Mad Men Lab: el hombre-hombre

Quiero encontrar un hombre de verdad, cantaban Alaska y Dinarama hace ya 25 años. A juzgar por el la popularidad póstuma de hombres de una pieza como Clark Gable, cuyo coche acaba de venderse en subasta por una auténtica fortuna, el mundo sigue buscando.

Clark con Marilyn Monroe en 'Vidas rebeldes'
Silvia Cruz | 15/01/2013 - 11:45

El próximo 19 de enero sale a la venta un Mercedes-Benz 300SL Gullwing Coupe que fue propiedad de Clark Gable. La casa de subastas asegura que se trata de un ejemplar muy valioso, pues solo se fabricaron 1.400 unidades y claro está, porque en él sentó sus posaderas el macho hollywodiense, el hombre-hombre.

El deportivo de dos plazas seguramente albergó también el trasero de más de una diva del cine, si es cierto lo que se cuenta de que Clark las conquistaba y las dejaba con una facilidad supina. Yo sé que la mezcla de hombre-hombre y cuatro ruedas sobre carcasa imponente con marca de lujo incluida debe ser un subidón de testorena para muchos de vosotros. Y más cuando el tipo os cae bien, que viene siendo el caso con el que un día fue el inolvidable Rhett Butler de ‘Lo que el viento se llevó’.

Cosas que a duras penas se entienden

A mí me costaba entender la pasión por las cuatro ruedas que tenéis muchos de vosotros, hombres modernos, hasta que comprendí el valor de llevar puesta una buena ropa. La gente te mira de otra manera. No me hace falta para ser feliz, pero caramba, cómo te miran. Eso no tiene precio. O sí.

Lo que sigo sin entender es la admiración de los hombres por lo que denominan un hombre-hombre. Y en el caso de Clark Gable lo entiendo menos. Nada tengo en contra de su persona, que seguramente distaría poco o mucho, pero distaría, del personaje en el que se convirtió. Ese tipo algo rudo, con la sonrisa diciendo todo el rato, “pero qué tonta eres, querida”, esos pelos en el pecho, esos orejones espantosos, el bigotito rasposo y algo repugnante, ese gesto medio torcido… Pero a los tipos os gusta Clark. Y a muchas mujeres, lo sé. Y no lo entiendo.

Ni siquiera en la variante guapo-sin-discusión me gusta ese tipo de hombre-hombre. Ahora me ganaré varias enemigas entre mis más queridas mujeres, pero tengo que decirlo: no soporto a Sean Connery. Me aburre su estupendez, su pecho de gallo con pelos de lobo, su barba, su calvicie mal llevada y peor tapada, esos dientes que parecen exhalar un perenne mal aliento… No lo comprendo.

El hombre-hombre os gusta a casi todos los hombres, no os molesta. Me encantaría saber por qué.

No conozco tipo que no salte del sillón si se me ocurre decir que Johnny Depp es guapo. O Brad Pitt, o Hugh Jackman. Enseguida salen con un “parece una nena” o un “no tiene personalidad”. Eso cuando no responden con la frase que acaba con toda discusión sobre belleza masculina mantenida con un hombre: “Es gay”.

¿Puede ser que no os molesten los de antes porque os quedan muy lejos? Seguramente. Porque si hago examen de conciencia, a mi misma me molesta bastante menos que mi manso babee con Ava Gardner que ver como se le secan las retinas intentando no perderse ni un movimiento de la explosiva Sofía Vergara, esperando quizás que alguna de las hendiduras de su ropa reviente de una vez por todas y para siempre.

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