Mad Men Lab Una fantasía a medias

Silvia Cruz hace autobombo y recomienda la entrevista con Tamara que publicamos en nuestro número de junio por la valentía de la cantante. Pero no se cree que sus fantasías con Robert Pattinson las quiera hacer realidad con su marido. Hasta ahí podíamos llegar.

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SILVIA CRUZ | 20/05/2014 - 13:29

En el número de junio de ‘Primera Línea‘ aparece una entrevista con Tamara, la cantante que tuvo que disputarse su nombre en los tribunales con aquella que gritaba “No cambié, no cambié, no cambié.” Me ha sorprendido la frescura de una mujer que siempre me había parecido más bien convencional y algo paradita. Supongo que el hecho de haber empezado muy joven, serlo todavía y no dedicarse a cantar hits del verano ha contribuido a esa imagen que yo y otros muchos nos habíamos hecho de la ella. La entrevista, hecha por Torito, nos ha sacado a muchos de un error que cometemos con tanta otra gente pues, sin pensar siquiera, nos quedamos con la imagen de los artistas que nos da el periodista que la entrevista, el mánager que le lleva la carrera o la que el propio cantante se ha impuesto.

En esta ocasión ha sido la propia cantante la que ha roto esa imagen que teníamos de ella y lo ha hecho posando cual diva de los años 40, en ropa interior y vestida de fiesta, como una reinona, vamos. Y se ha mojado. No solo ha hablado de política y de todo lo que ha tenido a bien preguntarle Torito, sino también de sexo. Y con una naturalidad que da gusto, oye.

Fantasías inanimadas de ayer y hoy

Se ha lanzado a hablar de intimidades, y aunque le alabo la valentía de romper con ciertos tabúes, hay algo que no me creo ni por segundo. Dice Tamara que le gusta Robert Pattinson y que fantasea con él. Pero matiza y dice que sus fantasías tienen que ver con lo que sucede en sus películas porque lo que haría con él prefiere hacerlo con su marido. Vaya porquería de fantasía, Tamara querida. Si precisamente lo rico de una fantasía está ahí, en que puede una irse donde y con quien quiera a hacer lo que más le plazca. ¿Por qué meter al marido (o a la mujer) en ese momento, único, cortito y propio, en el que puede estar cualquier otro ser del universo?

Yo entiendo que esa “confesión” de Tamara no está hecha entre unas cuantas amigas, ni siquiera ante el espejo. Esa “confesión” está hecha ante una cámara, con un periodista impertinente y con la idea en la cabeza de que todo lo que diga lo puede leer y saber el mundo entero. Incluido su marido, claro. Y ahí está el quid del asunto, que no es lo mismo contarle a tu amiga Pepi que te encantaría que Pattinson te hincara en el culo su colmillo vampírico que hacerlo públicamente. El punto está en lo público, en que creemos que molestaremos, humillaremos o menospreciaremos a la persona con la que compartimos la cama por expresar, simplemente, lo que la imaginación nos manda.

Ay, chicos, qué esclavitudes más tontas arrastramos todos.

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