Historias del porno Los crímenes de Wonderland

Gisbert reconstruye uno de los más sórdidos capítulos de la brografía del actor porno John Holmes: el día en que se vio involucrado en un violento ajuste de cuentas entre bandas de narcotraficantes y ladrones de Los Angeles.

John Holmes  y Marilyn Chambers
Paco Gisbert | 11/01/2017 - 9:30

A comienzos de 1980, John Holmes se habría encontrado en la cima de su carrera si no hubiese sido porque, en realidad, era un adicto a la base de cocaína. Allá donde iba llevaba consigo un gran maletín de aluminio que contenía la parafernalia precisa para drogarse: butano, propano, pipas y boquillas, además de una onza de base, la droga más cara que había en el mercado, en aquellos tiempos a 1.000 dólares el gramo. Su ritmo de vida era tal que desarrolló actitudes cleptómanas. Robaba a sus propios amigos para poder costearse un vicio que no solo estaba acabando con sus finanzas, sino también con su salud.

Como compulsivo consumidor de drogas, Holmes conocía a gran parte de los camellos de la ciudad de Los Angeles. Y el más poderoso de todos, el dealer por excelencia de la ciudad, se llamaba Eddie Nash. Nash había sido, una década atrás, propietario de una decena de locales nocturnos en Hollywood, que gestionaba con maneras de mafioso. Por mediación de Chris Cox, dueño de un club nocturno que pasó de competidor de Nash a amigo íntimo del dealer a quien todo el mundo conocía como ‘El padrino’, John Holmes entró en contacto con Eddie.

Su encuentro fue un ejemplo de amistad-flechazo: Nash ponía las drogas y Holmes, el glamur de una estrella famosa en toda California a quien las mujeres que siempre rodeaban al narcotraficante estaban deseosas de tocar. Se hicieron prácticamente inseparables. John Holmes pasaba días enteros en casa de Eddie Nash, en Dona Lola Drive, mientras su novia, Dawn Schiller, esperaba durante horas en la puerta de su casa, sentada en un coche, con drogas y refrescos como único entretenimiento, o, cuando el actor no tenía dinero, entraba en la casa para retozar al lado de El padrino a cambio de una onza de cocaína.

 

Amistades peligrosas

De la turbia amistad entre el actor y su camello salió un negocio que resultaría fatal para ambos. En Hollywood, en un piso de la avenida Wonderland, operaba una banda de traficantes que, además de vender drogas, se dedicaba a robar a otros camellos para poder pagar su adicción a la heroína. Eddie Nash, un buen aficionado a las armas de fuego antiguas, propuso a John acercarse al piso de Wonderland para intercambiar dos pistolas de anticuario valoradas en 25.000 dólares a cambio del equivalente a 1.000 dólares de heroína.

John Holmes

 

Las pistolas eran el botín de un robo perpetrado semanas antes por la banda de Wonderland en una casa del barrio. Holmes hizo de intermediario en el trueque y cambió las pistolas por droga. Si los de Wonderland querían recuperarlas, solo tenían que pagar 1.000 dólares a Nash, algo que nunca sucedió. Cada vez que reunían la cantidad estipulada, se la fundían en más heroína, comprada a otro proveedor.

Semanas después, la banda de Wonderland, que quería recuperar las pistolas, ideó un plan para volver a tenerlas: entrarían a robar en casa de Eddie Nash. Pero necesitaban a alguien que les indicara en qué lugares de la enorme mansión que poseía Nash estaban escondidas las drogas, las joyas y las armas, aquello que realmente les interesaba para saldar lo que ellos creían que era su deuda.

Necesitaban a John Holmes. El actor accedió a colaborar y dio pistas sobre la configuración de la casa, la ubicación de la caja fuerte y el lugar en el que podían encontrarse con algún guardaespaldas de Nash. Además, dada la amistad que unía a John con Eddie, el plan se completaría con una ayuda más del actor: iría a comprar drogas a casa de Nash y dejaría abierta una puerta corredera de cristal para que la banda de Wonderland pudiera entrar tranquilamente en la casa del narcotraficante.

 

Condenado al desastre

El 29 de junio de 1981, cuatro hombres armados de la banda de Wonderland salieron en dirección a la casa de Eddie Nash con la intención de desvalijarla. Al entrar en la casa, Ron Lanius, Billy Deverell y David Lind vieron que, tal y como habían quedado con John, la puerta corredera de cristal estaba abierta. No les fue difícil acceder al dormitorio de invitados y, desde allí, al resto de la casa.

Tampoco les fue difícil reducir a Gregory Diles, uno de los guardaespaldas de Nash, ni al dueño de la casa, que les facilitó la combinación de la caja fuerte en la que guardaba casi un cuarto de kilo de cocaína. Gracias a las indicaciones de Holmes, los tres asaltantes encontraron la heroína, las joyas y el dinero. Cuando lo recogieron todo, salieron a la calle, donde Tracy McCourt los esperaba en el coche con el que se dieron a la fuga.

Los ladrones se repartieron el botín a razón del 25 % para cada uno; Tracy y John se repartieron el 25 % restante. Holmes, en compañía de su novia, se marchó a celebrarlo a un motel cercano, donde ambos pasaron el día colocándose con lo que le correspondía en especie de la rapiña, pero, al salir a una oficina de contestador automático de Santa Monica Boulevard para chequear sus mensajes, coincidió con Gregory Diles, que lo llevó a casa de Eddie Nash. Como era de suponer, El padrino no estaba muy contento por lo sucedido y, después de torturar al actor durante 14 horas, lo obligó a llevarlo al piso de la avenida Wonderland. La venganza sería terrible.

 

Carnicería en Los Ángeles

La mañana del 1 de julio de 1981, John Holmes llamó al portal del número 8763 de la avenida de Wonderland.

Al verlo en el zaguán, los ocupantes de la casa le abrieron sin preocuparse de que, tras él, estaban Gregory Diles y Eddie Nash. Los tres subieron las escaleras hasta llegar al piso. Cuando abrieron la puerta, comenzó la carnicería. Diles y Nash encañonaron a las cinco personas que había entonces en la casa, mientras John Holmes, impasible, contemplaba lo que allí dentro sucedía.

Pese a llevar armas, los asesinos mataron a golpes a Barbara Richardson, Ron Lanius, Billy Deverell y Joy Millar, y creyeron asesinar de la misma manera a Susan Lanius, la mujer de Ron, quien sobreviviría milagrosamente al horrible crimen. Cuando pensaron que habían acabado con la vida de todos los que allí estaban, saquearon la casa. Después se marcharon dejando a John en el lugar de los hechos. Holmes, manchado de sangre, volvió a pie a recoger su coche de donde lo tenía estacionado.

La policía descubrió los cinco cuerpos, cuatro de ellos sin vida, gracias a una llamada de los paramédicos del cuerpo de bomberos de Los Ángeles, que llegaron al piso de la avenida Wonderland alrededor de las cuatro de la tarde de aquel día. El panorama era desolador. Cinco cuerpos yacían repartidos por diversos lugares de una casa que estaba llena de sangre por todas partes. Al analizar los cuerpos, descubrieron que Susan Launius estaba aún con vida, pese a que sufría diversas lesiones en el cráneo y le habían amputado un dedo, por lo que decidieron llevarla al hospital Cedars-Sinaí.

Muy pronto, los detectives de la policía de Los Ángeles relacionaron a John Holmes con el asesinato. El actor, que había sido durante un par de años confidente de la policía, era objeto de seguimiento por parte de los agentes, que conocían sus relaciones con la banda de Wonderland y con Eddie Nash. No les fue difícil encontrarlo, en el motel donde se alojaba con su novia.

 

Un escándalo mediático

La policía no estaba demasiado segura de que John Holmes estuviera implicado en los asesinatos de la avenida Wonderland, pero estaba convencida de una cosa: John tenía información útil. De manera que intentó que Holmes confesara. Y lo hizo convirtiéndolo en testigo protegido, plegándose a sus caprichos (un fin de semana en un hotel de lujo en compañía de su novia, Dawn Schiller, y su primera mujer, Sharon Holmes) y obteniendo, por fin, parte de la información que precisaba. Las versiones sobre lo que confesó John Holmes son contradictorias, pero los agentes encargados del caso llegaron a la conclusión de que el actor no era de fiar. Tras ponerlo en libertad, Holmes salió huyendo en compañía de su novia.

John Holmes y Dawn Schiller atravesaron los Estados Unidos, tras una breve parada en Las Vegas y otra en Montana, en casa de una de las hermanas del actor, hasta llegar a Florida, donde comenzaron una nueva vida. Cambiaron sus nombres y el actor porno se convirtió en albañil, mientras obligaba a su novia a prostituirse para llegar a final de mes. Sin embargo, la policía, en ese tiempo, encontró evidencias de la implicación de John Holmes en los crímenes y, gracias al hermano de su novia, consiguió localizarlo en un hotel de Miami Beach.

Trasladado a Los Ángeles, John Holmes fue encausado como sospechoso de haber participado en el asesinato de cuatro personas en la avenida Wonderland el 1 de julio de 1981. En el juicio, que se celebró entre abril y mayo de 1982, el fiscal del distrito Ron Coen intentó probar que Holmes había actuado como cómplice de los crímenes, mientras que los abogados del actor, Earl Hanson y Mitchell Egers, presentaron a John como una víctima más de la matanza, como alguien que había sido obligado a acompañar a los asesinos al lugar de los hechos a punta de pistola.

El 25 de junio de aquel año, el tribunal absolvió a John Holmes de los cargos que se le imputaban, aunque lo condenó por dos faltas menores: un pequeño hurto y desacato al tribunal por no haber respondido a las preguntas del jurado acerca de los asesinatos. En total, pasó 111 días en la cárcel, de la que salió libre el 22 de noviembre de 1982 dispuesto a llevar una nueva vida.

 

El crepúsculo de un dios

Así fue. John Holmes volvió a su Ohio natal durante un tiempo para regresar a California unos meses más tarde y retomar su carrera en el porno, después de someterse a una cura de desintoxicación. A comienzos de 1983 conoció a la actriz Misty Dawn, con la que se casó un año después. El 13 de marzo de 1988 moriría, víctima del SIDA, en un hospital de Los Ángeles.

Solo dos años después de la muerte de John Holmes, un tribunal del estado de California encausó a Eddie Nash y Gregory Diles como autores de los asesinatos de la avenida Wonderland. Gracias al testimonio de Scott Thorson, el novio de un famoso pianista de Hollywood que se encontraba en la casa de Nash en el momento en el que Diles llevó a Holmes para que identificara a sus asaltantes, el jurado los consideró culpables, aunque sólo 11 de sus miembros lo creían y uno votó en contra.

Como la ley norteamericana exige que el veredicto popular sea unánime, el juicio hubo de repetirse un año después, en 1991. En el segundo juicio, el jurado absolvió a ambos. Diles murió en 1995 y Nash, que pasó año y medio en la cárcel entre 2001 y 2003 por un delito de tráfico de drogas, vive actualmente en Los Ángeles.

John Holmes

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