Álex de la Iglesia, pletórico en la hora bruja

Tras ‘La chispa de la vida’, Álex de la Iglesia ha aparcado la sátira vitalista para volver por sus fueros con un thriller de mujeres y demonios, ‘Las brujas de Zugarramurdi’, gran estreno español del último fin de semana. Terror, comedia y la prueba de que cuando Álex es malo, es mucho mejor.

Álex de la Iglesia
Rubén Romero | 23/09/2013 - 10:17

De la Iglesia vuelve a la nave del misterio, el territorio que ya frecuentaba ‘El día de la bestia’ (1995), una de las cumbres en su carera y auténtica obra maestra del cine lisérgico y de culto. En ‘Las brujas de Zugarramurdi’, dos atracadores con mala pata (Mario Casas y Hugo Silva) caen en las redes de tres brujas sin careta (Terele Pávez, Carolina Bang y Carmen Maura).

El director se presenta al encuentro con nosotros luciendo una camiseta negra con la calva presencia de Walter White, carismático protagonista de ‘Breaking Bad’. Tras coquetear con el western (‘800 balas’) el thriller camp (‘Crimen Ferpecto’) o la cara oculta de la Transición (‘Balada triste de trompeta’), el director bilbaíno recurre de nuevo al maligno y sus adoradores en otro de sus extraños artefactos cinematográficos diseñados para hacernos morir de risa.

 

¿Qué te decidió a regresar al género paranormal? 

Nunca abandoné el mundo satánico del todo. Es una película que, como comedia de terror, recuerda mucho a ‘El día de la bestia’, pero también a ‘La comunidad’. Tal vez más a esta última, por ser muy coral.

En ‘El día de la bestia’ narrabas el Apocalipsis. ¿Dónde nos encontramos ahora? 

El Apocalipsis ya ha llegado. Se ha convertido en el día a día habitual y cotidiano. Dos personajes intentan escapar de él… para encontrarse con algo mucho peor.

¿Qué papel ha jugado Enrique Cerezo, presidente del Atlético de Madrid y productor de la película? ¿Te exigió que las brujas fuesen del Real Madrid?

La verdad es que no sé qué pasó con Enrique. Le gustó el guión y ni lo discutimos. Vino y me dijo: “Me ha hecho mucha gracia lo de las brujas, vamos a hacerlo”. No sé si lo leyó. Igual leyó solo el comienzo…

¿Por qué “brujas” y no “brujos”?

Porque en el Norte siempre ha triunfado el matriarcado. Ha estado ahí siempre y ha formado parte de la cultura vasca, y eso me divierte mucho.

¿No habrá algo de misoginia en ello?

Yo soy más misántropo. Me fascinan las mujeres. En el fondo, la peli es un discurso acerca de la imposibilidad de comunicación entre nosotros y ellas.

¿En quién te inspiraste para caracterizar a las brujas?

Es inevitable pensar en Goya, pero son muy medievales. No quería que parecieran zombis. Las que más me han influido han sido las brujas del ‘Macbeth’ de Polanski. Son señoras normales, de la calle… ¡que de pronto te muerden! (risas)

¿El rodaje te planteaba algún reto especial esta vez?

Las brujas vuelan, que es algo que siempre quise hacer. Y luego hemos digitalizado la caverna entera.

¿Por eso ruedas en digital?

Es más que nada por un tema económico y por comodidad. No quiero exagerar, pero la primera secuencia, los primeros diez minutos de la película tienen el mismo número de planos que toda una película española convencional. Unos 600 planos. Y eso es solo la primera secuencia: yo ruedo 30 o 40 planos cuando lo ‘normal’ sería rodar máximo seis o siete.

¿Estuviste en las cuevas de Zugarramurdi?

Sí, y te puedo asegurar que sentí algo muy especial. Es un impactazo. La cueva es inmensa, pero dentro hay una cuevita que es donde realmente se hacían los aquelarres… Y lo hueles, lo sientes: ves las velas, lo ves todo. Hay un altar donde ponían a la virgen para el sacrificio y un agujero para la aparición del hombre con la cabeza de macho cabrío.

Quitando a los grandes maestros de la serie B de los años 70, el folklore demoníaco español brilla por su ausencia en nuestro cine. ¿A qué crees que es debido?

No lo sé. Y a verdad es que es una pena. Rodando la peli pensaba que todo el mundo conocía Zugarramurdi, que lo conocían como yo, desde pequeños. ¡Es mucho más importante que Salem, por ejemplo, donde hubo “un disgusto un día”! Esto es infinitamente más poderoso, se ha ido mascando durante siglos. La gente cree que las brujas proceden de la cultura anglosajona, y es mentira: el gorro de las brujas procede del traje tradicional navarro. Las escobas, las ranas, por qué volaban… Todo lo que constituye la imagen de las brujas surge de Zugarramurdi.

Cuentas con dos guapos de televisión como protagonistas. ¿Te da miedo que no se valore la película por eso?

Hugo y Mario son muy especiales, muy pasionales. No están maleados. Se lo toman absolutamente en serio. Lo dan todo.

Hablando de Mario, ¿qué es un galán?

Es un actor que cuando ves la pantalla te fijas en él. Hay tres tíos en cuadro y tú vas a mirar concretamente a Mario, y eso es un trabajo, no es por casualidad. Está a todo, reacciona cuando habla su compañero… No baja la guardia nunca.

¿Y Hugo Silva?

Es súper inteligente. Es el que da la verosimilitud a toda la historia, porque los demás están “demenciados”.

¿Cómo fue su relación con grandes damas como Terele Pávez o Carmen Maura?

¡Los torturan salvajemente! (risas). Terele, Carmen y Carolina son muy diferentes. Carmen es la mujer más profesional que he visto en mi vida. Tiene clarísimo su personaje. Recuerdo que una vez me puse histérico en el rodaje, un momento psicodrama, rollo Tennessee Williams, y noté que a Carmen eso la descentraba. Y entonces te das cuenta que la labor de dirección de actores no es solo decir lo que quieres o cómo lo quieres, sino que por el clima que creas o por tu actitud puedes destrozar un plano.

Me da un poco de vergüenza hacerte esta pregunta, la verdad…

Dime…

¿Ves ‘Cuarto Milenio’?

¡Por supuesto! ¡Me encanta!

Entrevista publicada originalmente en el número de septiembre de ‘Primera Línea’.

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