Historias del porno: mejor pornografía que ‘amigas entrañables’

El cine porno español nació hace ya casi un siglo, contó con pioneros de extraordinario nivel, como los hermanos Baños, y un cliente, productor e incluso guionista eventual de excepción: el rey Alfonso XIII.

El porno de Alfonso XIII
Paco Gisbert | 12/03/2013 - 12:15

Hace exactamente un siglo, España era una monarquía constitucional cuyo máximo mandatario era un rey de la dinastía de los Borbones. Más o menos, como ahora, con la diferencia que, en aquellos tiempos, los medios de comunicación no tenían la relevancia que tienen hoy. Nadie hacía públicas las veleidades del monarca, ni los nombres de sus amigas entrañables, ni las posibles implicaciones políticas de las mujeres que rodeaban al rey.

El caso es que al jefe del estado español de hace un siglo le gustaba el sexo. En compañía de amigos aristocráticos, organizaba sesiones en el palacio real en las que se proyectaban películas pornográficas procedentes de Francia o países de Latinoamérica, lugares en que se producía por entonces este tipo de cine, objeto de consumo de lujo destinado a las clases adineradas. No era un caso aislado. Hay indicios de que el rey Faruk de Egipto, el Sha de Persia o algunos miembros de la familia real rusa compraron proyectores de cine para utilizarlos en sesiones privadas en la corte, un lujo sólo al alcance de gente muy rica.

Un gourmet

Sin embargo, Alfonso XIII fue un poco más allá en su pasión por la pornografía. Aburrido de ver cortos sicalípticos que remitían a costumbres muy alejadas de las suyas, decidió financiar con su dinero una serie de películas pornográficas más ‘naturalistas’ para uso personal. Por medio del Conde de Romanones, político muy próximo al monarca que fue presidente del gobierno en tres ocasiones, Alfonso XIII encargó la realización de medio centenar de cortometrajes pornográficos en la década de los años 20 del siglo pasado.

Para realizarlas, el monarca recurrió a los hermanos Ricardo y Ramón Baños, propietarios de la productora Royal Films y autores, como director y director de fotografía respectivamente, de las dos superproducciones más caras del cine español de la época: ‘La vida de Cristóbal Colón y el descubrimiento de América’ (1916) y Don Juan Tenorio’ (1922). Para entendernos, como si en la actualidad alguien confiara la realización de un porno a los hermanos Almodóvar.

Estos pioneros del cine español, convertidos realmente en pioneros del cine porno nacional, produjeron y dirigieron entre 50 y 70 películas con sexo explícito, de las que sólo tres han llegado a nuestros días. Rescatados de un archivo privado en la provincia de Valencia en 1991 y restaurados por la Filmoteca Valenciana, ‘El ministro’, ‘Consultorio de señoras’ y ‘El confesor‘ son los tres filmes porno españoles más antiguos que se conservan, la punta del iceberg de una prehistórica industria X nacional financiada por la corona.

Rodadas en Barcelona entre 1920 y 1926, las tres cintas tienen como característica común la sátira política como contrapunto a la tensión erótica. Al parecer, el rey proponía argumentos a los Baños y en ellos incluía críticas sobre los vicios del clero, la clase política o la sanidad para luego disfrutarlas con sus amigotes.

Vistas con los ojos de quienes vivimos en el siglo XXI, los primeros pornos españoles sorprenden por su excelente factura, muy alejada de los simples y chuscos stag films americanos, y por el peculiar físico de sus intérpretes: mujeres rechonchas, cuando no pasadas de kilos, y hombres muy delgados que no se desprenden jamás de sus camisetas en el acto sexual. Son, al fin y al cabo, testimonios sexuales de una época en el que la corte se divertía con el porno más que con las amigas entrañables.

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