Mad Men Lab: ¡Sacadlo todo!

Silvia Cruz, nuestra implacable observadora de las contradicciones del hombre moderno, se pone tierna y nos da una noticia estupenda. Podemos ser frágiles, compartir nuestro duelo, incluso llorar. Ella al menos no se reirá de nosotros.

El mono llorón
Silvia Cruz | 08/04/2013 - 10:36

Hoy me voy a poner un poquito más tierna y un pelín más seria que de costumbre. Escuchar, amores míos, queridos hombres: tenéis derecho a llorar.

Os puede parecer obvio, pero no lo es. Preguntadle si no a Roberto Lázaro, un músico argentino al que lo dejó la novia y se le ocurrió escribir una canción, colgarla en Youtube y hacer público su dolor. Se rieron de él, tuvo que aguantar todo tipo de chanzas, de insultos, de bromas sobre su falta de masculinidad, sobre su debilidad, sobre tantas cosas que nada tienen que ver con el dolor que él sentía. A Roberto lo dejó su novia de los últimos siete años y se hizo añicos, pero lo que suscitó a su alrededor fueron burlas.

Tolerancia a las lágrimas

Está claro que no habría sido igual si Roberto hubiera sido Roberta. Por lo general, a las mujeres se nos permite llorar una ruptura. Podemos hacerlo incluso en público. Se nos permite y se nos comprende. Nadie se ríe de una mujer a la que abandona el marido. Nadie hace bromas sobre una chica a la que un novio de muchos o pocos años le rompe la vida en dos.

Pero con los hombres no es igual, qué va. Roberto escribió una canción titulada ‘El club de los hombres abandonados por una mujer’ y muchos creyeron que era un club de verdad. Y no lo era, pero él se animó y decidió que lo formaba. Ahora se mueve por su Argentina natal haciendo su música y quedando con hombres en esa situación para compartir un rato. No quiere hacer un grupo de autoayuda, qué va. Quiere echar un ratito con esos tipos que como él, han perdido a una pareja a la que consideraban el amor de su vida. Ven un partido de fútbol o se toman unas birras. Como haríamos un par de tías, vamos.

Las chicas podemos quedar, hablar hasta la saciedad, volver a quedar con todas o unas pocas amigas, contarle a todo el mundo que nos han dejado, volver a contarlo, ir al psicólogo, salir en la tele si se da el caso, volver a explicarlo, escuchar canciones de amor tristes de morir y comunicarlo en Facebook, podemos llorar si hace falta en medio de un bar, en el banco de un parque, con gente o en soledad. Y a vosotros no os dejan.

Reclamad de una puñetera vez vuestro espacio, reclamad que os dejen llorar, hablar, expresaros. No permitáis que os insulten, ni os degraden por ello. No soy yo de las que aboga por un sentimentalismo a flor de piel infantil que defiende llorar por todo y venirse abajo a las primeras de cambio. No lo soporto ni en hombres ni en mujeres. Pero el dolor si no se saca, la pena si no se exuda, se queda dentro y nos mata. Nos va matando. Sacadlo todo, chicos, reclamad. Pedid. Llorad.

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