El sexo de Lucía Los polis, oscuro objeto de deseo

Como buena fetichista de los uniformes, Lucía guarda en su memoria lúbrica algún que otro encuentro caliente con miembros de los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado. Un encuentro en el que los roles se intercambiaron de manera tan inesperada como morbosa.

Los polis
Lucía | 12/09/2016 - 17:04

Poco tiempo después de que llegase el Partido Popular al gobierno de España, cuando empezaban a arreciar las manifestaciones de protesta, a mí me dio por escribir este post, titulado de manera un tanto provocadora, como es habitual en mí.

Mis amigas de izquierda me cubrieron de improperios (sí, la izquierda española, siempre tan tolerante y abierta de miras), escandalizadas al parecer porque yo expresase mi admiración por los cuerpos (no hablé de sus intelectos) de los que ellas consideraban, sin matices, un hatajo de brutos, los represores que zurran en las manifas.

Yo no quise entrar en si zurraban o no a los manifestantes. Personalmente, preferiría que repartiesen flores, pero entiendo que cada uno tiene su papel en la sociedad y, además, una cosa no quita la otra: los anti-disturbios suelen estar muy buenos, punto pelota. Pero ellas parecían instaladas en la lucha de clases, en la retórica izquierda-derecha, y de ahí no pensaban moverse por mucho que los de los cascos y los chalecos anti-balas apelasen a sus entrepiernas.

 

Las verdades del barquero

Todo esto lo cuento para dejar muy claro desde el principio que, en general, soy de las que piensa que los policías están muy buenos. No estoy hablando de si algunas de sus actuaciones me parecen correctas o no, sino de que tienen un físico que quita el hipo, y creo que se puede ser de izquierda y hacer semejante afirmación sin que salga Marx de su tumba, vaya.

Así que, conociendo mis gustos, cuando conocí a aquél policía de la científica no me lo pensé dos veces: si se deja, me lo llevo a la cama. Era simpático, culto (ser poli y culto no es incompatible, divertido, no tenía el típico cuerpo de gimnasio, era más normalito, pero resultaba súper atractivo. Y trabajaba en la científica, labor que me fascinaba así que lo tenía fácil para darme clases magistrales sobre lo que para él resultaba cotidiano.

 

Colisión frontal

Nos vimos un par de veces, y a la segunda vez no hizo falta mucha insinuación: bajando en el ascensor del parking para buscar el coche, me empotró contra la pared del mismo (del coche no, del ascensor) y me pegó un beso que me dejó tiesa. Así me gustan a mí los hombres, seguros de sí mismos, coño: es cierto que podía haber elegido otro lugar para besarme, pero ¡qué demonios!

Esa noche no iba a tener lugar el polvo, nunca hay que dar las cosas por sentado, así que quedamos emplazados para otra ocasión, eso sí, antes de despedirnos nos besamos unas cuantas veces más en el coche y pareció evidente que los dos nos teníamos ganas: el encuentro chica de izquierda y poli no está exento de morbo y ambos lo sabíamos.

Pasó el verano, las vacaciones fueron un intermedio, y retomamos las conversaciones a mediados de agosto. La siguiente vez que nos vimos trajo una botella a casa, que apenas abrimos porque teníamos otras cosas que hacer. Habíamos bromeado sobre si podría traerse unas esposas (las únicas que tengo son las adquiridas en boutiques eróticas y me ponía ver unas de verdad). Como no se cortaba un pelo y le gustaba jugar tanto como a mí, algo me que me ponía sobremanera, se las trajo.

-“Ven, que te las pongo”, me dijo.

-“De eso nada, a ver si te crees que estoy loca y voy a dejar que un poli forzudo me deje en casa con las esposas puestas. Te las pongo yo a ti”, contesté.

Los polis

 

Y se dejó. Me generó tal morbo que se pusiese así en mis manos, todo un señor policía, que se me mojaron las bragas. No llegamos ni a la cama, allí mismo en el sillón, le bajé los pantalones y los calzoncillos y me subí encima para cabalgarle mientras tenía sus brazos inmovilizados.

En estas estábamos cuando de repente me dijo que a lo mejor le podía hasta poner que le diese una hostia mientras le follaba. El simple hecho de oírlo hizo que se me disparara la libido: ya no era solo tener a mi merced a un miembro de los Cuerpos de Seguridad del Estado, secuestrado por mis piernas sino que además ¡quería que probásemos algo de sado!

No se lo esperaba pero, si lo pides, lo tienes: le solté una hostia mientras le seguía cabalgando y acababa de correrme. Poco después se corrió él. Luego, como no soy una malvada, le quité las esposas, estuvimos charlando y escuchando música.

La pena es que no volví a verle, quizás fui demasiado osada dominándole en la cama la primera vez que nuestras pieles se encontraban. Pero chico, si me lo pides, luego no te cagues de miedo. Que eres poli, hombre.

 

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2 Responses to Los polis, oscuro objeto de deseo

  1. atenea dice:

    muy sexys esas policías seguro que la polla se pondría muy dura

  2. JosepPagés i Canaleta de Cardedeu dice:

    Mi fantasia Sexual siempre a sido follar a una mujer Mayor con sus habitos de Monja de clausura como si fuera la madre superiora del convento .Follarla con sus habitos puestos sin ellos no me excitaria nada ..Pero bien pensado follarte a una Mujer Policia tambien es divertido , la cojes la detienes pones las Esposas y con su porra se la metes por el coño y por el culo juegas con ella Con la porra le pegas en el trasero la insultas rompes el bestido y sujetadores y bragas y la follas violas la insultas tiras del pelo ..Pero tambien bestida con la ropa de la Policia con su uniforme sin el es una mujer como todas las demas …..Tambien esta LA DOCTORA LLegas alli cierras pones el pestillo nadie molesta la cojes y follas sobre su mesa de consultas o en la camilla que tienen alli Al terminar sales con mucha mejor salut mas relajado y mejor y la Doctora tambien tendra un buen dia un buen polvo las relaja mucho

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