Mad Men Lab El último amor de la Saeta Rubia

Ni su gran leyenda futbolística ni su proverbial locuacidad porteña. Lo que más interesa a Silvia Cruz de Alfredo Di Stéfano es su tardía historia de amor con una mujer mucho más joven con la que no le dejaron casarse.

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SILVIA CRUZ | 08/07/2014 - 11:32

Ha muerto Di Stéfano y lo ha hecho sin acabar el Mundial, porque la vida tiene esas cosas raras. No sé si lo estaría viendo, no sé si estaría en condiciones de ponerse ante la tele a sufrir, que es lo que hacen los futboleros de verdad, ni si estaría ya al corriente de lo cerca que está la albiceleste de sus amores a punto de rozar la gloria.

Di Stéfano tiene la suya ganada, así que hoy se puede, sin problemas comentar el final amoroso de un hombre al que no se le permitió acabar los días con su novia. Seguramente todo lo que decía la familia sobre la asistente del ex futbolista fuera verdad, y Gina González, que podía ser casi dos veces su nieta, no tuviera más interés que el de sacarle alguna tajadilla a la ‘Saeta Rubia‘. Si no a él directamente, a algún programa de televisión presto a pagarle por contar algunas intimidades de su novio.

Lo que me llama la atención es lo poco que se innova en las cosas de la cama porque siempre estamos en las mismas: hombres que llegados a una edad no se resisten a caer en las redes de señoras que los halagan, ni siquiera cuando se dan cuenta de todo es un camelo. Y por otro lado, señoras que encuentran en sus encantos o en su juventud la manera más rápida y fácil de ganar un dinero que nunca serían capaces de ganar por otros medios. ¿Moralina? Qué va chicos, la palabra clave es “aburrimiento”.

 

¿No hay edad para el amor?

Me chifla que la gente haga de su capa un sayo y se vaya a la cama o al sofá con quien le plazca, muy ajenos a los comentarios del resto del mundo. Ahora bien, tampoco les debe importar entonces que se retrate la parte de ridículo que siempre acarrea un tópico. Señor muy mayor con posibles del brazo de una joven que dice quererlo mucho. Todos sabemos lo que ambos buscan y lo que a mí me parece más vergonzoso no es que la pareja asuma el ridículo, la pose y la mentira, sino que los familiares siempre salgan a señalar a la supuesta zorra y nunca al manso cordero que es al que le saliva la boca.

Si al señor le gusta, le compensa y le satisface y es capaz de mirar para otro lado. ¿quiénes son ellos para inmiscuirse en ese teatrillo? Y sobre todo, ¿por qué solo se señala el papel de la mujer que viene a por lo que desea? Lo que nos pueda parecer a los demás desde fuera, es lo de menos. Lo de más es que sea un pacto entre adultos en el que los términos estén claros y ambos salgan ganando. Mucha gente lo prefiere al amor. Y estoy segura de que les va mejor que a muchos tórridos amantes.

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