Vicio y subcultura ‘Aniquilación’ nos la pone muy dura

‘Aniquilación’, la película de Alex Garland basada en una novela de Jeff Vandermeer, nos ha hecho disfrutar como cerdos en un charco. Una de ciencia ficción insólita y exigente con Natalie Portman y Tessa Thompson.

Natalie Portman
Javier Blánquez | 13/03/2018 - 12:17

Tuve contacto por primera vez con los libros de Jeff Vandermeer gracias a una de las personas más importantes que existen actualmente en mi vida, El Librero del Mal.

El Librero del Mal es algo así como mi camello de confianza de todo lo que puede englobarse bajo las etiquetas de mal rollo, terror y pasiones que estimulan el córtex adolescente: es ese tipo muy musculado, con camisetas de bandas heavies, que cobra los libros en Gigamesh, el mausoleo del género fantástico en Barcelona, un encantador de serpientes que, a la mínima que te descuidas, ya te ha colocado varios tomos en la cesta de la compra y te ha levantado, de golpe, alrededor de 80 euros de tus ahorros bajo la promesa de que esos papeles escritos van a provocarte escalofríos, erecciones, dilatación de las pupilas o cualquier otra reacción física estimulante, aparte de salivación y sudores.

Un día, El Librero del Mal insistió en que no podía irme de la tienda sin llevarme ‘Aniquilación’, la primera parte de la trilogía ‘Southern Reach’ de Jeff Vandermeer que estaba publicando la editorial Destino. Lo hizo amablemente, acariciando suavemente el hacha que guarda bajo el mostrador, y como lo último que quiere uno es que le corten la cabeza de un certero tajo, pasé por caja, aflojé la mosca y me llevé el libro a casa.

 

Una rareza exquisita

Lo leí, e hice bien, pues ‘Aniquilación’ es una rodaja suculenta de lo que se conoce como weird fiction, esa rama de la literatura fantástica en la que lo raro irrumpe en el mundo real a través de un portal misterioso, a partir de una interacción insólita y desconcertante, como bien dijo el crítico Mark Fisher en su ensayo ‘Lo raro y lo espeluznante’ –es el mismo género al que pertenecen, por ejemplo, series de televisión como ‘Perdidos’ o películas como ‘La llegada’–, y que se consume con la misma velocidad con la que Jeff Mills ecualiza dos discos.

Aniquilación

 

El planteamiento de Vandermeer era intrigante en grado superior: una región imprecisa ha sido invadida por un halo misterioso, una capa de energía sutil que no permite que pueda explorarse su interior desde fuera, ni deja que nada salga de ahí, y que poco a poco avanza, dejando a su camino un terreno invadido por lo desconocido.

La misión del ejército es comprender qué ha pasado ahí, pero todas las expediciones enviadas a la llamada Área X se han perdido por el camino, durante más de un año. Al comenzar el libro, una nueva división exploradora va a entrar en la bruma, pero a diferencia de las anteriores –completamente militares–, esta es científica; cinco mujeres con pasados turbios y agendas distintas que penetran un umbral en el que, una vez dentro, todo aparece distorsionado: la formación de la vida, el tiempo, los ciclos del sol. Y pasan cosas: hay tensiones, rupturas del pacto de colaboración, divisiones, muertes.

 

En manos de Alex Garland

No diremos más de la novela, que es de hecho la primera parte de una trilogía que se desenvuelve en pliegues cada vez más sorprendentes durante más de 600 páginas adicionales.

Lo que sí diremos es que una novela de esas características pedía a gritos una adaptación cinematográfica, y cuando finalmente se supo que ‘Aniquilación’ sería llevada a la pantalla, muchos –entre ellos, El Librero del Mal, que es el primero en enterarse de todo– lanzamos nuestros vivas al cielo, sacrificamos un carnero y descorchamos el champán, y más aún cuando el director elegido terminó siendo Alex Garland, aquel notable novelista (‘La playa’) que abandonó los libros hace quince años, se reconvirtió en guionista y más tarde en realizador a partir de ‘Ex Machina’, una enorme cinta de ciencia-ficción indie sobre el mito de Prometeo convertido en mujer mecánica, y que nos descubrió a una de nuestras inspiraciones femeninas más sólidas de estos últimos tiempos, Alicia Vikander. Si Alex Garland estaba al mando de “Aniquilación”, nada podía salir mal.

Aniquilación

 

Bueno, salió mal una cosa: el plan de distribución. ‘Aniquilación’ es la típica película que merece un rodaje de meses en las salas de cine comercial, pero finalmente su estreno en cines ha sido muy limitado y solo en algunos países, mientras que el pase general se ha visto trasladado a la plataforma Netflix, lo que muchos quieren interpretar como un síntoma clarísimo de que el cine del futuro pasará por el estreno directo en plataformas online que sirven material a la carta y directamente al salón de tu casa.

 

Ambición a espuertas

El caso de ‘Aniquilación’ no es anecdótico, pues hablamos de un proyecto ambicioso, muy esperado por los fans, a cargo de un director que se ha demostrado como un seguro en la taquilla, y con un elenco actoral con figuras conocidísimas –Natalie Portman, Oscar Isaac, Tessa Thompson, a quien hay que darle de comer aparte–. Aunque también es cierto que Alex Garland no es todavía la clase de director que se deja manejar por los grandes estudios para deformar levemente sus productos con tal de restarles carga experimental y autoral, y una vez vista ‘Aniquilación’ en Netflix, se puede comprender por qué muchos ejecutivos habían considerado un riesgo jugársela en cines, en vez de aprovechar la participación financiera de Netflix en la producción para estrenarla directamente en pay-per-view.

Y es que Alex Garland ha tomado la novela de Jeff Vandermeer como un punto de partida para construir una obra notable del weird anglosajón similar a la que Jonathan Glazer hizo al trasladar ‘Bajo la piel’ (Michel Faber) a lo que finalmente fue ‘Under the Skin’, la película de ciencia ficción más desconcertante del siglo.

Aniquilación

 

Al principio de ‘Aniquilación’, todo está en orden: conocemos a la protagonista –una bióloga cuyo marido lleva un año desaparecido–, y vemos cómo su mundo no tiene sentido hasta que un día el marido vuelve por sorpresa, terriblemente enfermo, y esa misteriosa reaparición –pues ha regresado del Área X, de donde no regresa nadie– obliga a tomar decisiones.

En la nueva expedición, el personaje de Natalie Portman debe entrar en la zona contaminada junto a cuatro mujeres más, y a medida que avanza la película vamos comprendiendo qué es exactamente la deformación espacio temporal a la que han accedido –ojo, aquí va un spoiler; pasa al siguiente párrafo si no quieres que te lo cuente–: el lugar es un prisma que recoge ADN de todo tipo y lo reintegra en la naturaleza, de modo que hay animales con rasgos humanos, y plantas que parecen personas; cualquier realidad orgánica del Área X puede imitar todo lo que hay allí, y todo lo que entra.

Y cuando llega el final de la película, ese presupuesto se convierte en una de las cosas más locas que veremos este año. No diremos más: hay que verlo, y luego recoger la mandíbula del suelo.

Natalie Portman

 

Vale la pena

A diferencia de otras películas directamente estrenadas en Netflix, ‘Aniquilación’ tiene algo a su favor: es buena, es valiente, no es morralla para seriéfilos ociosos que se lo ven todo comiendo palomitas y engordando en su sofá.

Es la típica película que meses más tarde compraríamos en Blu-ray porque “hay que tenerla”, y además se separa significativamente del libro, con lo que es complementaria de las novelas de Jeff Vandermeer. No solo se toma Alex Garland algunas licencias para favorecer la fluidez de su guion –por ejemplo, hay buena parte del metraje que sucede dentro del faro, cuando en el libro al faro se llega muy al final; y el orificio en el suelo, que tiene un papel significativo en la trama del primer libro, es casi testimonial en la película–, sino que además se permite cerrar la historia: la idea es que no haya adaptaciones de la segunda y la tercera parte, primero porque son difíciles de adaptar, y segundo porque suceden fuera del Área X, que es lo que funciona a un nivel visual.

Por el camino, lo que tenemos es una película de ficción rara que merece verse varias veces, con una banda sonora asombrosa a cargo de Geoff Barrow (Portishead), con escenas que bordean lo onírico, lo sucio y lo gore, pero también lo poético, y una trama que nos hace pensar sobre cuestiones que tienen que ver con nuestro lugar en el universo y la composición de nuestros cuerpos. O sea, la clase de mierda que siempre recomienda, con buen acierto, El Librero del Mal.

Ni qué decir tiene que hemos disfrutado como cerdos en un charco leyendo el libro y también viendo la película. Si no fuera porque dentro de poco llegan ‘Ready Player One’ y ‘Los Vengadores. Infinity Wars’, ya nos podríamos morir.

 

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