Adriana Ugarte entra hoy en ‘Combustión’

Está que arde, y tú tienes una cita con ella. Y es en el cine, como en los viejos tiempos, porque ‘La señora’, la modistilla de ‘Tiempos de costura’, ejerce esta vez de poligonera peligrosa en lo último de Daniel Calparsoro, ‘Combustión’, que se estrena hoy.

Adriana
Rubén Romero / Foto: Jesús Ugalde, cedida por Sony Pictures | 26/04/2013 - 14:02

Hay algo terriblemente carnal en Adriana Ugarte (Madrid, 1985). Una belleza inquietante y turbadora que traspasa la pantalla y desazona al espectador y a la que tampoco es inmune el entrevistador. Un aura de sensualidad que jamás la abandona en pantalla y que ¡alegría! tampoco lo hace en la vida real. Magnetismo, se llama. Lo mantiene aunque se esfuerce en esconderlo bajo los trajes de organdí que la hicieron famosa en la serie ‘La señora’ o los poco favorecedores jerseys de punto grueso ochenteros y hippies de ‘Castillos de cartón’, tan prácticos de quitar a la hora de hacer un trío.

De tríos, precisamente, va también su nueva película, ‘Combustión’, dirigida por Daniel Calparsoro. Ella es el vértice entre dos apasionados por el motor (Álex González y Alberto Ammann) y las carreras de coches ilegales. Dice Adriana que a ella le gustaría tener un Aston Martin, y su voz suena como la de sus míticos motores: un suave ronroneo capaz de erizar el vello del más casto de los varones.

En tu nueva película, la señora Victoria se ha convertido en una mujer fatal de nombre Ari…

Más o menos. No se ve en la peli, pero probablemente ella venga de un barrio de Valencia, y llegó a Madrid con 17 años a buscar trabajo. Allí conoció a un chico que está obsesionado con ser corredor legal, y para eso necesitamos mucho dinero. Y yo soy el cebo sexual. Pero estoy muy cansada de esa vida. Aunque lucho para conservar mi relación de pareja, pasa lo que algunas veces, que estás arrastrando y arrastrando, y de repente aparece alguien que te llena el vacío afectivo.

Afectivo y de otro tipo. Se dice que tienes una escena de sexo antológica…

En España estamos súper atrasados en estos temas, ¿verdad? ¿Qué te han contado de la escena?

Que estás realmente bien.

¿Que se me ve excitadilla?

¡No, no, al revés! O también, ¡qué se yo! Pero, básicamente, que eres tú la que pone al personal… Y mucho.

(Risas) Pues no sé qué decirte, la verdad.

¿Cómo es el rodaje de esas escenas?

Pues te lanzas. O lo haces o no lo haces. No hay otra manera de plantearlo. Contar con un buen compañero que esté por la labor y te sientas libre para hacer lo que quieras… pues siempre ayuda.

Dicen también que ‘Combustión’ es como un ‘A todo gas’ español…

Tiene esa estética, pero es menos bestia a nivel de caderas y culos. Es más elegante. Aunque sea el mismo ambiente del polígono y el taller, los planos son muy bellos.

¿Cómo te has sentido siendo la mala de la película?

Ha sido muy divertido. Me hacía ilusión hacerme un personaje que se llevara el gato al agua. Me apetecía interpretar a alguien así, con un poco de jetilla. Bueno, con bastante morro. Aunque no creas que es tan mala. Lo pasa mal…

…¿rodeada de chulazos y coches espectaculares?

Tiene una parte de tarántula cuando está seduciendo a sus víctimas. Hay una parte de sadismo que le ha enganchado, pero luego es profundamente amorosa. Es una chica muy cálida y muy dependiente a nivel emocional.

¿He oído sadismo?

Le gusta la violencia y le gusta el riesgo. A veces va por la vida a golpe de puñetazo. Hay algo de ese paripé que le gusta.

Tú te hiciste famosa por interpretar a una burguesa decimonónica en ‘La señora’. ¿Cambia mucho convertirte en poligonera?

Tuve que trabajar una manera de hablar más cañera y también una manera de moverme con los tacones con mucha agilidad, como si hubiera nacido con ellos, como si fuera una detective. Tiene ese punto de súper heroína.

Acabarías con los pies destrozados…

Soy una gran amante de los tacones. Lo primero que les pedí a mis padres fue que me comprasen unos. Me gusta mucho andar con tacones y con medias con costuras por detrás.

¿Cómo te preparaste físicamente?

Tuve un entrenador personal, porque Daniel quería que tuviera una estética de taller, de tía muy apretada, muy fuerte. He hecho pesas, sentadillas, ejercicios propios del ejército… ¡Se me han puesto las piernas muy duras!

Porque las enseñas, claro…

Sí, pasé mucho frío durante el rodaje, porque voy muy corta. Pero te tienes que poner el chip, porque cuando estás trabajando eres un soldado.

Ahora está muy de moda hablar de ni-nis, de generaciones perdidas… ¿Qué opinas tú al respecto?

Creo que no se es justo con la gente joven. Se les dan productos culturales que alimentan culturas violentas y pasivas. Creo que tienen capacidad para aprender y hacer muchas cosas. Un cine joven y con mensaje es necesario.

¿El cine los estereotipa demasiado?

Digamos que no se refleja un sentir maduro. Me parece que hay un tipo de cine joven que es noño y superficial. Y los jóvenes no son así. Los adolescentes sufren un montón, están muy perdidos y tienen muchísimas ideas acerca de la vida y del mundo. Creo que no les puedes volver cinéfilos a porrazos. Tienes que darles versiones cinematográficas de ‘El guardián entre el centeno’.

¿Te has fijado mucho en ellos para preparar tu papel?

Los he analizado cuando escuchan reggaeton. Me gusta. Me gusta ver cómo se relacionan los chavales… El componente sexual es muy interesante… Es como una danza tribal.

¿Qué admiras de alguien como Ari?

Es de clase humilde, no tiene cultura, pero tiene una elegancia natural. Es muy sofisticada. Igual va con un vestido muy ordinario, cortísimo, con tacones de aguja, pero lo sabe llevar… y eso me gusta. Me gusta esta cosa de la gente de barrio que tiene una elegancia natural, que los miras y parecen duques. Tiene que ver con la sensibilidad, no con el dinero, ni con los libros. Tiene que ver con una luz interior.

¿Eres adicta a los coches?

Me gustan los coches, pero no me obsesionan. En mi familia siempre les han gustado. Mi madre hacía motocross de pequeña. Pero no se me cae la baba con ellos. Un coche no me conquista.

¿Y la velocidad?

¡Solo de copiloto! ¡Si no, me da miedo!

¿Tienes un modelo favorito?

¡Un Rolls Royce, con chófer y con mi marido detrás! ¡Olé! O un 4×4 descapotable para la playa. Pero eso de los Ferrari, nada. Soy más clásica.

Hubo un momento, hace un par de años, en el que se desató la locura por ti… Justo cuando la reina dijo que ‘La señora’ era su serie favorita. ¿Cómo llevas la fama?

Se lleva raro cuando te buscas en internet y apareces. ¡Escribo el nombre de mi mejor amiga y no aparece!

Vuelves a la televisión con la adaptación del éxito de ventas ‘El tiempo entre costuras’. Otra vez de época, como en ‘La señora’, aunque en otra década…

Me gustan la antigüedades en general y si puedes trabajar en algo que esté cuidado, es una maravilla. El presente es más vulgar que el pasado, aunque tal vez sea porque el pasado lo idealizamos. Me encanta el presente cuando es minimalista: dos actores, dos camisetas, una habitación. Así, sin más, pura elegancia. Si no, me hace más gracia el pasado.

Tu personaje en ‘La señora’ era asturiana; el de ‘El tiempo entre costuras’ es de Madrid, como tú. ¿Ha sido especial?

¡Sí! Mi abuela era de barrio castizo y costurera. Creo que no se ha dado cuenta, pero le he hecho buenos interrogatorios (risas). Sira Quiroga es una chica humilde, de la Plaza de la Paja, y va a acabar codeándose con la gente refinada del Palace. Hemos rodado en lugares que frecuentaban mis abuelos.

Volviendo a ‘Combustión’. Entre el chico malo y el chico bueno, ¿con cuál de los dos te quedas?

Con ninguno. Yo lo que quiero es ser la reina del taller.

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