Mad Men Lab: odio la Escuela de Buenas Esposas

Sé una esposa solícita, ofrécelo sexo a diario y no cambies nunca. En eso consiste el método Symonds para conseguir que las mujeres casadas conserven a su maridos. A Cruz, por supuesto, le parece ridículo y aborrecible.

Esposas
Silvia Cruz | 23/04/2013 - 9:58

Lo tengo muy claro: odio la Escuela de Buenas Esposas.

¿Qué es eso? Pues mira, un invento de Sarah J. Symonds, una señora que un día se empeñó en ayudar a las amantes a dejar de ser “las otras” y ahora vuelca sus esfuerzos en enseñar a las señoras a evitar que sus maridos se busquen una amante. Porque chicos, esta tal Sarah lo tiene claro: la culpa es nuestra, de las mujeres, que no sabemos estar monas, dispuestas y divertidas todo el rato.

A mí lo que diga la Symonds me la trae al pairo y no tengo la menor intención de hacerle caso, básicamente porque no dice más que tonterías. Pero como éste es un laboratorio de hombres voy a pasar a enunciaros lo que esta señora y sus alumnas piensan de vosotros siguiendo el hilo de lo que se deduce de sus recetas de seducción doméstica.

No cambies nunca

Según la señora Symonds, lo que debe hacer una mujer es ser siempre ella misma. Pero ella misma tal y como era cuando tú, su pareja, la conociste. Es decir, no una mujer que evoluciona y se adapta los cambios, a las diversas situaciones que le va deparando la vida. Eso no. Conclusión que se desprende: sois seres estáticos, conservadores, sin motivación por el cambio, ni las novedades. Unos aburridos, para que nos entendamos.

Otra de sus consignas pasa por seguir siendo guapa. Nada de ropa deportiva, nada de no ir maquillada, ni con la pestaña pintada o postiza, si hace falta. ¿Qué es eso de tener arrugas? Una vulgaridad que puede hacerte perder al macho. Claro, chicos, como vosotros siempre estáis impecables y sois unos borricos que pensáis que es fundamental para la supervivencia de la especie estar siempre como un pincel…

En lo que a frecuencia de relaciones sexuales, la consigna es: “A poder ser, cada día”. Además, para Sarah es vital cuidar la comunicación, escucharos con atención siempre y en todo lugar y hacer algo que ella denomina “acariciar el ego”. Vistos estos consejos para teneros contentos, yo me imagino que Sarah y sus seguidoras os ven como maquinitas a las que hay que alimentar de manera automática, perritos de Paulov que siempre esperan lo mismo y que si no lo reciben, se largan.

Qué mal os piensan, qué mal os imaginan. Creo que merecéis un poquito más. Al menos, alguna categoría más que ésa tan uniforme, antigua y prototípica que dibuja la tal Sarah ¿De verdad no estáis cansados de que  se dé de vosotros esa imagen de simples, de básicos, de casi lerdos? El problema de Sarah, sin embargo, no proviene de ninguna fobia hacia vosotros: viendo el perfil de mujer que describe como perfecta, pienso que lo de moverse entre el blanco y el negro le resulta cómodo, fácil y además, rentable.

Yo solo espero que su escuela se arruine y no tenga ni una alumna. Porque si quedan hombres como los que ella describe, espero que no haya hembra en el mundo dispuesta a satisfacerlos.

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