Historias del porno: Maurizio o Maurizia

Una transexual, nacida Maurizio y convertida en Maurizia, se convirtió, a comienzos de los 90, en una de las grandes figuras del porno italiano, gracias al morbo que provocaba la ambigüedad en los espectadores. Paco Gisbert nos cuenta la tortuosa historia de Maurizia Paradiso hasta llegar al cine X.

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PACO GISBERT | 26/09/2013 - 10:00

Bruna Oliva era una prostituta de 18 años que, el 25 de junio de 1955, dio a luz un hijo, cuando mantenía una relación sentimental con un vendedor de frutas y verduras milanés llamado Luigi Paradiso. Al niño lo bautizó como Maurizio y, pese a que Bruna no tenía certeza de que  Luigi era el verdadero padre de su hijo, pudo darle el apellido de su pareja. La vida de Maurizio no fue un lecho de rosas. A los tres años dormía dentro de un coche mientras su madre paseaba por la Piazza Giulio Cesare de Milán en busca de clientes. A los seis ingresó interno en un colegio, el primero en una larga serie de centros en los que sufriría múltiples vejaciones físicas y psicológicas por parte de compañeros y maestros.

De niño a mujer

Pero Maurizio era un hombre de espíritu fuerte. Cuando, ya en su adolescencia, descubrió sus tendencias homosexuales, comenzó un tratamiento hormonal para convertirse en lo que su mente le pedía que fuera: una mujer. A los 22 años, después de haber trabajado duro para ahorrar el dinero suficiente, se sometió a una intervención quirúrgica para implantarse los pechos. En 1978, la operación sería la definitiva: se cambió el sexo y se convirtió en Maurizia.

Con su nueva imagen, Maurizia comprobó que su ambigüedad sexual era una mina de oro para triunfar en el mundo del espectáculo. En 1986, con más de 30 años cumplidos, recibió una oferta por parte de Massimo Mazzuco para participar en ‘Romance‘, una película dramática que llegó a entrar en competición en el Festival de Venecia y en la que Maurizia interpretó un pequeño papel. Aquel filme fue el trampolín para empezar una carrera como presentadora de televisión que condujo a la emergente estrella a conducir programas de contenido picante, muy populares en la televisión italiana a finales de la década de los ochenta, entre ellos ‘Colpo grosso‘, un espacio que llegaría a las pantallas de la cadena española Telecinco con el nombre de ‘¡Ay, qué calor!‘.

El secreto, desvelado

A comienzos de los años noventa, el porno italiano buscaba nuevas caras que sustituyeran a los rostros que el espectador estaba acostumbrado a ver desde hacía años: Cicciolina, Moana Pozzi o Laura Levi, pioneras en practicar el sexo delante de la cámara. Y Maurizia, una mujer con la incertidumbre sexual en su cuerpo, era uno de sus objetivos. Maurizia acababa de dejar ‘Colpo grosso‘ y necesitaba dinero, de manera que aceptó la propuesta de Silvio Bandinelli de rodar un porno. Aquella película se llamó ‘El secreto de Maurizia‘ y jugaba con la ambigüedad sexual y física de la actriz hasta el límite en unos momentos en los que directores como Luca Damiano ya habían incluido en sus filmes actores travestidos. El secreto de Maurizia, transexual y no travestida, se descubre al final de la cinta de Bandinelli.

La película de Bandinelli fue la primera de las dos cintas con la que Maurizia Paradiso  se erigió en la actriz más importante del erótico italiano de comienzos de los noventa. Los productores apostaron por ella e invirtieron grandes sumas de dinero en la producción de sus filmes: ‘El secreto de Maurizia‘ costó 100 millones de pesetas y ‘Maurizia Connection‘, su segunda película, 90, cantidades muy importantes para el porno de la época. Paradiso hizo sólo dos películas X mientras seguía apareciendo en programas de televisión, la mayoría de ellos como presentadora de telepromociones, y participó en una decena de filmes eróticos, sin sexo explícito.

Tras su retirada, a mediados de los 90, Maurizia solo encontró trabajo como presentadora de teletiendas y, en una entrevista televisada, llegó a afirmar que había estado cerca del suicidio, debido a sus problemas económicos. Su última aparición pública, ya con 58 años, se produjo en febrero de este año, cuando se presentó como directora artística del Sex Festival de Milán y acabó denunciada por robo por los organizadores del evento.

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