Mad Men Lab Un mundo sin hombres

Silvia Cruz y las clínicas de fertilidad nos asoman a las más terrorífica de las anti-utopías modernas: un mundo en el que los seres humanos XY dejen completamente de ser necesarios.

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Silvia Cruz | 07/11/2014 - 12:26

A veces me meto con vosotros. Y otras veces con ellas. Pero hoy mi deber es informaros. O más que informaros, alertaros, que así prestaréis más atención, pues ese es el tono que cala hoy en día.

Hoy, pocas días después de la noche de Todos los Santos y todos los muertos, es un buen momento para hablaros de algunas noticias que auguran vuestra desaparición. La más reciente tiene que ver con un nuevo tipo de fiesta organizada por laboratorios de fertilidad de Estados Unidos a la que acuden mujeres que pasan de los 30 para informarse sobre las bondades de congelar sus óvulos. Se trata de señoras con carrera y cierto nivel económico que aún no saben si quieren tener hijos y temen que se les pase la edad para tenerlos.

 

Amazonas modernas

Los encuentros se celebran en hoteles de cuatro o cinco estrellas donde un representante de una clínica de fertilidad les explica cómo se hace, cuánto cuesta el servicio y lo tranquilas que se van a quedar al poder postergar su maternidad algo más de lo que la naturaleza permite. Sí, esto va un paso más allá del ya clásico tupper-sex, y aunque los consoladores no tuvieran la intención de sustituiros por más que algunos los temáis como a una vara verde, esto de la congelación tiene toda la pinta de dejaros fuera del único juego en el que todavía eráis imprescindibles.

Porque aunque la idea está pensada para alargar un plazo, no hay duda de que existiendo esos bancos y también los de semen, más de una y de dos y de tres millones, llegadas a una edad y hartitas de todo, van a optar por elegir a la carta al padre de sus retoños.

La idea es muy práctica y no tengo duda de que tendrá muchas clientes que no quieren ajustarse a los plazos naturales, temen no tener pareja en una edad límite o simplemente quieren ir por libre en eso de ser madres. Pero vosotros, queridos, deberíais empezar a plantearos qué habéis hecho tan, pero tan mal en un mundo en el que las mujeres buscan constantemente formas de no necesitaros para nada.

Como en casi todo, hay un rayo de esperanza. Todas estos almacenes biológicos son caros, no están pensados para las mujeres que no tienen acceso a hoteles de lujo y para las que eso de los cócteles es algo que saben que otras toman pero no conocen. Y ése es, no nos engañemos, el grueso de la población femenina en la parte del planeta donde se pasa menos hambre.

Yo de todas maneras, si fuera uno de vosotros, ni teniendo esto claro estaría tranquilo, pues con la afición que tiene esta sociedad por crear versiones de bajo coste de todas las cosas, no me extrañaría que abrieran una clínica congela-óvulos low-cost en menos que canta un gallo.

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