Mad Men Lab: No más días de San Valentín

Aún no ha llegado el dichoso día de san Valentín y ya llevamos varias semanas celebrándolo. Cruz denuncia tanta impostura y tanto postureo baboso con un argumento poco menos que irrefutable: de lo que se trata es de querer con ahínco mientras dure el amor. El resto, migajas.

Amores sin fecha
Silvia Cruz | 13/02/2014 - 10:27

Bueno, bueno, ya está aquí el día de san Valentín, queridos. A estas alturas de la historia de la civilización ya habréis aprendido que es importante hacerle un regalo a vuestra chica aunque la idea os apetezca lo mismo que comer alambre.

Flores, bombones, ropa interior, una cena, una comida o un viaje (esto solo en caso de presupuestos muy abultados) son algunas de las opciones que siempre se repiten. Siempre, siempre, siempre. Y es que no quedan regalos originales para San Valentín.

Perdonadme, pero no puedo ocultar que es una celebración que me incomoda y sospecho, por lo que veo, oigo y huelo a mi alrededor, que debo ser de las pocas hembras que huyen como del fuego ante fechas como ésta. No es que sea yo una amargada radical que ve en las manifestaciones de amor ajenas un motivo para la envidia; ni siquiera soy del género rácano y no me importa gastarme dinerito en hacerle regalos al hombre que me complace; ni tampoco me molesta porque sea una fiesta consumista pensada solo para bailarle el agua a los centros comerciales como suelen decir tantas personas de cosas tan diversas.

 

La madre del cordero

Lo que a mí me molesta de verdad es el papelón que hay que hacer en fechas como ésta. Yo he sido siempre un pelín camionera y mi emotividad la manifiesto solo en contextos propicios, muy amorosos o de mucha confianza. Y a veces ni con esas premisas cumplidas me sale la princesa que debo llevar dentro. Me hincha las narices interpretar el papel de enamorada que es lo que suele hacerse en esos días sin más remedio.

Porque no nos engañemos, ese día parecemos todos y todas imbéciles salidos de una comedia romántica de bajo presupuesto; nos sorprendemos con el regalo recibido, fingimos que somos los más felices del planeta e intentamos demostrarla al mundo que somos hiperafortunados por tener al lado a una persona amada. Sí, obvio, hablo desde el punto de vista de alguien con pareja. Pero yo no soy corporativista en nada y me parece de un mal gusto tremebundo restregarle esa ficción por la cara a quienes no tienen media naranja.

Nadie les cuenta a quienes viven sin pareja y la buscan con ahínco los días malos de la convivencia como nadie va exhibiendo su amor de una forma explícita, peliculera y llamativa el resto de los días del año. Algunos me dirán que soy una aguafiestas y que se trata de celebrar, de recordar durante una jornada lo mucho que te quieres. A mi eso me parecen migajas. Yo quiero que me quieran y querer con un ahínco sin medida todos los días del año. O todos los días son san Valentín o seguiré negada en redondo a celebrar semejante parodia sobre el amor.

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