Historias del porno “Oh, Tía Peg”

En su viaje en el tiempo a través de la historia del porno, Gisbert se detiene en un personaje curioso: una mujer que comenzó su carrera como actriz X a los 40 años, en una época en la que no existían los filmes especializados en maduras.

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PACO GISBERT | 09/01/2015 - 11:01

En 1978, Juliet Carr encontró trabajo en el equipo de producción de una película X que dirigía Alex de Renzy. Para ella, que había pasado toda su juventud dando clases de inglés por medio mundo, era un buen trabajo. Cerca de la ciudad donde nació, Burbank, en California, y con un sueldo acceptable. Juliet, además, tenía pocos remilgos en temas sexuales: desde su fracasado matrimonio, más de quince años atrás, su vida sexual había sido divertida y satisfactoria para ella. Su vida, desde entonces, había sido una continua aventura por los rincones más diversos del planeta, desde Finlandia hasta Japón, y por las más diversas profesiones, desde recepcionista en un Burger King hasta secretaria de una producción de películas ‘nudies’ en los 60. Así que, con 39 años, no tenía demasiadas quejas de lo que le deparaba la vida.

Aquella primera experiencia en un rodaje X despertó en Juliet una extraña sensación. Le pareció muy divertido el hecho de actuar delante de una cámara follando y, cuando el propio De Renzy le ofreció participar, en un pequeño papel, en su siguiente película, ‘Pretty Peaches‘, Carr no dijo que no. El único obstáculo era su edad. A los 39 años nadie debutaba en el porno en una época en la que no existían filmes especializados en mujeres maduras. A Alex de Renzy la edad de Juliet no le importó demasiado, dado su entusiasmo por trabajar como actriz en una película porno.

El nacimiento de un personaje

Con el nombre de Juliet Anderson, Carr comenzó a trabajar en el porno. Unos meses después, participaba en una escena lésbica con una compañera que, al sentir las habilidades de la lengua de Anderson en su vagina, empezó a gritar “Oh, tía Peg, oh, tía Peg”. Wes Brown, el director del filme, cambió el nombre de la cinta, que pasó a denominarse ‘Tía Peg‘, y provocó el nacimiento de un personaje legendario en la historia del cine porno: esa agente de artistas descarada en su sexualidad que interpretaría Juliet Anderson durante el decenio siguiente.

A finales de los 80, cuando rozaba los 50 años, Juliet Anderson se retiró del porno porque, según ella, sentía cómo los jóvenes con los que compartía escenas estaban intimidados por su presencia y su voracidad sexual. Pero nunca llegó a distanciarse de una industria que, en 1994, la incluyó en su salón de la fama. Desde entonces, Juliet Anderson vivió una vida relajada y tranquila, en compañía de sus buenos amigos, la mayoría fotógrafos y artistas relacionados con el mundo de la sexualidad, y de los cuatro gatos con los que vivía en su casa de Berkeley, California.

El 11 de enero de 2010, hace ahora cinco años, se fue a dormir plácidamente y nunca despertó. Entró en el sueño eterno de la manera más calmada y festiva, la muerte ideal para casi todo el mundo. Tan reconfortante como había sido la vida de la Tía Peg durante su divertida existencia.

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