El sexo de Lucía ¿Por qué nos gustan los bomberos?

Tipos fornidos que practican profesiones de riesgo. Hasta ahí, lo que salta a la vista. Pero también existen razones ocultas que explican por qué los bomberos son objeto de deseo y fetiches sexuales para muchas mujeres. Nos lo cuenta Lucía, experta en fetichismos y placeres.

Bomberos
Lucía | 02/08/2016 - 10:15

A las mujeres nos ponen los bomberos, es innegable. Si me preguntaseis por qué, no sabría daros una respuesta clara ni sencilla.

Tiene que ver con los vericuetos de la psique femenina. Es una mezcla de atracción física, porque suelen tener unos cuerpazos de infarto, a la que se une por lo general una cierta admiración por el trabajo que realizan (suelen tener mejor prensa que los policías, otro colectivo que también nos pone, porque los bomberos, aparte de apagar fuegos, son más bien de izquierdas, se niegan a ejecutar desahucios, rescatan gatitos, ayudan a abuelas…).

Hasta ahí, lo obvio. Ahora vienen la experiencia personal y los matices.

 

Me gustan los bomberos

Cerca de mi casa hay un parque de bomberos, uno de los más nuevos de Madrid. Cada vez que paso delante tengo la inmensa suerte de que suene la alarma (mi ex solía bromear con que era yo quien les llamaba, generando una falsa alarma tras otra) y les veo salir en su camión rojo, a toda máquina, dispuestos a enfrentarse al peligro. Qué guapos los bomberos. Reconozco que si viviera enfrente de ese parque, mis artículos se retrasarían inexorablemente porque pasaría mis días mirando con unos prismáticos por la ventana, al más puro estilo James Stewart en ‘La ventana indiscreta’.

Porque qué placer sería ver entrenar a los bomberos todos los días, así, desnuditos de cintura para arriba, sudando, morenazos de piel curtida al sol, tirando de sogas y barra abajo (lo de la barra además tiene unas connotaciones de club de alterne que lo flipas). Tenéis que entender que nos gusten los bomberos porque aparte de que tienen una profesión que se presta al juego de palabras, al juego hot quiero decir (ya sabéis, menuda manguera te gastas, ven a mi casa a apagar mi fuego, estoy ardiendo…), por si fuera poco, ¡publican una vez al año un calendario con sus mejores fotos!

Bomberos

 

La madre del cordero

Ese calendario lo imprime el diablo, estoy segura.

Yo pensaba que era una cosa como muy de película americana, que no existía realmente, hasta que un día, pasando delante del parque de bomberos de que os hablaba, uno de ellos, que los estaba vendiendo en la puerta, me lo ofreció. Os puedo asegurar que me costó no decirle “déjate de calendarios y déjame tu móvil, que lo que me apetece es quitarte la chaqueta del uniforme y restregarme (o refregarme como dirían en Extremadura) contra tu pecho toda”. Eso me hubiera apetecido decirle si no hubiera ido con mis vecinas, que son todas unas pijas y que no follan y que ya me miran mal porque escribo de sexo, así que imaginaos si le suelto al bombero que me dé su teléfono por si por la noche hay peligro de fuego en las inmediaciones de mi sexo. Me echan del edificio…

Un bombero amigo de Galicia (sí, las mujeres podemos ser amigas de los hombres sin intenciones libidinosas, aunque parezca extraño, e incluso, de hombres que trabajan como bomberos) me mandó fotos del calendario que publicaban por su tierra. Casi me caí de culo: esos súper hombres nada tenían que envidiar a los protas de ‘Los Vengadores’.

Qué posturas, qué cuerpos, qué brazos enormes y fornidos, de éstos que quieren que te salven en caso de incendio o si hay una aglomeración repentina en el Mercadona, qué poses provocativas… Porque ellos van provocando, claro que sí: en esta estampa tirando de manguera y luciendo bíceps al mismo tiempo; en esta otra, con la chaqueta desabrochada y mirada lasciva; en aquella, con el cuerpo untado de aceite que dan ganas de recorrerlo todo a lametazos…

Yo no tengo calendario de bomberos en casa porque reconozco que si lo pusiese en la cocina me recordaría un pelín a las cabinas de los camioneros, con sus calendarios de mujeres en bolas, y ese estúpido prejuicio es el que me impide llenar los azulejos de mi kitchen con fotos de bomberos ardientes.

Porque, puestos a desear, ¿para qué quiero yo un calendario? Yo soy más del cuerpo a cuerpo, de poder palpar directamente la carne, así que aprovecho esta plataforma privilegiada para solicitar los servicios de algún bombero buenorro, porque siempre hay que tener uno cerca, por si las moscas.

En Tinder suele haber muchos, recuerdo uno en concreto que no aparecía su cara, solo el torso, lo que viene siendo un hombre-torso vaya… Deduje que estaba casado, de ahí que no mostrase su faz y la conversación duró poco, la verdad: me dijo que él estaba ahí para dar y recibir sexo oral. “¿Te interesa?”

Pues chico, como que no: o sea, que la oferta inicial ya venía limitada, no solo porque no se le veía la cara sino porque además, solo ofrecía determinados servicios. Además, yo eso de dejar bajarse al pilón o de practicar una fellatio a un tipo que no va de cara, sino en este caso, de torso, pues como que no me pone mucho. A mí los bomberos me gustan enteros, con su torso sí, pero también con todo lo demás, manguera incluida.

A ver si tengo suerte y me escribe alguno que lo traiga todo puesto.

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