Esto pasa La magia conoce el dolor

El sábado pasado se representó en Barcelona ‘Miedo’, en una versión diferente a la que vimos en la noche de Halloween. Estuvimos en ese acontecimiento, que volverá a repetirse en junio, y, para celebrarlo, rescatamos el reportaje que dedicamos a Luis Pardo y Mistress Minerva en nuestro número de febrero.

Mistress Minerva y Luis Pardo
PACO GISBERT. Fotos: MIQUEL BENÍTEZ | 29/02/2016 - 9:42

“A nosotros nos presentó el diablo”, suelta Luis Pardo, sin dejar claro si habla en serio o en broma, antes de explicarlo bien: “Yo estaba haciendo mi espectáculo ‘Cuando el diablo piensa’ y había un personaje, Dani el Rojo, que hacía de diablo; ella lo conocía y un día vinieron a ver juntos el espectáculo. Así que él me la presentó”.

Y fue la simpatía por el diablo la que acabó por unir a Luis Pardo (Barcelona, 1974), una persona que desde los seis años de edad se sintió atraída por el mundo de la magia y el mentalismo, y Mistress Minerva (Tarragona, 1977), dómina profesional desde hace nueve años.

Ambos unieron sus vidas y sus destinos profesionales hace dos años, cuando el mentalismo de uno y las artes del BDSM de la otra confluyeron para crear un tipo de show completamente diferente a lo que estamos acostumbrados a ver. “A mí me gustaba la estética BDSM, pero desconocía ese mundo por completo”, cuenta Luis, quien sí reconoce que algunos de los tatuajes que decoran su cuerpo se basan en imaginería fetichista.

“Nunca había visto un espectáculo de mentalismo, pero sabía que él trabajaba en el lado oscuro de la magia”, replica Minerva, que no se refiere con su frase a ninguna de las películas de ‘Star Wars’ ni a nada relacionado con el sexo anal, sino a una manera de hacer las cosas poco convencional. Minerva reconoce que sentía curiosidad por la hipnosis, la esencia de ‘Hipnos’, uno de los espectáculos que ha realizado Pardo a lo largo de su carrera, desde que “un sumiso me preguntó hace años si hacía sado hipnótico y su curiosidad me llamó la atención”.

Aquel encuentro diabólico se convirtió, al poco tiempo, en una relación sentimental y, más tarde, en una pareja profesional surgida, como casi todas las cosas en este mundo, de la casualidad. “Debutamos en la gala de los Premios Galaxy en 2013, cuando Conrad Son nos propuso hacer algo juntos y se nos ocurrió unir el escapismo con el BDSM”, dice Pardo, quien desvela que estuvo a punto de morir asfixiado durante ese número, cuando debía desprenderse de una bolsa en la cabeza que le impedía respirar. “Pero no pasó nada”, ríe Minerva.

Luis Pardo y Mistress Minerva

 

En unos Galaxy muy lejanos…

El debut ‘galáctico’ que pudo acabar en tragedia fue el germen de su colaboración, materializada un año después en ‘Paranoid’. Un espectáculo singular en el que iban un paso más del dolor físico que habían apuntado en shows previos, relacionado con el faquirismo, para concebir “algo mucho más teatral, que enganche al espectador a la historia que quería contar”, dice Minerva. “Una oportunidad de experimentar”, apostilla Pardo.

Mistress Minerva comenzó en el terreno del BDSM haciendo shows en festivales eróticos, por lo que trasladar los rituales sadomasoquistas a un escenario no le viene de nuevas. “Es teatralizar el BDSM y mezclarlo con lo suyo”. Tanto que la dómina recita, sin pensarlo demasiado, un catálogo de prácticas propias de su especialidad que estaban presentes en la obra: “Spanking, cera, descargas electricas y asfixia”. A esta exhaustiva relación de puteos varios, hay que añadir el paseo que Pardo se marca, descalzo, sobre un reguero de cristales punzantes, en plan faquir insensible al dolor.

Ese camino por el lado más vidrioso del escenario es un ejemplo de que conocer a Minerva le ha dado a Luis Pardo una herramienta para explorar a conciencia un mundo que le fascinaba. “Descubres una manera de jugar como adultos, de practicar sexo sin ser explícito o de dominar tu mente. Yo tenía fobia a las agujas y, por ejemplo, hace poco, en mi 40 cumpleaños, me clavaron 40 agujas con 40 velas en el cuerpo. Es muy psicológico y, por ello, tiene que ver con mi mundo”, explica el psicomago. “Es un ejercicio de superación”, remata la dómina.

Luis Pardo, Mistress Minerva y MJ

 

El miedo como espectáculo

La noche de Halloween del año pasado, Luis y Minerva dieron un paso más en su integración de los dos mundos que han frecuentado por separado con ‘Miedo’. “Es un espectáculo en el que hablamos de los principales temores que tiene el ser humano, de cómo afrontarlos y cómo superarlos”, explica Pardo, “aunque con una mirada mucho más impregnada de BDSM que ‘Paranoid”.

Para ilustrarlo, Luis y Minerva explican, con la pasión de quien cuenta algo que le atrapa, uno de los números del show: “Le cosemos la boca a una chica [MJ, la mujer que aparece con ellos en las fotos de esta sesión], luego le cosemos las manos, ella se pone de rodillas y recibe latigazos con un ramo de rosas con espinas”.

Contada así, la escena parece propia de una película de terror con aspiraciones de hacer ruido en las redes sociales. “Pero es cómo lo vendes y cómo explicas la historia, cómo la relaciono con el miedo al diablo, lo que la hace hermosa y cruel a la vez”, se entusiasma Pardo. “De hecho, ella no sufre, porque es masoquista, e incluso llega a llorar por la emoción de verse en una situación así”, completa Minerva.

En este punto, con la imagen de una mujer con la boca y las manos cosidas mientras llora de emoción por recibir latigazos bien presente, llega la contradicción de si el público está preparado para asumir la deriva profesional de Pardo, alguien a quien hemos visto en televisión adivinando cifras, leyendo mentes o hipnotizando gente.

“No es agradable para cierto público, aunque la gente que viene a verme habitualmente ya ha visto cosas fuertes en mis espectáculos”, se defiende Luis, quien recuerda que lleva años jugando a la ruleta rusa con un revólver en el escenario. “La finalidad del artista es remover conciencias, que la gente salga del teatro tocada y se pase dos días dándole vueltas a la cabeza”, opina Minerva, quien cree que llevar al límite al espectador agita el ánimo.

Y esa es una de las razones por las que Pardo se dedica a esta especialidad del ilusionismo: “El mentalismo conserva la verdadera esencia de la magia. Hace 150 años, cuando un mago convencional hacía aparecer una paloma, al menos parte de su público creía realmente que acababa de crear vida de la nada. Hoy no pasa eso, todo el mundo sabe que hay truco”. Aceptar ese juego, transitar por la breve frontera entre el truco y la realidad, es el reto que afronta el espectador, pues, como dice el propio Luis Pardo, “todo puede fallar, y el público lo sabe”

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