Historias del porno Las reglas del juego

Esta semana, Gisbert incide en la noticia más importante de los últimos días en el mundo del porno, la trágica muerte de August Ames, y reflexiona sobre la influencia de las redes sociales en el triple X moderno.

August Ames
PACO GISBERT | 11/12/2017 - 11:30

El pasado 3 de diciembre, la actriz X August Ames publicó un tuit en el que pedía a las productoras que no la contrataran si tenía que rodar una escena de sexo con un actor que previamente había participado en una producción de temática gay.

En la gallera sin reglas en que se han convertido las redes sociales se alzaron miles de voces que tachaban a la actriz canadiense de homófoba y enemiga de la causa homosexual, la mayoría de ellos escritos por gente que no tiene ni idea de cómo funciona la industria de entretenimiento para adultos.

También había comentarios de apoyo a Ames por parte de compañeras de profesión, como Eva Lovia o Noelle Easton, que recordaban que, en el porno, las reglas del juego las marcan las actrices y cada una de ellas es libre de practicar el sexo con quien quiera.

De hecho, a lo largo de la historia del cine X, hay numerosos casos de artistas eróticas que se han negado a compartir fluidos con actores de raza negra, entre ellas estrellas tan notorias como Ginger Lynn, Traci Lords, Savannah o Tori Welles, y esa es una de las razones por las que Greg Lansky ideó la marca ‘Blacked‘, con la que tentaba a figuras de talla mundial para que compartieran escena con un compañero de trabajo negro a cambio de un caché superior al habitual.

Y nadie está obligado a hacerlo, de la misma manera que ninguna actriz se ve obligada a realizar determinadas prácticas sexuales, estén o no bien pagadas, si no lo desea. Son las reglas del juego de la industria.

August Ames

Dos días y cientos de insultos después de aquel tuit, Ames publicaba otro en el que mandaba a la mierda a todos los que la estuvieran leyendo con un sucinto “Fuck y’all“. Unas horas después salía a dar una vuelta por el Camarillo Grove Park, un parque público cercano a su casa, en Ventura (California), y allí se colgó de una cuerda hasta morir ahorcada.

Actriz porno por curiosidad

August Ames había nacido en Antigonish, un pequeño pueblo del estado canadiense de Nueva Escocia, con el nombre de Mercedes Grabowski. En una población de menos de 5.000 habitantes, el temperamento rebelde de August no cuadraba demasiado y ella, decididamente bisexual, con ilimitadas ganas de divertirse y una mente liberal, soñaba con marchar algún día a California para triunfar como modelo.

Antes de poner en marcha sus planes, trabajó en múltiples profesiones, desde camarera hasta zooterapeuta, cuidadora de niños o instructora de yoga. La curiosidad la llevó, con 19 años, a escudriñar diversas páginas de productoras de San Fernando Valley y ofrecerse “para ganar unos pavos extra” como actriz en una escena X, nunca con el propósito de que el porno se convirtiera en su profesión, según confesó seis meses después de aterrizar en la industria. En noviembre de 2013 debutó en una escena para la película ‘Selfies‘, producida por Wicked Pictures.

August Ames

En cuatro años, la bella canadiense de ojos marrones y pechos naturales se convirtió en una de las estrellas top del porno americano. Un año después de su primera película, fue nominada a cuatro premios AVN, de los cuales ganó el de debutante más caliente en la votación de los lectores de la revista, y en 2016 ya fue elegida entre las 10 actrices que optan al galardón más importante del triple X: ‘Female Performer of the Year‘, algo que repetiría durante las tres siguientes ediciones de los premios, incluida la de 2018, que se celebrará a finales de enero en Las Vegas.

Desde el suicidio de Savannah, hace 23 años, el mundo del porno no había visto cómo una de sus estrellas se quitaba la vida en la cumbre de su carrera.

 

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