Amarna en los AVN Sexo, drogas y huesos rotos

Amarna Miller vuelve a los AVN Awards. Y vuelve a quedarse a las puertas de entrar a la ceremonia, por tercer año consecutivo. Esta es la crónica completa de sus aventuras en la meca del porno, cuya versión reducida tenéis en nuestro número de marzo.

Amarna en los AVN
AMARNA MILLER / Fotos: Stephen Ruberto | 07/02/2017 - 11:12

Cómo pasa el tiempo. Los AVN Awards me recuerdan que ya llevo nada más y nada menos que un año y medio viviendo permanentemente en Estados Unidos. Y vosotros habéis estado siguiendo mis aventuras desde que alquilé aquella caravana roñosa en medio de la nada y me colé en los premios junto a Silvia Rubí para intentar buscar un agente que me quisiese representar al otro lado del mundo.

Hace ya dos años de aquella escapada en la que nos gastamos nuestro último dinero en alquilar un descapotable amarillo chillón para ir de Los Ángeles a Las Vegas mientras rodábamos escenas y escribíamos artículos por el camino. Y aquí estoy, otra vez en el mismo lugar pero con mucho más bagaje a las espaldas.

Este año, yo estaba nominada en tres categorías (mejor actriz extranjera, mejor escena de sexo en una película extranjera y mejor escena transexual) dentro de los galardones más importantes de la industria del cine X. Os adelanto el final de la historia: no gané ninguno. Pero todo lo que pasó mientras tanto, merece ser contado.

 

Mis últimos meses en la carretera

Hace frío y está lloviendo. El tiempo durante las últimas tres semanas parece sacado de un paisaje invernal y no forma parte de mi vida cotidiana en el desierto de Los Ángeles. Sacar todos mis bártulos de la furgoneta se convierte en una odisea mientras sorteo los charcos y el barro que se ha formado debajo de las ruedas, pero consigo acumular todas las cajas detrás del sofá del salón.

Enero empieza con un roscón de Reyes recién horneado que envolvemos primorosamente para picotear durante el camino. En apenas dos semanas se celebran los AVN y hemos decidido hacer un pequeño roadtrip para llegar hasta allí. La primera parada es San Francisco, seis horas al norte por la Interestatal 5, donde nos reuniremos con dos muy buenos amigos de España que acaban de mudarse a Estados Unidos. Queremos parar a hacer fotos por el camino, pero la lluvia hace imposible que podamos disfrutar del viaje. Ni siquiera somos capaces de abrir la tienda de campaña para dormir, así que nos refugiamos dentro del coche entre capas de ropa y edredones.

 

Cosquillas y arte moderno

Durante el segundo día el sol se abre paso entre las nubes y decidimos hacer una parada en el parque estatal más grande del norte de California: Henry W Coe State Park, un antiguo rancho de ganado donado en los años 50 para convertirse en tierra protegida.

Como ni el tiempo acompaña ni se trata de un parque nacional, el sitio está prácticamente vacío. Tenemos el lujo de ser los únicos visitantes en este terreno de 36.000 hectáreas así que aprovechamos para hacer fotos y disfrutar de unas cuantas rutas bastante encharcadas.

Hace un par de meses me regalaron una cámara analógica Canon AE-1, y parezco un niño con un juguete nuevo, dando saltitos por el bosque mientras hago retratos de las setas que crecen en los huecos de los robles y los riachuelos de agua helada. Muertos de frío, aparcamos el coche en Oakland (la ciudad situada en frente de la bahía de San Francisco, donde los precios del párking no están tan disparados como en la metrópoli) y cogemos un taxi para llegar a la siguiente parada del roadtrip ¡Mi primer rodaje!

Se trata de un vídeo fetichista de cosquillas con la también pelirroja Barbary Rose dentro de los estudios de pornografía queer Pink Label. Después de cuatro horas de rodaje y 30 minutos de cosquillas interminables, cogemos nuestras cosas y (¡al fin!) llegamos a la casa de Nicklas y Carla, situada en el distrito de negocios.

Amarna AVN 16

El edificio es espectacular, con vistas a uno de los puentes de la bahía, piscina y hasta un jacuzzi que decidimos probar ipso facto.  Tengo planeadas otras dos escenas en San Francisco, pero todavía nos quedan un par de días para disfrutar de la ciudad. Después de aquel catastrófico viaje que hicimos hace unos meses, cuando sin quererlo casi envenenamos a un perrito con una galleta de marihuana, tenemos muchas ganas de llenar nuestra memoria con momentos felices y recuerdos maravillosos.

Mi única sugerencia es hacer una visita al Museo de Arte Moderno (SF MOMA) que ha reabierto sus puertas después de una renovación de tres años. Acostumbrada a los museos de Los Ángeles, en general bastante pequeños, me sorprendo al descubrir un edificio de siete plantas con un jardín de esculturas en la azotea.

Durante las cuatro horas que pasamos dentro apenas me da tiempo a ver un veinte por ciento de las obras, pero me derrito de ilusión al ver cara a cara piezas de algunos de mis artistas contemporáneos favoritos: Sol Lewitt, Ana Mendieta, Rothko, Frank Stella, Dan Flavin, Carl André…el lugar es un laberinto de pasillos y habitaciones cubiertas de obras prodigio. Todo un patio de recreo para una licenciada en Artes.

 

Colega, ¿dónde está mi coxis?

Como no se puede hacer tortilla sin romper algunos huevos, el viaje toma un giro inesperado esa misma noche cuando me caigo en medio de una fiesta y me dejo el coxis hecho picadillo. Apenas puedo moverme y solo consigo dormir después de atiborrarme de analgésicos. Las escenas BDSM que tengo que rodar durante los próximos días no ayudan a mi recuperación y me siento inútil y frustrada.

Para desestabilizar aún más la montaña rusa de mis sentimientos, me entero de que la productora para la cuál estoy rodando (Kink.com) va a dejar The Armory, el castillo que ha regentado durante años en mitad de San Francisco y donde se rodaban todas sus escenas. Nuevos tiempos, nuevas medidas… La industria pornográfica ya no es lo que era y no pueden permitirse el seguir utilizando un edificio tan maravillosamente emplazado para estos fines. Poco a poco, el porno se va a pique.

Sea como fuere, los AVN Awards están a la vuelta de la esquina así que necesitamos reparar nuestros ánimos y poner rumbo a Las Vegas. Nos despedimos de nuestros amigos, me pongo una bolsa con hielo en la espalda y cogemos el coche dispuestos a enfrentamos de nuevo a la lluvia y las nueve horas de camino que nos separan de la convención.

Hacemos una parada en el desierto de Mojave para tomar fotos de las dunas y recuperar fuerzas pero mi espalda me impide deambular por las rutas. Entre las ruinas que encontramos dentro de la reserva, me enamoro del Kelso Depot, un edificio construido a finales del siglo XIX para alojar a los trabajadores del tranvía que por aquel entonces cruzaba el desierto. La arquitectura victoriana y las palmeras gigantescas que rodean la construcción dan un aire colonial al lugar que contrasta con las plantas rodantes y los cactus del desierto. Algo así como un oasis en medio de la nada.

Amarna AVN 11

 

Nuestro plan es reunirnos con Ella y Ryan, dos de nuestros compañeros de piso, en Las Vegas. Este año he decidido intentar ir a la convención que precede a los premios como una mera espectadora, sin participar en las firmas de autógrafos ni las entrevistas. Los últimos meses han sido una sucesión de rodajes sin descanso, y me merezco un poco de paz.

Por supuesto y como os podéis imaginar, lo que pasó finalmente poco tiene que ver con mi plan. Mi representante me acabó convenciendo para firmar autógrafos dentro de la caseta de mi agencia y no tengo muy claro cómo, acabé contestando una entrevista multitudinaria en el escenario principal junto a otras diez actrices.

Parece que lo de colar a mis amigos en la convención es ya una marca de la casa. Este año eran Steve y Ryan los que no tenían pases, así que nos plantamos en la sala de prensa muy seguros de nosotros mismos y pidiendo explicaciones: “Mi fotógrafo y mi cámara no han recibido entradas y espero que lo puedan solucionar”. Voilá!, tenemos pases.

El único plan que conseguí cumplir tal y cómo había prometido, fue el de no alojarnos en el Hard Rock Hotel. Los precios son astronómicos y viajando con la furgoneta, quería probar a dormir en un campo de caravanas. Dicho y hecho, por siete dólares por cabeza Steve, Ryan y yo misma conseguimos un hueco a veinte minutos del hotel.

La única contrariedad vino de la mano de nuestro vecino, un redneck gigantesco y adicto a la verborrea racista que parecía hacer unos esfuerzos sobrehumanos por intentar ser nuestro amigo. Después de decirme que soy “demasiado blanca para hablar español” me decidí a dejar de dirigirle la palabra, ignorando sus intentos de conversación mientras nos explicaba que tenía guardada la contraseña para entrar en el baño de mujeres. Un día después, alguien robó nuestras sillas.

 

El hotel de los líos

Aunque no nos alojamos en el Hard Rock, pasamos allí la mayoría del tiempo. Ryan consiguió ganar algo de dinero jugando a las tragaperras de OMG Puppies y un hombre me pagó 20 dólares por abofetearle delante de sus amigos. Otro me dio 100 dólares para que los apostase en su nombre, y por supuesto perdí todo el dinero. Cabe mencionar que el hotel estaba alojando tres convenciones simultáneas: los Oscar del porno, la mayor reunión de amantes de las armas de Norteamérica y unas jornadas para empresas productoras de cemento. Increíble, pero cierto.

Haced un esfuerzo por imaginar la reunión más variopinta que os venga a la mente, sumadle unas cuantas tragaperras, mucho dinero y trescientas actrices porno, metedlo en una coctelera llena de drogas y alcohol y más o menos tendréis una imagen verosímil de la situación en el Hard Rock Hotel.

En el último momento me contrataron para rodar una escena así que no pude acudir a los premios. Utilicé la excusa para darle mi entrada a mi amigo Owen Grey, antes de ir al hotel Hilton y hacer mi trabajo. Por otra parte, mi dolor de espalda me impedía llevar tacones y mi vestido se rompió cinco minutos después de llegar al vestíbulo del Hard Rock así que hubiese sido un poco catastrófico ir a los premios, mucho menos pisar la alfombra roja.

Algún día haré una disertación coherente acerca del repelús que siento por este tipo de eventos, pero por ahora diré únicamente que el no desfilar en la alfombra roja se está convirtiendo en un clásico dentro de mi historia de los AVN. No gané ningún premio. Aunque eso ya lo sabíais. Por la noche llegó la fiesta, y por fin pudimos salir todos juntos a quemar la pista de baile.

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Armados con nuestras mejores galas y muchas ganas de liarla, acabamos en un evento privado lleno de chicas espectaculares. Conseguimos convencer a dos actrices para que le hiciesen un lapdance a Ryan e inmortalizamos el momento para mandar las fotos a todos nuestros amigos (y probablemente para chantajear a Ryan dentro de unos meses).

Una amiga de una amiga nos dio de fumar de un puro (repito: un puro) de marihuana, y terminamos jugando a “Heads up” en el recibidor del hotel, mientras unos muy confundidos turistas japoneses intentaban comprender qué estaba pasando.

La noche dio paso al amanecer, y agotados volvimos a nuestras respectivas camas. O coche, en nuestro caso.  Al día siguiente tomamos rumbo a Los Ángeles, paramos en la Zzyzx Road y tomamos fotos de los edificios derruidos. Volví a caerme, volví a destrozarme la espalda y aquí sigo, con una bolsa de hielo detrás del asiento, a punto de despedirme de enero después de sobrevivir a otro año más en los AVN.

Ya sabéis, lo que pasa en Las Vegas… sale en ‘Primera Linea‘.

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