Mad Men Lab: ¡Ojo con el sex-coacher!

En nuestro observatorio del hombre moderno, con sus vicios y sus virtudes, te presentamos la moda yanqui de los sex-coachers. Puede parecer una idea estupenda, pero tal y como nos cuenta Silvia Cruz, a lo peor es algo así como meter a un peligroso extraño en la cama que compartes con tu pareja.

Así se las gastan los sex coachers
Silvia Cruz | 20/12/2012 - 18:12

Lectores de ‘Primera Línea’, tengo una advertencia que haceros: si estas navidades vuestra chica, esposa o amante os quiere sorprender con una sesión de sex-coaching, debéis estar alerta. Muy alerta.

No os lo toméis como el prólogo de algo morboso, divertido y diferente, no. Ni se os ocurra pensar que a lo mejor estáis a punto de disfrutar de la mejor sesión de sexo imaginable, ni que la tercera persona que aparece por la puerta es el tercero con el que vas a hacer el trío de tu vida. Porque ese, que llega bajo el nombre de sex-coacher, viene a deciros todo lo que haceis mal. Y aunque lo hará con voz melosa y actitud educativa, tened por seguro que os va a dejar en evidencia.

Maldito aguafiestas…

Este tipo de servicios está muy de moda en Estados Unidos, pero ya ha llegado a Reino Unido y de allí a aquí hay un salto. Así que alerta. Porque la figura del sex-coacher ya no corresponde a alguien que escribe un libro de autoayuda o una novela cachonda, ni la del terapeuta que te recibe en su consulta y te aconseja sobre qué hacer con una vida sexual cuando está de capa caída. Lo que mola ahora es el sex-coacher en persona y en directo. Es decir, el que se mete en tu habitación contigo y tu chica y te va guiando sobre la marcha.

Uno de esos gurús es un tal Eric Amaranth, un joven que se mete en tu cama y te va diciendo dónde poner la mano, te da instrucciones, se mete con la manera en la que tocas a tu pareja, critica la presión que ejerces en su cuerpo o considera que tu forma de empujar en el momento clave no es la indicada para conseguir que tu chica llegue a tiempo al paraíso de los orgasmos.

¿Nada nuevo bajo el sol?

No creáis que Eric esconde secretos nunca antes revelados al común de los mortales. De hecho, son de manual de toda la vida: el cuello es una zona erógena increíble, no toquéis los pechos de la chica como si fueran pelotas de rugby (al menos no al principio del encuentro, dice Eric), tened un lubricante a mano, no tengais miedo de probar cosas nuevas, pensad que la comunicación es la clave de todo… ¿No habéis oído esto ya miles de veces? ¿No os ha dicho vuestra chica que no toquéis allá o acá, o que toquéis allá o acá con más esmero? ¿No sabéis interpretar sus caras o sus bostezos?

Eric no es el único que se dedica a esto, pero sí es uno de los más solicitados. Cobra unos 130 euros por hora y por eso no te va a dejar practicar un coito rapidito y cachondón: él quiere y requiere tiempo para que los demás aprendan los secretos que él dice conocer a la perfección. Le va tan bien que ahora ya no solo atiende a parejas americanas, sino que a través del Skype ha conquistado a los británicos. Al menos las parejas de Reino Unido tienen un par de ventajas: no se encuentran manos inoportunas cuando menos se lo esperan y pueden cortar la conexión cuando les convenga.

No me explico cómo los compañeros de cama de las mujeres que lo contratan entran al trapo. Sobre todo, después de que el mismo Eric haya contado en público que ha encontrado pareja varias veces mientras hacía su trabajo, dejando al pobre evaluado solo y con el orgullo por los suelos.

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