Mad Men Lab Primos

A partir de una confesión de su época adolescente, Cruz reflexiona sobre lo que significa tener relaciones con los primos, ya que un estudio islandés asegura que los lazos familiares aseguran una prolífica descendencia en la pareja.

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SILVIA CRUZ | 12/12/2014 - 13:23

Seguro que todos conocéis ese dicho del “cuanto más primo, más me arrimo.” Seguro a todos habéis tenido la tentación de violar el tabú del incesto con una prima cercana, esa con la que os han emparejado en las bodas para llevar las arras, esa a la que os han arrimado hasta el borde del pecado para haceros fotitos graciosas y esa con la que la familia te ha hecho chanzas a costa de decir que hacéis una pareja muy mona cuando apenas levantabas tres palmos del suelo. Por todo eso acaba, claro está, en cuanto te cambia la voz y sale el vello. A partir de ahí,  se entierra el tema y todo el mundo hace como si nada hubiera pasado.

Todo esto viene a cuento porque leo una noticia que informa de que un grupo de genetistas islandeses ha estudiado la facilidad de procreación de los habitantes de Islandia y han descubierto, ¡oh, sorpresa!, que las personas que se emparejan con primos de tercer o cuarto grado tienen familias más numerosas. No habla ni de atracción ni de éxito en la pareja, sólo del alto grado de fertilidad que presentan estos matrimonios, aunque vistos los resultados a lo mejor también tendrían que estudiar a fondo qué fobia presentan los parientes de esa isla en emplear anticonceptivos.

Según la misma noticia, los primos hermanos no funcionan tan bien como esas parejas que lo más cercano que comparten es un tatarabuelo. Caramba con el tabú, que se encuentra hasta en la ciencia. Porque parece que eso de “cuanto más primo, más me arrimo” hace gracia cuando uno es crío y si el primo no es hermano.

Quien hace incesto hace cien

Este tema me ha traído a la mente un recuerdo entrañable. Siendo muy jovencita, salí con un chico monísimo, un noviete de adolescencia. Ni él ni yo lo sabíamos entonces pero poco después de dejar nuestro noviazgo, nos enteramos de que nuestros padres eran primos segundos. Reconozco que la primera impresión fue de escalofrío y cierto repelús. Ahí estaba el tabú, haciendo su trabajo, cumpliendo su función de alejarte de los tuyos para ampliar horizontes y que las tribus se expandan y conquisten otros mundos. Pero la segunda impresión fue bien distinta. Él me comentó que la noticia también le había dado cierta grima pero fue comentarlo cara a cara y echarnos unas risas y no sé, como que empezamos a vernos de otra manera. Más atractiva, más transgresora. Seguro que ya imagináis que nos dimos otra oportunidad.

Por suerte duró lo que nos duró el morbo de sabernos primos. Por suerte, digo y digo bien. Porque si hago caso del estudio no quiero ni imaginar con cuántos críos nos habría “bendecido” la madre naturaleza desde entonces hasta ahora.

 

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