Historias del porno: Nadie se acordó de Karin

El mundo se olvidó de ella a marchas forzadas, pero Karin Schubert fue una actriz cinematográfica de culto que, además, tuvo el coraje de nadar contra la corriente: se pasó al porno cumplidos los 40, a la edad en que el resto de actrices suelen dejarlo… si no lo han dejado ya.

Karin Schubert
Paco Gisbert | 21/01/2013 - 14:09

A finales de este año, Karin Schubert cumplirá 69 años, una edad en la que la mayoría de los mortales disfruta de una merecida jubilación tras años de trabajo. Pero a Schubert la jubilación ya le llegó mucho antes, hace casi 20 años, cuando los productores y agentes dejaron de llamarla para lo que había hecho toda su vida: participar en películas.

Hoy, Karin vive sola, con una docena de perros que cuida como si fueran hijos suyos, en Manziana, un pequeño pueblo a 40 kilómetros de Roma, donde sobrevive gracias a la generosidad de un amante y admirador que la mantiene.

Suerte esquiva

La vida es muchas veces injusta con los pioneros, y Karin Schubert fue uno de ellos. Nacida en Hamburgo en 1944, Schubert llevó una vida de lo más corriente hasta los 27 años: se casó con un empleado de la Opel, tuvo un hijo y trabajó como modelo publicitaria en Suecia, donde se trasladó la familia, y en Alemania, el lugar al que regresó por la enfermedad de la madre de su marido.

En 1969, Karin recibió una oferta para trabajar en el cine y no la desaprovechó. En los 15 años siguientes había intervenido en casi 50 filmes, películas de serie B en las que esta rubia simpática y atrevida hizo de todo, desde spaghetti western hasta películas de culto, en las que trabajó bajo las órdenes de Sergio Corbuzzi, Edward Dmytryk o Gérard Oury, y al lado de Richard Burton, Louis de Funés o Yves Montand. Cine, en su mayoría, barato y de una sola toma que convirtió a Karin Schubert en una de esas diosas paganas del cinéfilo de la sesión triple y la coproducción imposible.

Además, Schubert era una mujer valiente y decidida en su trabajo. No le importaba enseñar su cuerpo desnudo en las películas en las que participaba porque lo consideraba una parte de su labor como actriz. No era una persona en absoluto recatada y, cuando su agente le ofreció la posibilidad de hacer una sesión de fotos eróticas para la revista ‘Men’, a comienzos de los 80, dijo que sí, como también lo hicieron Patty Bravo, Marisa Mell, Lilli Carati o Paola Senatore.

Los años como sex symbol

Las fotos fueron un éxito en Italia y Schubert, que se encontraba sin trabajo desde que un año antes rodara en España ‘Cristina y la reconversión sexual’, de Francisco Lara Polop, dio el siguiente paso. Pensó que el porno podría ser una forma de ganar dinero como actriz sin perder la dignidad que había exhibido durante años como musa de la serie B.

Se pasó al porno en plena decadencia del cine de género y con más de 40 años cumplidos. Al porno italiano, en el que convivían entonces los pioneros con las nuevas generaciones, Marina Frajese y Cicciolina con Rocco Siffredi y Moana Pozzi. Durante casi diez años, Karin Schubert hizo dos docenas de películas X con el mismo entusiasmo y profesionalidad con los que había reinado en el cine de bajo presupuesto.

Pero la edad no perdona y, al cumplir los 50, la industria dejó de contar con ella. Ni los productores y directores de porno, que no la querían en sus películas por su edad, ni quienes hacen películas de serie B, que la veían marcada por la fatídica letra X,  pintada metafóricamente en escarlata en su rostro. Nadie se acordó de Karin.

Se retiró obligada y la única oferta de trabajo que ha recibido desde entonces fue la de un avispado buscavidas que pretendía emplearla como prostituta y ser él su chulo. Se recluyó en su casa de Torino y después se fue a vivir a Manziana sola, “sin amigos, sin familia, sin dinero, sin futuro”, como dijo horas después de haber intentado quitarse la vida el 3 de septiembre de 1994.

Y allí sigue, desde entonces, olvidada por el mundo, estigmatizada por pensar que el porno era también cine. Sola, con sus perros y sus recuerdos. Sus únicos compañeros de viaje.

 

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