traslado de muebles, como correspondía a unos nuevos vecinos. Bobby y Gloria nunca presentaron cargos contra John Holmes por robo. Eran las cosas de John.

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