Vicio y subcultura A James Deen le va el sexo chungo

Uno, glande y libre. Así es James Deen, icono pop del sexo sin remilgos ni fronteras que vive una segunda juventud ahora que ya no intenta blanquear su imagen y se presenta tal y como es: un canalla redomado y un fornicador en serie.

James Deen
Javier Blánquez | 04/10/2017 - 18:08

Cuando James Deen estaba en el glande, por no decir cúspide, de su carrera en el porno, existía a su alrededor un culto que sólo se le dispensa a las estrellas del pop.

A sus fans más activas se las llamaba las Deenagers –algo así como las Beliebers, pero que en vez de corear el estribillo de ‘Baby’ lo que hacían era jalear con onomatopeyas cada vez que Deen soltaba un abundante y espeso chorro de esperma–, y hubo una época en la que se le consideraba el equivalente en el porno a Ryan Gosling: el hombre más guapo y deseado del gremio.

Ciertamente, cuando entró en escena James Deen, hacia 2004, su apariencia física no encajaba en absoluto con el canon del porno de la época, donde se suponía que un actor tenía que ser una especie de ejemplar masculino con músculos hasta en las cejas, tatuado, una especie de guerrero dothraki con un rabo de 20 centímetros por lo menos, y dotado a la vez de un volumen corporal imponente.

James Deen

 

Era la época de dominio de Nacho Vidal, y a su lado James Deen era lo que era: un tirillas, un alfeñique, alguien muy poca cosa. Pero poseído por sus altos niveles de testosterona y un arrojo sexual solo al alcance de un semidiós –hijo de Príapo, la divinidad del pene desproporcionado–, cuando entraba en el plato y se le ponía delante una mujer con todas sus cavidades húmedas, James Deen se transformaba en una bestia salvaje. Y así es como comenzó el mito.

 

Salto al vacío

El mito duró una década y se vino abajo en noviembre de 2015, después de que la que había sido su pareja más célebre, Stoya, con la que acababa de romper tras dos años de relación, acusara a Deen vía Twitter de ser un maltratador. Lo que decía Stoya era que durante el trance del sexo Deen se venía arriba muy fácilmente y llegaba un punto en el que su ardor fornicatorio le hacía saltarse todas las líneas rojas que iban más allá del consentimiento.

Stoya venía a decir que, durante un coito, a Deen se le solía ir la mano con los bofetones, los escupitajos y que muchas veces intentaba imponerse forzando a su pareja a hacer cosas que ella no deseaba en ese momento, o con tanto ardor.

James Deen

 

Establecido un límite, y habiendo dejado claro que más allá de ahí un ‘no’ vale lo mismo que el de Pedro Sánchez en campaña electoral, cruzar la raya significa abusar, maltratar, desarrollar un poder humillante. Stoya se desquitó de su ex acusándolo de lo más grave que se le puede hacer a una mujer, y en cuestión de pocos días Deen ya era una especie de proscrito, un actor en todas las listas negras.

No solo porque lo dijera Stoya, sino porque Stoya –esa rotunda belleza serbia con la piel más blanca que la harina– recibió el apoyo explícito de muchas otras actrices con las que había trabajado James Deen, que aseguraban que durante las escenas había muchos momentos en los que el actor quería lanzarse por terrenos que no estaban pactados, o que a la mínima apretaba mucho los dedos sobre la mandíbula mientras ensayaba un anal sin vaselina, y lo mismo afirmó Joanna Angel, la que fuera su pareja durante casi una década, antes de romper con ella para juntarse con Stoya y llevar a la vida real lo que ya empezaba a ser legendario ante la cámara: una asombrosa química sexual entre el chico más guapo y la chica más espectacular.

 

Un limbo legal… y moral

Las acusaciones de Stoya nunca se han podido probar ni hay caso por ahora ante ningún tribunal, pero eso no significa que dentro de la comunidad porno el mensaje no calara, y desde hace dos años James Deen no trabaja tanto como antes, ni lo hace con las mismas productoras.

James Deen

 

El niño prodigio cayó en desgracia, y parece que ya nunca más lo veremos estrenando a las actrices más prometedoras en los misterios de la puerta de atrás para HardX, o siendo una de las primeras opciones para productoras como Brazzers, Kink o Elegant Angel. Podría haber sido un actor perfecto para las empresas de Greg Lansky –a Lansky le repugnan los tatuajes, y Deen no tiene ni uno–, pero esa liga se acabó para nuestro hombre.

¿Quién es James Deen en 2017?

Por una parte, un apestado con el que casi nadie quiere tener relación, al menos dentro del círculo de poder del porno mainstream. Pero, por otra parte, también es un renacido que, debido precisamente a esa marginalidad a la que le han empujado, ha sabido reinventarse precisamente haciendo gala de lo que le achacan: de dureza en las formas, de tirar siempre por el camino más extremo del porno.

James Deen

 

No es cierto que todo el mundo le haya hecho el vacío: además de gestionar su propia página web, jamesdeen.com, en la que paga a las chicas –muy bien, además, como pueden constatar Kleio Valentine, Veruca James, Phoenix Marie o Katrina Jade– para rodar escenas con él sin que nadie dicte las normas ni le escriba los guiones, Deen también tiene acuerdos con Jules Jordan, Analized, X-Art, Bang! y otras productoras para rodar escenas. Y en algunas de ellas es cuando se desboca como un toro bravo y se pone a follar a lo bruto.

Aún no ha llegado a los extremos de gente como Mike Adriano o el casi olvidado Max Hardcore, y no está aún en ese punto de humillar hasta el límite a las actrices, ni a hacer barbaridades con todo lo que sería la dilatación del ano de sus partenaires, pero sí que se siente cómodo practicando un sexo duro, sin ambages, en el que si hay que escupir en el ojo, azotar el glúteo y tirar del pelo como si fuera la crin de una yegua sin domar, Deen no se corta ni un pelo.

 

Al filo de lo imposible

Hace poco veíamos una escena suya con Adriana Chechik para la web Analized en la que, durante 40 minutos, la representación sexual que llevaban a cabo era fronteriza con lo delictivo.

Hay un momento cumbre en el que Deen y Chechik –la bella y la bestia, o los Bonnie & Clyde del porno, pues más salvaje no se puede ser por ninguna de las dos partes– practican un anal desbocado al borde de un inodoro en el que él le mete la cabeza a ella en la taza durante varios minutos, y que por poco no acababa como un interrogatorio de Guantánamo, tirando de la cadena para que ella se ahogue un poco.

James Deen

 

Vamos a decirlo: no disfrutamos con este tipo de escenas, servidor en el fondo es un alma sensible a la que le gustan las caricias y las cosas delicadas, y hasta se me revolvió un poco el alimento en el estómago viendo cómo Deen se complace en asfixiar a su pareja y darle hasta en el carné de identidad. Pero es aquí donde ahora destaca el macho embrabecido: en el sexo brusco.

Desde dentro de la industria se ha formado una imagen –quizá incorrecta– de que Deen se pasa tres pueblos follando, y precisamente por eso no le dejan hacer porno normal –salvo en X-Art, donde hace escenas casi softcore porque la debutante Kenna James se empeñó en que sólo pasaba del porno lésbico al heterosexual si era nuestro hombre quien la estrenaba ante una cámara, en una desfloración más delicada que un clavel blanco–. Pero precisamente por eso, se ha pasado a un hardcore con un nivel mayor de intensidad, donde ya no tiene que pedir permiso para dar unos cachetes o correrse apuntando deliberadamente a la retina.

El momento hipster de James Deen ya pasó.

Hubo un tiempo en que por su constitución delgada y su imagen de chico bueno, judío y normal, fue el actor porno favorito de todo el mundo. El que más miraba a los ojos de la mujer mientras le hacía un roto en el recto. El que tenía esa habilidad innata para rodar una secuencia de media hora de una sola toma y culminar en el momento preciso tras haber pasado por todo el kamasutra. El que podía tranquilamente traspasar la línea del mainstream y hacer películas convencionales con Lindsay Lohan, en la poco comprendida ‘The Canyons’.

James Deen

 

Su talento era el más grande dentro de su gremio, en sentido real y figurado. Todo se vino abajo tras el tuit de Stoya. ¿Fue una acusación real, justa o injusta? No lo sabremos. Tampoco debemos dudar de Stoya: si se sintió violentada, debemos darle nuestro apoyo y hacer como tanta gente hizo, que fue no fiarse de Deen, y dejar de prestarle suelto para tabaco.

Pero esta circunstancia le ha servido para volver a ser otro y mantenerse arriba. Dos años después de su caída, se ha levantado convertido en lo único que podía ser: un chungo violento que está dando nuevos aires al porno extremo. Si su serie en vídeo de los siete pecados capitales te pareció un exceso, lo que está por venir de Deen sólo lo podemos imaginar si tenemos una mente sucia.

Follar con la cabeza dentro del wáter es sólo el comienzo: dentro de poco, en vez de buscar sus escenas en Xvideos, vamos a tener que rastrearlas en la Deep Web.

 

 

 

  • Imprimir
  • Enviar por e-mail
Este mes, en 'Primera Línea'
Janice Griffith: La actriz porno fumeta que odia el sexismo y el racismo
Este mes, en 'Primera Línea'
publicidad
publicidad
Búscanos en Facebook
publicidad

© Ediciones Reunidas, S.A. | Todos los derechos reservados