Historias del porno: Pequeño Gran Hombre

Medía apenas un metro, pero su sentido del humor y su fiabilidad sexual le convirtieron en un grande del porno en su vertiente más friki. Gisbert rinde homenaje a Oli, también conocido como Holly One, el follador diminuto que triunfó en la pantalla y en las noches de Bagdad.

Holly con su Blancanieves
Paco Gisbert | 08/08/2013 - 11:07

Los padres de Oliviero Migliore no sospecharon que, cuando nació su hijo, el 12 de abril de 1965, la vida le tenía reservadas muchas sorpresas. La primera se desveló a los diez años, cuando le diagnosticaron una extraña enfermedad que le impedía crecer.

Oliviero medía poco más de un metro de estatura y ese día supo que iba a morir joven, que sus órganos seguirían aumentando de tamaño, como le ocurre a cualquier ser humano, y llegaría un momento en que su pequeño cuerpo no podría albergarlos. Pero, en vez de resignarse a pasar por el mundo como un pobre minusválido, apostó por vivir a tope desde los 18 años.

Ya que su esperanza de vida era bastante baja, al menos se planteó que disfrutaría como nadie del tiempo que le ticase. Se vino a España desde Milán, donde había crecido (es un decir) después de nacer en Zurich, y se instaló en Ibiza, donde se convirtió en un personaje tan emblemático como Pocholo en las alocadas noches de la isla pitiusa.

Fiesta hasta el fin

A comienzos de los 90, Oli, como lo conocía todo el mundo, se trasladó a Barcelona, donde comenzó a trabajar en espectáculos de sexo en vivo en la sala Bagdad con el nombre de Holly One. Quien lo haya visto actuar alguna vez difícilmente olvidará números de sexo en vivo como “El consolador humano”, en el que Holly intentaba meter su pequeña cabeza en el cuerpo de una mujer, o “La gorda y el enano”, en el que se apareaba con una señora de más de 120 kilos de peso.

Su aspecto grotesco y su fiabilidad sexual le granjearon un respeto en la sala que dirige Juani de Lucía, hasta el punto de que los principales actores y directores de cine porno de toda Europa no faltaban a su cita con el Bagdad cuando visitaban Barcelona. Iban, entre otras cosas, a ver a Holly.

Su cuarto de hora de fama

Uno de ellos fue Rocco Siffredi, quien le propuso participar en algunas de sus películas más alocadas. Rocco extrajo toda la vena cómica de aquel personaje singular que parecía Baby Hermann, el dibujo animado de ‘¿Quién engañó a Roger Rabbit?’ que representa un adulto en el cuerpo de un niño.

Holly One era eso, en realidad, un tipo diminuto que follaba como un adulto y que, como los grandes del porno, tenía un corazón enorme. Antes de sus aventuras con Rocco, Holly One ya había hecho sus pinitos en el porno español, desde su debut, en 1996, en el filme de Paco López ‘Pequeñito pero matón‘. Sin abandonar nunca el escenario de la sala barcelonesa, Holly se aventuró en el cine X y se convirtió en un personaje simpático y “freak”, con un acentuado sentido del humor, que lo llevó a trabajar con directores de prestigio, como Narcís Bosch o José María Ponce, además de las múltiples y desternillantes colaboraciones con el semental italiano.

Holly disfrutaba de la vida y hacía lo que más le gustaba en el mundo: follar. En una entrevista realizada por el periodista y crítico de cine X Casto Escópico, afirmaba que, de mayor, quería ser “como Rocco Siffredi para poder ganar mucho dinero y follarme a todas las actrices que quiera”. Un anhelo que consiguió sin necesidad de ser nunca mayor.

A comienzos de septiembre de 2006 le llegó su hora. El fatal y agorero diagnóstico que le pronosticaron los médicos cuando tenía diez años se cumplió. Entró en coma después de sufrir diversos problemas en órganos vitales de su cuerpo y falleció el día 8, en Barcelona, a los 41 años de edad. Dos días más tarde, en el tanatorio de Sant Gervasi de la capital catalana, todo el mundo del porno rendía homenaje a este pequeño gran hombre que siempre tuvo una sonrisa y una frase ingeniosa para quien se le acercara a charlar con él.

Casi siete años después de su desaparición, en la sala Bagdad de Barcelona todavía planea el espíritu de aquel tipo diminuto que era capaz de disfrazarse de cualquier cosa para arrancar una sonrisa del espectador. El hombre que mejor combinó el sexo con el humor en el porno español.

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