Vicio y subcultura ‘Altered Carbon’, oscuro objeto de deseo

Netflix acaba de lanzar una serie que, esta vez sí, nos la pone dura. Una irresistible combinación de ciencia ficción distópica, intriga, cibersexo y ultraviolencia que va a dar muchísimo que hablar en los próximos meses.

Martha Higareda
Javier Blánquez | 06/02/2018 - 11:57

Somos de la opinión de que, por lo general, Netflix es como el Urban Outfitters o el Pryca de las plataformas de televisión vía streaming: una especie de súperbazar moderno y/o a precio de saldo en el que la oferta es inmensa, pero raramente necesitas lo que ahí te están intentando vender.

Hay mucho fast food para seriéfilos –seguramente, la peor especie animal que existe; nunca hay que fiarse de una persona sin vida propia que lo único que hace es atiborrarse de productos audiovisuales, la mayoría de ellos irrelevantes, dejando de lado el resto de ocupaciones, incluida la de facturar–, y por lo que cuesta la suscripción mensual, y más si la pagas en HD, a veces tienes la sensación de que te podrían hacer una rebaja porcentual de tres o cuatro puntos en concepto de sufrimiento ante primeros capítulos decepcionantes o tiempo perdido buscando algo que merezca la pena.

Evidentemente, hay cosas tremendas en Netflix: están los monólogos de David Chappelle y, en general, buena parte de su oferta de humor, y luego algunas series puntuales que merecen no sólo nuestros euros, sino una aportación extra. Pero luego hay una abundancia de morralla (Carey) que nos hace plantearnos en qué momento de nuestras vidas decidimos abonarnos, y no quedarnos simplemente con Movistar+ y el HBO pirateado de algún colega, porque la vida con Netflix puede ser media vida.

 

Caídos del cielo

Ahora bien: hay días, hay momentos en el año, en que la suscripción a Netflix cobra todo su sentido y entonces es ahí donde hay que estar. Son pocos, pero cuando esos días suceden, es imperativo plantarse ante el televisión y comportarse como un primate seriófilo y macerar tranquilamente el atascamiento de nuestras arterias consumiendo palomitas y viendo, cuanto menos, el estreno de algunas de aquellas series importantes –cada vez menos– que se producen en la televisión por wi-fi.

Altered Carbon

 

Y esta semana, este mes, posiblemente este año, esa serie ha sido para nosotros ‘Altered Carbon’, la adaptación de una fenomenal trilogía de novelas de Richard Morgan que aquí se han traducido –al menos la primera entrega– como ‘Carbono modificado’ y que nos sitúan en uno de los escenarios que nos ponen más palotes: el futuro distópico con muchas luces de neón, un submundo vicioso, alteraciones en el cuerpo de gran trascendencia y la compatibilidad de lo estrictamente humano (o post-humano) con la inteligencia artificial.

Puro ciberpunk, para entendernos, en la estela de grandes obras del género como ‘Blade Runner’ o ‘Ghost in the Shell’ (las primeras escenas de la serie son un homenaje clarísimo), y en este caso con una dosis altísima de género negro hard-boiled.

 

Caviar futurista

Expliquémoslo de nuevo: las novelas de Richard Morgan llamaron la atención porque eran la mezcla perfecta entre el ciberpunk de William Gibson y Neal Stephenson –un mundo futuro dependiente de la tecnología hasta tal punto que la simple noción de lo humano había quedado en la pura irrelevancia– y las novelas negras americanas de Raymond Chandler, es decir, esas historias de detectives solitarios, duros, con tendencia a fumar como un carretero y beber como un cosaco, altamente misóginos, nihilistas y violentos hasta extremos innecesarios.

Altered Carbon

 

La combinación de ciberpunk y noir violento no suele ser muy habitual, porque es difícil encajar una compleja trama detectivesca en un marco hipertecnológico, esto obliga a urdir argumentos complejos, a inventarse un mundo y a introducir conceptos científicos espesos, pero Richard Morgan lo supo hacer con habilidad, aunque eso sí, la cosa le ha llevado a escribir cerca de 1500 páginas espesas como el semen de Jason Luv.

El primer volumen en España lo tradujo (bastante mal) la editorial Minotauro, y como no funcionó bien, nunca se atrevieron con los siguientes. Pero hace poco recuperó la serie completa Ediciones Gigamesh, que han empezado a vender la primera parte como churros, ahora publicarán la segunda y en algún momento del año que viene la tercera. Y la lectura de tan importante obra de ciencia ficción moderna con altas dosis de sexo y violencia (a veces rozando lo gratuito, algo que se agradece en estos tiempos mojigatos) es una actividad que recomendamos en paralelo al visionado de ‘Altered Carbon’, la serie.

Cuando veas el piloto, quedarás enganchado si lo tuyo es, a saber: hostias a mansalva, decorados CGI con luces de neón y hologramas, sangre suficiente para llenar una piscina olímpica, escenarios sucios y decadentes en contraste con escenarios de ensueño, hombres musculosos, tías buenas y un complicado marco filosófico detrás.

Martha Higareda

 

A nosotros nos convenció y por eso no nos damos de baja de Netflix, entre otras cosas porque no nos dejan, pero también porque queremos visionarla de nuevo, seguir las próximas temporadas (al menos tres), y ver si la segunda temporada de ‘Jessica Jones’ nos pone como el mástil de la bandera, pero eso sería otro día.

 

Muertes provisionales y definitivas

El presupuesto básico del mundo de ‘Carbono modificado’ (el libro) y de ‘Altered Carbon’ (la serie; creada por un equipo al mando de Laeta Kalogridis, la guionista de ‘Shutter Island’ de Scorsese) es el siguiente: en el futuro, la conciencia, la inteligencia y los recuerdos de una persona humana pueden conservarse permanentemente en una unidad de memoria instalada en la base del cerebro.

Esa información, que incluye algo así como un espíritu, puede trasladarse de una batería a otra, de modo que el cuerpo físico no es más que una “funda” para contener lo importante, que es la naturaleza intelectual. Y, por tanto, en ese mundo del futuro la gente puede ser inmortal si tiene suficiente dinero y cuidado para procurarse una vida de varios siglos: solo hay que disponer de fundas (cuerpos) y la capacidad de salvaguardar la información vital.

Altered Carbon

Solo hay una manera de morir (muerte real): desintegrando la pila. Mientras así no sea, los criminales son almacenados en unidades de confinamiento y los muertos por asesinato pueden resucitar en otra funda. Esto, que parece muy atractivo, en realidad es una putada, porque el proceso de adaptación a una nueva funda es traumático. Además, este mundo de ‘Altered Carbon’ está tremendamente avanzado en inteligencia artificial, muy retrasado en humanidad y además es un mundo expandido a otras galaxias: la tierra es el planeta original, pero hay colonias en muchas otras estrellas.

En una de esas estrellas, el Mundo de Harlan, vive Takeshi Kovacs, un criminal vinculado a movimientos revolucionarios que luchaban por la destrucción del sistema de castas que implica que haya gente que pueda pagarse la vida eterna (los matus, o matusalenes) y chusma que malvive en fundas de mierda.

Al principio de la novela, y de la serie, Kovacs muere al ser detectado por la fuerza de orden, y su conciencia es trasladada a la Tierra, donde debe cumplir una larga condena. Pero Kovacs vuelve en otro cuerpo: el mayor multimillonario del universo, Lauren Bancroft (James Purefoy, un auténtico fucker), ha reclamado sus servicios como detective para que investigue un crimen peculiar: él que es inmortal, y ni siquiera puede suicidarse porque su conciencia está almacenada en ‘la nube’, ha sido víctima de un intento de asesinato, y quiere que Kovacs descubra qué ha pasado. Y entonces comienza la trama detectivesca, mezcla entre ‘John Wick’ y ‘Blade Runner’ que hará que salpique la sangre hasta por los altavoces de la televisión.

 

Alerta spoilers

Un inciso: al principio de la serie, Kovacs está en una funda oriental, y acto seguido en la piel del actor Joel Kinnaman (‘The Bridge’). No han tardado en llegar las voces mostrencas y apresuradas que han acusado a la serie de practicar whitewashing, o sea, de dar a los blancos papeles reservados para orientales o negros.

Altered Carbon

En la novela, Richard Morgan nunca dice que Takeshi Kovacs sea oriental (en realidad, es un extraterrestre que ha pasado por diferentes fundas), y la razón de que entre en ese cuerpo gigantesco y musculoso tiene que ver con algo que si lo decimos será spoiler, pero ante la estupidez del personal sólo queda el destripe de la trama: el cuerpo del nuevo Kovacs perteneció originalmente a Ryker, un policía corrupto en confinamiento, y que había sido amante de Kristin Ortega, la detective de la policía que intenta solucionar el caso de Bancroft al margen de la contratación del magnate de un detective privado; Bancroft elige el cuerpo de Ryker sencillamente para joder a Ortega, que puede interactuar con su pareja, pero con otra conciencia enfundada en ese cuerpo.

Como se puede ver, hay gente con una merma muy grande, y gente, como Richard Morgan, que tiene una mente retorcida que le da para ir desgranando poco a poco un mundo salvaje, hipertecnológico y atractivo. La serie, como el libro, mejora a medida que avanza y van apareciendo sus elementos integrales: baños de hemoglobina, sexo a espuertas y hampa, sobre todo en las partes en las que Kovacs va a investigar a Blowville (Villamamada en el libro), la zona de putas, juego y vicio de Bay City, una especie de mezcla entre Nueva York, Hong Kong y Tokio donde se desarrolla la primera parte de la trama.

En resumen: aquí tenemos la serie que estábamos deseando, llena de vicio y subcultura. Una vez más, Gigamesh han tenido el buen ojo, o la potra, de editar las novelas de la serie que se va a convertir en un fenómeno de fans en poco tiempo. Léanlas si tienen tiempo (para sacar tiempo sólo hay que dejar de consumir otras series de relleno, excepto ‘Altered Carbon’ y las pocas que molan), y vean los diez capítulos obligatoriamente. Cuando llegue el polvazo entre Kovacs y Kristin Lehman (Miriam Bancroft, una MILF de 350 años; la M es de Matu, no de Mother), nos lo agradecerán.

 

 

 

  • Imprimir
  • Enviar por e-mail
Este mes, en 'Primera Línea'
Riley Nixon: "El porno encaja a la perfección con mi estilo de vida"
Este mes, en 'Primera Línea'
publicidad
publicidad
Búscanos en Facebook
publicidad

© Ediciones Reunidas, S.A. | Todos los derechos reservados