Vicio y subcultura Lecciones sexuales que nos deja la crisis griega

Blánquez da un concienzudo repaso de las aportaciones griegas a la cultura erótica moderna, de la mirada del tigre al braguetazo pasando por la transexualidad el sexo anal o el amor platónico.

Beso-griego
Javier Blánquez | 10/07/2015 - 9:42

La Hélade es una región tremendamente sexual. De toda la vida, lo francés se ha relacionado con las buenas artes en el uso de la lengua, y lo griego con las simas inexploradas del agujero del culo.

Ya no importa que el origen del sexo anal en la antigua Grecia tuviera que ver con la iniciación del joven aprendiz -en edad de efebo– por parte del sabio de mayor edad dentro de un programa de estudios que también incluía la oratoria, la filosofía y las cosas de la polis, también llamada ‘política’: esas personas de mente sucia que disfrutan con las escenas de Keisha Grey (en la foto de abajo), Abella Danger y Jynx Maze también piensan en Grecia mientras entran en Xvideos para escoger el material de media tarde para unos minutos de relax.

Keisha Grey

 

Más allá de los análisis económicos que nos han estado impartiendo durante los últimos días la legión de tertulianos a peso que pueblan las teles, y los cuñaos que ocupan sus horas de asueto mientras soportan la ola de calor en las redes sociales, la crisis griega ha sido importante, en un aspecto estrictamente ‘Primera Línea’ -o sea, fiesta, droja, potorros y feromonas-, porque nos ha inspirado muchas lecciones sexuales importantes para la vida. Si Marcel Proust es esencial para abordar el amor de otra manera, el Grexit, que incluye una X no por casualidad, nos deja varias reflexiones que nos ayudarán a planificar mejor nuestras conquistas, culminar nuestros ligues y domesticar a la bestia sexual que llevamos dentro.

 

Primera lección: sé un fucker como Yannis

La gente llama a Varoufakis, lógicamente, Varoufucker, porque han detectado en él la mirada del tigre del empotrador desbocado que podría hacértelo a ti, mujer, muy duramente, de pie y contra la pared, rompiendo las bragas de un tirón, como si hubiera resucitado el espíritu del viejo Mickey Rourke.

Habría que preguntarse si en un mundo normal, en el que el ex ministro de finanzas griego se hubiera quedado en la universidad y no hubiera disfrutado de tamaño protagonismo mediático, estaríamos hablando del mismo carisma sexual. Hay algo de magnético en Yannis Varoufakis, es cierto: pertenece a la élite de los calvos rapados al cero pero a la vez irresistiblemente atractivos -al estilo Bruce Willis o Mater-, su pupila es más penetrante que una flecha de Légolas, tiene una planta viril que no lo suman ni todo el cast masculino de ‘True Detective’, y además el tipo viste bien porque maneja panoja. Pero seguramente no tendría rendidas a todas las hembras en un minuto, tendría que currárselo un poco más.

Sin embargo, Varoufakis ha sido una gran inspiración para el hombre de mente brillante, edad generosa y atractivo ambiguo, la inspiración del ‘sí se puede’: para conquistar a las señoras hay que entrenar la mirada hasta mejorar el ‘blue steel’ de Zoolander, hay que pensar en el iris como si fuera una tropa de marines, pues es una avanzadilla de la cadera en la rendición sexual de la presa. A diferencia de otros ‘fuckers’ que luego igual resulta que no lo son tanto (yo qué sé: Massimiliano Allegri, Kiko Matamoros), Varoufakis tiene el factor Kennedy: cuando suda, suda semen. Hay que aprender de su temple, de sus gestos, de esa sobradez que le ha hecho icónico: sólo tenemos que repasar su despedida como ministro, subiéndose a la Harley con la mujer detrás, en plan trofeo de caza, y pirándose a comer gambas al Pireo. Ha puesto el listón altísimo el hijoputa.

Yannis-Varoufakis

 

Segunda lección: referéndum para todo

Muchos hombres arrastran vidas sexuales penosas porque sus parejas son unas pequeñas dictadoras en la cama. Hay veces en las que al varón, pongamos por caso, le apetece una especialidad extravagante -un tea bag, por ejemplo-, y la parienta dice que no, que hasta la base del tronco y nada más.

Lo más problemático es cuando él quiere griego y ella decreta un corralito en salva sea la parte. Un dramón, una tragedia digna de Esquilo. Pero como ahora hay que revestirlo todo de democracia, aunque democracia ya tengamos, y no precisamente de chichinabo, es cuando encontraríamos resquicios legales para proponer ideas audaces, impopulares y arriesgadas.

Ejemplo ilustrativo: usted quiere practicar sexo anal, pero ella siempre le ha dicho que no, como si estuviera comunicada telepáticamente con Mel Gibson. Entonces lo sometes a la voluntad del pueblo: hay una votación, se elige entre el nai (que es el sí) o el oxi (que es el no), y según lo que gane se procede a perforar el túnel o no. Como el que propone el referéndum (o sea, usted) manipula los medios de comunicación y agita la propaganda de manera hábil, el supuesto empate técnico (un voto para cada opción) acabará convertido en un nai rotundo, que le permitirá explorar la espelunca mucosa de su señora. Y si sale oxi, pues lo de siempre: a joderse.

Lecciones-sexuales-griegas

Tercera lección: ciclados en las Cícladas

Ya que estamos con el sexo anal, ¿cómo se va a resentir el turismo veraniego en las islas del Egeo? Hasta que no se puso de moda el Circuit en Isla Fantasía, el principal turismo vacacional de la comunidad homosexual de cuerpo esculpido en el gimnasio, depilación integral y tatuaje tribal en el bíceps y la rabadilla -lo que siempre hemos conocido como ‘la musculoca’- eran las Cícladas, ese archipiélago formado por cachos de tierra tan importantes como Andros, Naxos, Santorini, Míkonos o Folégandros, y que durante julio y agosto se petaba de discotecas horteras, love boats, playas nudistas y paquetes (no va con segundas) turísticos envueltos con un lacito arcoíris.

Pero resulta que el turismo está bajando en Grecia porque no se puede sacar dinero, nadie te da garantías de que aquello vaya a estar mejor que Chipre, o las Baleares, o Malta, aunque supuestamente se vaya a abaratar, y esto demuestra que la comunidad gay no puede dormirse en los laureles. Mientras un día legalizan el matrimonio del mismo sexo en Estados Unidos y todo el mundo se pone su banderita en la imagen de perfil en Facebook, luego vienen los males del siglo -los mercados, el populismo, la oligarquía financiera, los terroristas de Bruselas- a poner en un brete a esos señores que, en pleno uso de su libertad, sólo quieren ir a retozar al paraíso por el que vagó durante 20 años Ulises en busca de su Penélope en Ítaca. Hermanos: la lucha sigue.

Protestas-al-desnudo

 

Cuarta lección: nunca olvidemos el braguetazo

Los medios de comunicación nos manipulan. Dicen que en Grecia hay un montón de pobres, pero se olvidan de recordar que el hombre más rico del mundo, varias décadas atrás, se llamaba Onassis, Aristóteles Sócrates, de profesión armador. Cuando hablan de música griega, se acuerdan del sirtaki -inmortalizado en la película ‘Zorba, el griego’, pero también en aquel anuncio tan ochentas de la colonia para hombre Andros, que puso de moda las camisas blancas desabrochadas y con pelambre, mucho antes de que reclamara la estética para sí Julio Iglesias-, pero nunca se acuerdan de la divina Maria Callas, que precisamente se casó con Onassis y logró el más estratosférico braguetazo de todos los tiempos.

Joder, es que es muy fácil salir de la crisis: no esperes a que Europa te rescate, ni a que Syriza te prometa que el Peloponeso será la nueva Jauja, donde se atan los perros con longaniza. Tira, en cambio, por la vía rápida: pega un ‘brague’, fórrate con un golpe magistral de matrimonio, sácale la pasta a un señor rico o a una viuda alegre a la que tanto le da poner en el testamento al perrito pequinés que al amante serbio de pecho peludo. La Callas, que fue diva pero no casta, que vivió del arte, pero más aún vivió del amor, y que aunque murió ‘sola, abbandonata, in questo popoloso deserto che apellano Parigi’, lo hizo siempre ‘libera’; la Callas, decíamos, era griega y lo vio antes que nadie: si no puedes vivir del sistema, como el ejército y los funcionarios, vive del FMI, o del BCE, o de Onassis, sin devolver nada, porque para qué, si a la gente le caes bien.

Onassis-y-Maria-Callas

 

Quinta lección: Grecia da miedo

En Grecia se han inventado un montón de cosas que nos han arruinado la vida. El amor platónico, por ejemplo: una jodienda muy seria, porque hace que te encapriches con ideales en vez de optar por el pájaro en mano. O el complejo de Edipo, que implica cosas incestuosas como desear sexualmente a la madre, que es una cochinada muy repugnante (también está el complejo de Elektra, que no le va a la zaga).

De Grecia los romanos copiaron el arte y los dioses, pero siempre les pareció que los helenos eran un pueblo de zánganos amanerados, incapaces para la guerra y apáticos con las mujeres (aún no se había inventado el baloncesto FIBA). Pensaban lo mismos los turcos, otrora llamados otomanos, cuando asaltaron las murallas de Bizancio para exterminar el último resquicio de la decadencia imperial del continente, barriendo para siempre los últimos restos de decrepitud y enfermedad terminal que quedaban en la parte más chusca de la civilización occidental.

A la vez que nos han dado a Aristóteles y a Pericles, también nos han dado lo más guarro de nuestra conducta sexual histórica, desviada. ¿Recuerdan cuando Zeus se abalanzó sobre Dánae, hija del rey Acrisio, como una lluvia de oro? Luego de ahí algunos extrajeron lecciones para hablar de la lluvia dorada, que es bastante insalubre. La violación, también execrable, comienza con los raptos del mismo Zeus, ya fueran el de Europa o el de otras ninfas, a las que fecundaba fácilmente como si fuera Alberto Isla. Y, maldita sea, toda esta moda de los transexual, lo queer, la lucha contra el patrón heteronormativo, el post-porno y demás activismos en pos de la modificación del cuerpo y la reescritura de las jerarquías sexuales, comienzan con Tiresias, que como Carmen de Mairena fue una mujer completa, ‘tengo polla y tengo tetas’, y que fue el primero en intentar dirimir cuál de los dos orgasmos era más poderoso, el del hombre (oxi) o el de la mujer (nai).

Qué tíos, los griegos. Nos han estado diciendo que han dado al resto del mundo una lección de democracia. Eso no lo sé, pero una de educación sexual vaya si la han dado. Que con todo lo que ha pasado parecen Venus (en griego Afrodita) O’Hara, oiga.

Beso-griego

  • Imprimir
  • Enviar por e-mail
Este mes, en 'Primera Línea'
Nerea Garmendia: "Me encanta que me sorprendan en el sexo y en la vida"
Este mes, en 'Primera Línea'
publicidad
publicidad
Búscanos en Facebook
publicidad

© Ediciones Reunidas, S.A. | Todos los derechos reservados