Mad Men Lab: bestias (pardas)

Inauguramos Mad Men Lab, el observatorio de Silvia Cruz sobre el universo masculino, con una crepuscular reflexión sobre los cuatro telediarios mal contados que le quedan al porno zoofílico. Lean, lean.

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Silvia Cruz | 04/12/2012 - 16:25

Voy a estrenarme en plan duro. ¿Qué le veis algunos hombres a eso de darle candela a una oveja?

Estos días he leído que Alemania se propone castigar el sexo con animales con multas de hasta 250.000 euros. No comparto algunos de los preceptos de los defensores de los animales, pero que haya en Alemania prostíbulos en los que los clientes se pueden recluir en una suite con cualquier tipo de bestia y pasar una noche loca me parece de un gusto espeluznante. Ni siquiera malo. No, espeluznante.

Hasta el momento, en el país de Angela Merkel esta práctica solo estaba penada si el animal sufría algún daño, pero ahora la idea es, antes de que acabe este 2012, prohibirla en cualquier circunstancia. Lo que tampoco se puede hacer en Alemania es difundir imágenes de humanos practicando sexo con animales. Ojo, que esto tiene miga, teniendo en cuenta que Alemania es uno de los principales productores de cintas porno de esta modalidad, aunque por esta cuestión sufro yo poco, oye, que todos sabemos que la industria audiovisual es trashumante.

¿Nuevos? pastos para el entretenimiento adulto

Y hablando de trashumancia, esto del sexo con animales es más viejo que el hambre y los pastores, pocos ya, saben bien de lo que hablo. En las ‘Mil y una Noches’ y en otros tantos escritos, como textos egipcios o el mismísimo Antiguo Testamento aparece esta práctica: no es nada que haya inventado Internet ni la industria del porno. Y tengo claro que yacer con sus rebaños era una iniciación válida y necesaria en otro tiempo, y un buen desahogo para aquellos hombres solitarios que pasaban meses en el campo, lejos de todo contacto carnal (humano) y a los que la propia mano no les era siempre suficiente.

Pero tú, querido urbanita, o rural-cool, ¿para qué diablos necesitas un bichito peludo que te proporcione placer? Te equivocas si lo que andas buscando es un ente silencioso que calle y sea sumiso; fallas cuando crees que una cabra no protesta. La cabra es cabrona, dura, pateadora. La oveja quizás menos, pero muerde. Como se nota que no sabes lo que es el campo. Y si no me crees, échale un ojo a ‘Zoo’, ese exitazo de la edición del Sundance de 2007 para enterarte de que la bestia, una vez entra en materia, no comprende tus órdenes, ni es complaciente.

He intentado ver una de esas pelis y no he podido. ¿Qué puede resultaros atractivo en semejante espectáculo, machos humanos? ¿El asco? ¿Simple curiosidad? ¿De verdad es excitante?

Me dirijo a vosotros porque ni las hembras humanas ni de otras especies mostramos demasiado interés en ese producto. Y lo de hacerlo realidad, qué queréis os diga, me parece que son ganas de pasar un mal trago. Y no me vale eso de que es “por curiosidad”: nunca he tenido la necesidad de probar la lejía para saber que no me va a gustar.

Es una pena que sobre este tema de las fantasías no haya estadísticas. Con lo que me gusta a mi un número. Y hablando de números, ¿os imagináis un juicio de un caso de bestialismo? “Levántese el acusado y explique los hechos brevemente y con claridad”. Juás. Porque me pregunto yo si el perfil del zoofílico es el de un tipo que se ruboriza o del fresco que le da candela a una vaca, un burro o una mula con la misma alegría con la que lo cuenta. Por cierto, colegas, ¿de estas hazañas sexuales también se farda?

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