Historias del porno: Su nombre es Herman

Esta es la historia de una singular amistad. La que unió a una mujer y una serpiente y quedó para la posteridad en una mítica escena que ya ha pasado, por méritos propios, al olimpo del cine para adultos.

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PACO GISBERT | 30/12/2013 - 11:09

A finales de 1972, Shelly Graham trabajaba como ayudante de producción en películas X. No era el mejor empleo para una mujer de 37 años, con tres matrimonios y dos hijos sobre sus espaldas, que había sido bailarina en Broadway unos años antes, pero, al menos, le ayudaba a sobrevivir en su nueva vida de soltera. En el set de uno de los rodajes, Shelly conoció a Marc Stevens, por aquel entonces uno de los actores porno más cotizados del momento gracias a las dimensiones de su miembro viril. Marc y Shelly se hicieron pronto amigos y el actor prometió ayudarla si sabía de nuevos trabajos para ella.

Se busca cocinera

Un día, Marc citó a Shelly en su casa para hablar de un negocio. Se había enterado de que Gerard Damiano buscaba una encargada de catering para su nueva película y Shelly, que cocinaba muy bien, podía ser la encargada de dar de comer a un equipo de 17 personas durante los días que se prolongara el rodaje. Shelly llegó a casa de Marc y se topó con un apartamento decorado como una selva tropical. Plantas gigantes por los rincones y hasta un enorme acuario lleno de extraños peces. “Son pirañas”, le aclaró el actor. Después de ofrecer una cerveza a su huésped, Marc la guió hacia su dormitorio, pero no con la intención de hacer el amor con ella. En aquel dormitorio, Marc tenía, en un enorme acuario, una gran boa brasileña que dormía sobre un lecho de ramas. “Su nombre es Herman”, le dijo a la sorprendida amiga, “¿quieres cogerla?”. Shelly, que ya había tenido contacto con pequeñas serpientes durante su adolescencia en Texas, accedió a sostener aquel espectacular reptil. Poco después, Marc le anunció a Shelly que había concertado una cita entre ella y Gerard Damiano para la mañana siguiente.

Shelly acudió a la cita a las diez de la mañana. Damiano la contrató en pocos minutos como responsable del catering de la película y le pidió un favor: dar las réplicas a un actor llamado John Clemens que había acudido al despacho del director para el casting del filme. La actuación de Shelly impresionó tanto a Damiano que, al acabar de leer su texto, preguntó a su nueva cocinera si quería ser la protagonista de la película que iba a comenzar a rodar. Una película que se llamaría ‘El diablo en la señorita Jones‘.

El reencuentro

Meses después, Shelly Graham se llamaba Georgina Spelvin, la versión femenina del seudónimo común que utilizan los actores de teatro de Nueva York cuando no desean que su nombre real aparezca en los créditos de una obra, y era la protagonista de la película de Damiano. Allí volvió a encontrarse con su amigo Marc Stevens, que acudió al rodaje con su inseparable serpiente, la cual provocó más de un susto entre aquellos componentes del equipo no demasiado familiarizados con los ofidios. Y Georgina se reencontró con Herman. Juntos protagonizaron una de las secuencias míticas de la historia del cine porno, aquella en la que Justine Jones, en pleno aprendizaje sexual, juega con una boa que recorre su cuerpo desnudo sobre una cama. Años después, cuando Georgina Spelvin ha vuelto a ser Shelly Graham y ha superado los 65 años de edad, la actriz reconoce que, de todos sus compañeros de rodaje, Herman es uno de los que mejor recuerdo guarda, que llegó al orgasmo en aquella secuencia y que la lengua de aquella boa sobre su barriga le produjo sensaciones que nunca había experimentado.

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