Ver porno online tiene efectos secundarios

No te quedarás ciego ni estéril. Pero, según un estudio de la Universidad de Sydney que parece ser digno de todo crédito, ver más de media hora diaria de porno puede ser peligroso no para la salud, pero sí para tus relaciones sociales y de pareja. Como lo oyes.

Cuidado: mujeres como Tori Black pueden hacer que pierdas tu trabajo.
06/12/2012 - 23:09

¿Patrañas? Eso fue lo que pensamos nosotros en cuanto oímos hablar del estudio de marras. Pero la fuente es AskMen, un revista online de muy contrastada obediencia canalla, y el estudio lo firma la muy prestigiosa Universidad de Sydney.

Al parecer, un grupo de muy doctos prohombres del departamento de Psiquiatría de la universidad australiana han interrogado a 800 varones de entre 25 y 40 años (en su mayoría casados o con una relación estable) sobre sus hábitos de ocio en Internet. El 47% de ellos reconocieron que dedican entre 30 minutos y tres horas diarias a ver porno online, un dato que, según los parámetros del estudio, les convierte en pornófilos activos. Casi un tercio de ellos (el 32,5%) aseguraron que ver porno afecta negativamente a su concentración y productividad en el trabajo y el 21% admitieron que prefieren la pornografía a practicar el sexo con sus parejas.

Daños colaterales

Aunque el estudio está aún en su primera fase, sus responsables ya han avanzado una hipótesis de trabajo que sonará a auténtico jarro de agua fría a los incondicionales de Tori Black: el consumo de pornografía es un hábito potencialmente adictivo que causa serios problemas sociales y sentimentales y convierte a los que lo practican en más proclives a perder el trabajo o tener problemas con la ley. Es decir, un efecto muy parecido al que suele atribuirse a sustancias con tan mala prensa como la marihuana.

AskMen, por supuesto, opta por no tomarse las conclusiones muy en serio, pero nosotros estamos por recomendarte que a partir de ahora te conectes a nuestra página desde una IP dinamica, no sea que el día menos pensado irrumpan en tu habitación con una camisa de fuerzas o, peor aún, te apliquen una versión 2.0 de la vieja ley de vagos y maleantes.

 

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