Historias del porno: La actriz del seudónimo equivocado

Aunque para mucha gente el nombre de Samantha Fox evoca a una pésima cantante británica con espectaculares pechos naturales, hubo una actriz X clásica con ese mismo nombre. Paco Gisbert nos cuenta su historia.

Samantha Fox
Paco Gisbert | 09/07/2013 - 12:24

Salvo unas pocas excepciones (Ron Jeremy, John Leslie o Janine Lindemulder, como ejemplos más significativos), las estrellas de la industria de entretenimiento para adultos se refugian, en su faceta pública, en seudónimos que acaban devorando su nombre real. Elegir un seudónimo para trabajar en el porno no es tarea fácil, pues, en ocasiones, puede influir, para bien o para mal, en la trayectoria profesional de la persona que lo lleva.

Stasia Micula eligió el nombre de Samantha Fox para labrarse una carrera como actriz X cuando decidió hacerse rica y famosa con 25 años, en 1977. Hasta entonces, había vivido intensamente la vida nocturna de su Nueva York natal, en la mítica discoteca Studio 54 y en la legendaria Pete’s Tavern, había sido adicta a las drogas y había ejercido ocasionalmente de prostituta. Eligió ese nombre porque le pareció lo suficientemente comercial para pasar a la posteridad, mucho antes de que una cantante británica de mareantes pechos naturales y pésimas dotes artísticas se lo apropiara, cuando Micula ya se había retirado del porno. Desgraciadamente para ella, para quienes han superado los 30 años de edad, el nombre de Samantha Fox no está relacionado con el porno, sino con la tetuda artista inglesa, pasto de la página 3 del diario sensacionalista The Sun.

La otra Samantha

Sin embargo, la verdadera Samantha Fox fue una actriz mítica de la edad de oro del porno norteamericano, tanto por su descaro dentro y fuera de los platós (reconoce haber ejercido voluntariamente como “fluffer” en los rodajes), como por sus posiciones críticas con la floreciente industria pornográfica. Animada por su marido, un dentista que la empujaría a la vida licenciosa, comenzó a posar desnuda para publicaciones eróticas para, por una cuestión meramente económica, pasar a actuar en películas X en 1977, el mismo año en que se divorció del odontólogo. Durante los siguientes siete años, Samantha Fox fue una de las grandes estrellas del género, la favorita del director Chuck Vincent, una actriz especialmente dotada para los papeles cómicos y una mujer desbordante de sexualidad en la pantalla. Su presencia en algunas de las cintas míticas de la edad de oro del porno norteamericano, como “Babylon Pink” (Henri Pachard, 1979), “Amanda de noche” (Robert McCallum, 1980) o Roommates (Chuck Vincent, 1982) dan fe de la extraordinaria importancia de Fox durante los años más brillantes de la historia del cine X.

El amor de su vida

Eso no le bastó para permanecer en la memoria de los aficionados al cine X, pero sí para encontrar al hombre de su vida. Poco después de ingresar en el mundo del porno, se enamoró del también actor Bobby Astyr, con el que mantuvo una de las relaciones más duraderas entre actores X. Retirada del porno en 1984, Stasia Micula se convirtió al cristianismo y siguió compartiendo su vida, en la más estricta monogamia, con Astyr, hasta que un cáncer se lo llevó en 2002. Desde entonces, la actriz del seudónimo equivocado vive en Nueva York, completamente alejada de la industria que la vio triunfar, aunque ahora la haya olvidado, y trabajando en el mundo de la publicidad.

Samantha Fox

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