Historias del porno Jaque al rey negro

La gran asignatura pendiente de la historia del cine para adultos ha sido el sexo interracial. Gisbert repasa la historia de las relaciones entre blancas y negros en el cine X.

Kendra Sunderland y Ana Foxxx
Paco Gisbert | 04/07/2017 - 11:37

Hace 45 años, en 1972, el largometraje ‘Tras la puerta verde‘, escrito y dirigido por los hermanos Mitchell, mostró por primera vez en la pantalla sexo explícito entre una mujer blanca y un hombre negro. A Johnny Keyes y Marilyn Chambers les corresponde el honor de haber sido pioneros del porno interracial, aunque las consecuencias de aquel polvo fueron imprevisibles: Keyes fue arrestado por obscenidad y se libró de la cárcel gracias a la fianza que los Mitchell pagaron por su libertad. Su único delito era haber follado con una mujer blanca.

Pero en 1972, por mucho movimiento en favor de los derechos civiles y mucho “haz el amor y no la guerra” que se gritara en las manifestaciones con aroma a maría, las relaciones entre dos razas distintas no eran moneda común en los Estados Unidos. De hecho, la propia industria, entonces todavía en pañales, marcó bien pronto las fronteras raciales al establecer un tipo de porno “para blancos” y otro “para negros“. El primero es el que más conocemos porque fue el que gozó de mayor popularidad; el segundo, desconocido para el gran público, nos ha dejado películas muy interesantes, caso de ‘Lialeh‘ (1973), un filme con todos los ingredientes de la blaxplotation, pero con sexo explícito, y con una banda sonora inolvidable, compuesta por Bernard Purdie.

Un mundo de blancos

Las cosas no cambiaron mucho en los 10 años siguientes, en los que difícilmente encontramos sexo entre blancas y negros en la edad de oro del porno norteamericano. En 1983, algunas productoras comenzaron a realizar películas X con actores negros, pero destinadas a un público mayoritariamente blanco. La iniciativa fue un fracaso porque, como señalaba Bill Margold, director de ‘Hot Chocolate‘, una cinta de dicha tendencia, “cuando meto negros en mis vídeos, estoy proyectando mis fantasías, no las de ellos”. Y, al final, el consumidor de porno, al menos en aquellos años, era el hombre blanco.

Pero aquel intento de normalizar racialmente el porno tuvo algunas consecuencias, porque, unos años después, los actores de color comenzaron a introducirse lentamente en el ‘mainstream‘, es decir, el porno de los blancos. El caso más significativo fue el de Sean Michaels, nativo de Brooklyn que llegó a Los Ángeles en 1989 con un cuerpo y una presencia dignos de un supermodelo masculino.

Muy pronto, Michaels logró una importante notoriedad en la industria, pero también se topó con la negativa de muchas actrices de primer nivel a trabajar con él. El periodista e historiador del porno Luke Ford facilita una lista de actrices que, por contrato, se negaron a trabajar con actores negros que incluye a Julia Ann, Jenna Jameson, Hyapatia Lee, Traci Lords, Ginger Lynn, Barbara Dare, Savannah, Samantha Strong y Tori Welles. A esto hay que añadir el rechazo que producía en el público ver una escena sexual entre un negro y una blanca, cosa que provocó, por ejemplo, que algunas de las secuencias sexuales que filmó Michaels como protagonista  fueran sustituidas en el montaje final por otras en las que los que follaban eran un blanco y una blanca.

Durante años, Michaels decidió no realizar escenas de sexo con actrices negras, como una forma de protestar contra la discriminación racial de la industria y dar visibilidad a la normalidad que él propugnaba.

La etiqueta del interracial

La desaparición del DVD como instrumento hegemónico de distribución y su sustitución por los portales de internet llevó a una mayor fragmentación del porno, entre otras consecuencias. Las películas han sido reemplazadas por las escenas, como unidad en torno a la cual gira la producción, y la etiqueta “interracial” es una más dentro del inmenso catálogo de especialidades sexuales a disposición del espectador.

Esa especialización evitó a las actrices pronunciarse sobre su disposición a trabajar con actores negros, a los que podían esquivar de la misma manera que pueden evitar escenas de BDSM, con sexo anal o lluvia dorada. Sin embargo, eso no fue obstáculo para que algunas actrices hicieran pública su postura contra el sexo interracial, caso de Alexis Texas, quien declaró que su negativa a compartir sudores con negros no se debía a un tema de racismo, sino a “cuestiones de mercado”.

En los últimos años, la irrupción de productores como Jules Jordan y, sobre todo, de series como Blacked o BlackX ha cambiado notablemente el panorama del porno interracial en los Estados Unidos. Pero eso ya lo explicó mucho mejor que yo Javier Blánquez en estas mismas páginas

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