Mad Men Lab: fregar perjudica seriamente tu vida sexual

Si es que hay estudios para todo… El último, uno que parece demostrar que los hombres menos predispuestos a aquello de ‘echar una mano en casa’, los que ni planchan un huevo ni fríen un calcetín, son los que disfrutan después de una vida sexual más satisfactoria con sus parejas. Silvia Cruz reflexiona sobre cómo es posible que incluso esto esté así de mal repartido.

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Silvia Cruz | 12/02/2013 - 10:20

Esta semana he conocido el contenido de uno de esos estudios que tanto me gustan. Habla de vosotros, de nosotras, de cómo nos repartimos las tareas de la casa y de cómo a los hombres que friegan les espera una vida sexual llena de insatisfacciones.

Quizás esté exagerando un poco, pero os aseguro que no es broma. Según un estudio de la ‘American Sociological Review’, las parejas que se reparten de manera equitativa las tareas domésticas tienen una vida sexual menos gratificante que la de las que siguen con la división de tareas que heredamos de nuestros abuelos.

Es decir, que si ella limpia, cocina y arregla a los críos y él corta el césped (perdón por la americanada, es un ejemplo del estudio), limpia el coche y se encarga de las facturas, los encuentros sexuales de esa pareja pueden rozar la perfección. Si por el contrario el hombre decide cocinar y es ella la que se encarga de dejar el ‘buga niquelao’, la satisfacción sexual de esos tortolitos corre el riesgo de caer en picado.

Lo que hay que ver

El estudio se ha realizado con una muestra de 4.500 parejas heterosexuales y otro de los aspectos que analiza es cómo las mujeres se han ido involucrando en las “cosas de hombres” y viceversa. Y como era de esperar, salís ganando. Pues mientras que las féminas se han puesto a  aprender y controlan el funcionamiento de sus coches o no necesitan del marido para llevar al días las facturas, vosotros seguís en vuestro rol masculino, centrados en ejecutar solo aquellas tareas que no os quiten ni un ápice de masculinidad.

A las autoras les ha sorprendido la relación tan directa que existe todavía entre la división de tareas y la satisfacción o insatisfacción sexual de una pareja.  A mi no me parece tan raro: me resulta tan anti-erótico ver a un hombre tender la ropa, como ver a una mujer o hacerlo yo misma. No me veo gozando como una loca ni poniéndome a tono mientras acabo de meter un pollo en el horno o de pasarle el desengrasante a la encimera. Que no, que no tiene ni piza de atractivo lo de darle a la bayeta.

En cuanto a los resultados del estudio, habrá señores que esté pensando que la solución es fácil: dejo de hacer la tortilla y de cambiar pañales y mi entrepierna me lo agradecerá. Incluso habrá mujeres que consideren que es mejor tener buen sexo que la cocina limpia, pero no parece que la solución sea tan automática.

Una de las sociólogas que ha elaborado este informe, Julie Brines, advierte de que aquellos hombres que consideren que esto es así de fácil deberían tener presente que el mal rollo que generan al no encargarse de su hogar como corresponde no contribuye en absoluto a aumentar la satisfacción sexual de la pareja. Ella no lo dice así, pero vamos, es fácil imaginar que una discusión en la que se dirime quién ha de fregar el váter no le deja a una el cuerpo para nada.

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