Historias del porno: Las dos vidas de Elisa Flórez

Nueva historia del porno a cargo de Paco Gisbert. Esta vez, sobre la excursión por el lado oscuro de Elisa Flórez/Missy Manners, que de joven promesa de la política ultraconservadora pasó a efímera estrella del cine X.

Missy Manners, el día de su boda
06/12/2012 - 12:29

Muchas veces, la tradición familiar empuja hacia una vida no deseada, a representar el papel que los padres quieren en lugar del que uno desea. Ese fue el destino de Elisa Flórez, una muchacha de Sant Lake City que nació en el seno de una extraña familia. Una madre alcohólica y un padre que trabajaba como asesor del senador republicano Orrin Hatch, un estrecho colaborador de Ronald Reagan en su carrera hacia la Casa Blanca, hicieron que Elisa se preparara durante años para suceder a su progenitor.

Su vida se encaminaba a ser una joven política de corte conservador, y para ello estudió en la Universidad de Georgetown y llegó a integrarse en el equipo de Hatch y en el Comité Nacional del Partido Republicano. Pero Elisa no era feliz con el papel que otros habían decidido para ella en la vida. Era una chica poco preocupada por su físico y entregada a su carrera política que, en su interior, soñaba con ser otra persona.

Un día, abandonó Washington y la esfera política y se marchó a California para comenzar una nueva vida. Hizo dieta, se apuntó a clases de aerobic, se tiñó el pelo para parecer rubia y comenzó a tomar el sol desnuda en las playas nudistas. Viendo que, gracias a su constancia, era toda una belleza, un amigo le sugirió que se presentara al concurso de Miss América Desnuda, que se celebraba aquel año en San Francisco. Elisa aceptó la sugerencia de su amigo y, aunque no ganó, se divirtió tanto que, cuando supo que el O’Farrell Theater, el club sexual más famoso de la ciudad, organizaba cada lunes su “noche de las aficionadas”, se presentó a probar suerte.

En el O’Farrell, Elisa ganó la competición de aquella noche. Pero su premio no fueron solo los 100 dólares que los organizadores otorgaban a la vencedora de cada una de esas noches reservadas a las amateurs. Artie Mitchell, copropietario del local, la invitó a subir al reservado de la parte superior del local, donde celebraba fiestas privadas rodeado de amigos, chicas guapas, alcohol y drogas. Un reto para Elisa, educada en la rígida moral de Utah por un padre republicano.

Pero ella había cruzado el país para cambiar de vida y aceptó inmediatamente. Siguió a Artie por las escaleras del O’Farrell y, cuando subía, vio que del bolsillo trasero de su pantalón, asomaba un sobre. Curiosa, lo cogió para ver su contenido. En su interior había dos gramos de coca.

Una vida nueva

Aquella noche, Elisa Florez comenzó una tortuosa relación sentimental con Artie Mitchell que se prolongaría durante los cinco años siguientes. Elisa y Artie compartieron aventuras, drogas, alcohol y la música de Grateful Dead, el grupo favorito de ambos. Pero, sobre todo, compartieron una extraña relación de tintes sadomasoquistas que llevó, por ejemplo, a que ella se paseara desnuda, en una ocasión, por las calles de San Francisco por expreso deseo de su amante.

Artie Mitchell y su hermano Jim albergaban desde muchos años atrás la idea de hacer una nueva versión de la película que los convirtió en mitos del cine porno, ‘Tras la puerta verde’. No era una cuestión económica, pues los hermanos Mitchell vivían desahogadamente gracias al éxito del O’Farrell, el local que compraron a finales de la década de los 60 para proyectar sus cortos pornográficos y que ahora era un local de strip-tease y espectáculos de sexo en vivo.

Querían hacerla porque se aburrían. Jim cargaba con el peso del negocio mientras Artie se dedicaba a la buena vida, a pasar las noches en la parte superior del local consumiendo cocaína, bebiendo whisky y follando con todas aquellas aspirantes a algo (o de algo) que se le pusieran por delante. Una nueva película era la excusa perfecta para limar sus asperezas y unir de nuevo a los dos hermanos.

Elisa supo del propósito de los Mitchell y se ofreció a Artie para protagonizar la película. Era rubia como Marilyn Chambers, o al menos daba el pego, era una debutante en el porno como Marilyn y quería a toda costa ser la sucesora de la Chambers. Se convirtió en Missy Manners y rodó ‘Tras la puerta verde 2’, el remake desencantado del primer filme de los Mitchell que acabaría siendo el testamento cinematográfico de los hermanos. También fue la única película X en la que participó Missy Manners, la mujer que estaba destinada a ser la imagen del Partido Republicano y que fue, para gozo de los amantes del cine X, una estrella fugaz del porno.

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