Historias del porno: los frescos del pueblo

Paco Gisbert estrena un rincón en nuestra web en el que nos hablará de la historia oculta del porno y el erotismo. Hoy nos habla del éxito contra todo pronóstico de los Rizzo, una pareja de pornófilos de la Italia profundo.

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04/12/2012 - 14:05

Fabriano es una pequeña ciudad, o un pueblo grande, de la provincia de Ancona, en el centro de Italia. En Fabriano estaba el cine Astra, una sala con pocos espectadores que sobrevivía exhibiendo películas pornográficas, la mayoría de ellas producidas en Italia, y que cambiaba su programación semanalmente.

En 1991, el cine Astra programó ‘Giochi bestiali in famiglia’, un filme de Mario Bianchi protagonizado por Roberto Malone y Baby Pozzi en el que los propietarios de la sala tenían puestas pocas esperanzas de hacer taquilla. Al fin y al cabo, Baby Pozzi no era su hermana Moana y el resto de las protagonistas femeninas, Eva Orlowsky y Miss Pommodoro, estaban muy vistas en el local, dada su prolífica carrera en el porno transalpino de aquellos años.

Neorrealismo en pelotas

Los pocos espectadores que acudieron a ver aquella película en su primer día de proyección se encontraron con algo diferente a lo habitual. Escondidos en papeles secundarios, participaban en el filme Giancarlo Fioriani y Eugenia Valentini, dos habitantes de Fabriani.

En un pueblo de poco más de 30.000 habitantes, situado lejos de las grandes ciudades italianas, todo el mundo se conoce y Giancarlo y Eugenia tenían fama de ser los artistas locales. Eugenia había hecho sus pinitos como cantante y, cuando se casó con Giancarlo, éste se convirtió en su mánager. Pero nadie imaginaba que aquella pareja que intentaba abrirse camino en el mundo de la música fuera a aparecer en una película porno.

Aquella semana, en el mercado, en los comercios y en las tertulias de los bares no se hablaba de otra cosa: Giancarlo y Eugenia salían en el porno que proyectaba el Astra. El pueblo entero corrió a ver la película, que se convirtió rápidamente en el mayor éxito de taquilla de la historia del Cine Astra. Todos confirmaron que la pareja de actores era la misma que podían ver paseando por las calles de Fabriano cualquier tarde.

Una pareja con antecedentes

La historia había comenzado dos años antes, en junio de 1989, cuando Giancarlo y Eugenia se casaron. Durante el viaje de novios por Alemania, Giancarlo descubrió la extraña vocación exhibicionista de su esposa. Ella quería hacer una película porno e insistió en que su marido la acompañara a una prueba. Fue solo el principio de una carrera en el cine X que convirtió a aquel matrimonio en la pareja más famosa del porno italiano.

Se hicieron llamar Jessica Rizzo y Marco Toto. Con esos nombres comenzó su fulgurante carrera hacia la fama. Fueron invitados a programas de televisión, salieron en reportajes en los principales diarios del país y se erigieron, en sólo un par de años, en iconos del sexo para toda Italia. Al fin y al cabo, eran una pareja común, como millones de las que hay por todo el territorio italiano, que hacía porno. El sueño del italiano de clase media.

En Fabriano el morbo creció tras descubrir a sus conciudadanos en ‘Giochi bestiali in famiglia’ y la pareja decidió trasladarse a Roma, lejos de las miradas, entre inquisitivas y curiosas, de sus paisanos. Eran “los frescos del pueblo” y todo el mundo lo sabía. Y, en Roma, les llegó la oportunidad de su vida. Marcharse a América, hacer el mismo camino que cientos de compatriotas habían recorrido en las décadas anteriores en busca de fortuna. Lo mismo que buscaban Jessica Rizzo y Mario Toto en el porno americano.

Porno con final feliz

Y lo consiguieron. Gerard Damiano los escogió para participar en dos películas dirigidas por él, ‘Eccitazione fatale’ y ‘Momenti duri’. Jessica ganó, gracias a esta última, un AVN Award en los Oscar del porno.

En los 15 años siguientes, Jessica Rizzo y Mario Toto han seguido haciendo películas eróticas. Ella como actriz y él como actor y director. Siguen en activo y, de vez en cuando, visitan Fabriano, el pueblo que les vio nacer y en el que son unas celebridades, aunque algunos de sus habitantes sigan pensando que solo son “los frescos del pueblo”.

 

 

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