Mad Men Lab: Un derechazo brutal a la contra

El boxeo tiene su punto, opina una Silvia Cruz más que dispuesta a darle una oportunidad a los espectáculos genuinamente masculinos. Y además, si le pillas ese punto, puede resultar muy adictivo.

Una derecha brutal
Silvia Cruz | 11/12/2012 - 0:12

La misma semana que Mike Tyson confesó haber pillado a su señora con Brad Pitt;
en los mismos días que supimos que Mohamed Alí había sido nombrado Rey del
Boxeo, un anuncio en la tele, también relacionado con el cuadrilátero, me hizo saltar
del asiento. Por cuarta vez en la historia, Manny Pacquiao y Juan Manuel Márquez se
iban a enfrentar para determinar de una vez por todas quién de los dos es el mejor. Esto
del “de una vez por todas” y “quién es el mejor” son cosas muy masculinas, aunque no
tanto como os quieren hacer creer, chicos. Y es que hoy no, hoy no puedo meterme con
vosotros porque os gusten los mamporros con dedicatoria. Los que se dan en el ring,
vamos.

Una derecha brutal a la contra. Con esas pocas palabras se resume el final del esperado combate, que no el combate entero: para eso harían falta páginas y páginas y cientos de probetas para recoger testosterona fuera y dentro de la lona. Incluida la mía propia.

Una derecha brutal a la contra. No, no es otra forma de llamar al Gobierno que nos maneja, es la forma en que Márquez noqueó a Pacquiao y que provocó que machos del mundo entero, y algunas hembras, hicieran retumbar el globo terráqueo al ver al filipino
tirado en el suelo durante casi dos minutos.

Una derecha brutal a la contra. Ese golpe directo, ese palo seco que deja sin voz al
contrincante nos ahorraría a todos mucha saliva gastada para nada. El desahogo de
decirlo, aunque no vayamos al encuentro del enemigo para endiñarle un perfecto
uppercat, aligera un huevo. O un ovario. El otro huevo (u ovario) habrá que dejarlo
lleno y que lo gestione la razón, que tampoco hay que ser bestia y convertir el mundo en
un cuadrilátero.

A palos

¿Qué qué ven los hombres en esto que llaman deporte? ¿Qué qué les atrae de mirar como dos tíos se dan puñetazos? Esos golpes están reglamentados, los dos que se suben al ring están de acuerdo, ya no lo hacen solo aquellos que no tienen más salida, ganan dinero y en muchas ocasiones, disfrutan con lo que hacen. “Hay gustos que merecen palos”, me dice uno que no está muy de acuerdo conmigo y la respuesta me da risa de puro contradictoria.

Que no guste el rollo, los detalles horteras, la puesta en escena… Ya, lo entiendo: hay
ojos que solo han visto asfalto, pero en el barro está la vida. Y en el cuadrilátero, el
show. Porque esto es un espectáculo, no hay que olvidarlo. Hay que mirar cómo se
miran, cómo se miden, cómo se acechan. Es vital estar atento a cómo responden, dónde
dan, dónde tocan. Yo animo al que no le guste el boxeo a que siga con atención un solo combate y compruebe si realmente le repugna o si, por el contrario, ha experimentado un subidón único del que, aviso, ya no va a poder olvidarse.

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