Un cowboy silencioso, maestro del shibari

Los maestros japoneses de shibari empiezan a acudir a España, terreno abonado para su arte. Monko, uno de los mas admirados, estuvo en Barcelona, vestido de vaquero y con sus modelos sumisas.

Shibari
Victoria Flores / Fotos cedidas por EN LA ÓRBITA DE IO y Tentesion | 10/03/2015 - 13:36

¿Por qué lo llaman bondage cuando quieren decir amor?

Esta frase tonta me vino a la cabeza cuando me di cuenta de la ternura tan increíble que se reflejaba en las miradas e interacciones de muchas de las parejas del taller de cuerdas que el maestro Monko impartió hace unos días en Barcelona para decenas de admiradores y amantes del shibari llegados de toda Europa.

Sus miradas cómplices, sus susurros, sus abrazos, su constante preocupación por el bienestar de la persona atada me rompieron el cliché ‘vainilla’ del bondage como práctica fetichista, humillante y brutal.

Allí se respiraba colaboración, serenidad, complicidad y, sí, mucho amor. Esta era una de las claves de los austeros mensajes que el ‘nawashi’ (maestro) Monko transmitía a sus entregados alumnos: “Debéis estar atentos y ser considerados con la persona atada, ir comprobando sus reacciones antes de avanzar. Es muy importante que las modelos se comuniquen con los atadores sin ninguna discreción cuando no puedan aguantar”.

Shibari

 

Un genio en lo suyo

Monko ha venido a pasar un largo fin de semana a Barcelona invitado por el club En la Órbita de IO, para impartir unos cuantos talleres de shibari (arte de la atadura erótica), una de las formas más sofisticadas del bondage. El bondage es la parte del BDSM que se preocupa de inmovilizar de forma erótica y sensual. Si se usan para ello cuerdas al estilo japonés, se le llama shibari o kinbaku, como se dice en Japón.

En el taller en el que me encuentro hay parejas venidas de distintos lugares del mundo para aprender de este vaquero tan poco hablador, pero que te deja sin palabras con los virtuosos nudos y anclajes que le permiten atar a sus modelos con una serenidad y belleza pocas veces vistas.

La mayoría de las modelos son chicas, pero también hay un joven delgado y cubierto de tatuajes que ha sido atado por una mujer mucho mayor que él. La edad del público oscila entre los 25 y los 40 años. Monko, que ha venido a Barcelona con dos modelos y una traductora, tiene en Japón varias discípulas formales (‘deshi’), todas ellas mujeres o transexuales. Durante el taller se pasea silencioso entre todas las parejas después de haber realizado las complicadas y bellísimas ataduras a su modelo, tan delgada como misteriosa.

Shibari

 

El cowboy, la mistress y el cyber

Monko es un hombre de mediana edad, bien parecido, no muy alto,  siempre vestido con un llamativo atuendo de vaquero (en homenaje a Clint Eastwood y sus westerns con Sergio Leone) y escondido tras sus gafas Rayban.

Como el personaje de esas películas, es hombre de pocas palabras y rictus serio, pero no le falta talento ni carisma. Los expertos lo consideran uno de los tres ‘tenores’ del shibari,  junto a Naka (que suele vestirse de mujer) y Kinoko, el más joven, con un punto cibernético en su aspecto.

Por mi parte, fantaseo con un taller imposible que reuniese a las tres estrellas del kinbaku: ‘El Cowboy, la Mistress y el Cyber’, a modo de ‘El bueno, el feo y el malo’, en clave Leone.

Josep Lapidario, uno de los responsables de los talleres de Monko en Barcelona, me lo describe así: “Hay quien dice que es frío cuando ata. Eso no es cierto. Lo que sí hace es respetar muchísimo a las modelos, no se toma las libertades que otros maestros sí se toman. También se preocupa por el bienestar de la modelo: cuando trabaja con alguien con quien tiene cierta confianza, le hace atados que pueden ser intensos o dolorosos, pero le va preguntando constantemente si se encuentra bien e intercambia con ella pequeños detalles, consejos. Cuando la ata en un entorno más privado sí se permite confianzas, juega más, usa el látigo o lo que haga falta”.

De Monko también destaca Josep su gran capacidad de improvisación y su inimitable sello personal: “Mezcla muchísimas técnicas diferentes en cada atadura. Tiene una estructura básica subyacente, pero a partir de ahí no hace casi nunca dos ataduras iguales. Al no estar constreñido por los límites de una escuela, es libre para dejar que su intuición le diga qué pase de cuerda realizar en cada momento. Muchos de sus movimientos parecen a priori extraños, en el sentido de que van contra el conocimiento convencional del shibari o lo que enseñan otras escuelas, pero lo hace tan bien que el resultado es casi perfecto. Otra cosa que borda es la tensión de las cuerdas: siempre es la justa, ni demasiada tensa (lo que podría hacer daño) ni demasiado poco (lo que haría que se “desmontase” todo). Esto es lo más difícil del shibari, y él lo domina de forma natural. Hace que lo difícil parezca muy fácil… hasta que lo intentas hacer tú.”

Shibari

 

El vaquero autodidacta

El propio Monko repasa su trayectoria para nosotros: “Llevo unos 15 años en este mundo, soy autodidacta. En la época en que empecé, los únicos apoyos que tenía para aprender eran los libros. Tras la aparición de internet, aprendí gracias a las fotos que encontraba. Practicaba imitándolas. En aquella época no había talleres de shibari, imitar las fotos era la única forma de aprender. Hoy en día, los recién llegados al shibari son privilegiados. En cualquier caso, es muy importante apropiarse de las técnicas observándolas”.

Al contrario que otros maestros de shibari, Monko no hace performances con vestuario específico o música sincronizada. Él prefiere prescindir de todo eso, solo le interesa el efecto que producen las cuerdas en la modelo y le gusta el resultado final del atado: que sea estético, que “embriague” a la modelo, que se acerque a la visión inicial que tenía en su cabeza.

Terminada las clases, nos vamos unos cuantos a cenar con Monko y sus mujeres, y Josep nos cuenta: “En Japón suele ir a restaurantes españoles, pero aquí ha flipado con la calidad de las materias primas. Probó el conejo a la brasa y la butifarra con alioli, y le flipó la crema catalana. También le encantaron el Palau de la Música, la Catedral y la Sagrada Familia”.

 

Entre el sexo y las artes marciales

El kinbaku nació en el siglo pasado como la transformación de un arte marcial en arte erótico. El arte marcial se llama hojojutsu y consiste en técnicas tradicionales de manejo de cuerdas con que samuráis y policías ataban a enemigos y criminales. Los nawashi convirtieron la brutalidad marcial en algo sensualísimo.

El maestro ya fallecido Akechi Denki dijo que el kinbaku es la comunicación entre dos almas usando como medio la cuerda.  Hasta hace poco, la información sobre shibari que llegaba a Occidente era escasa y de segunda mano.

El primer divulgador fue el suizo Osada Steve, residente en Japón. Sin embargo, en Japón no está muy bien visto el kinbaku, mientras que en Occidente ha sido acogido con entusiasmo y se ha combinado con las artes plásticas. El  famoso fotógrafo Nobuyoshi Araki utiliza kinbaku en muchas de sus fotos y retrató, por ejemplo, a Lady Gaga atada.

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