Cara a cara Año cero sin David Bowie

Aunque no se quedaron en el 73 con Bowie y T. Rex, a Alaska y Nacho Canut, las dos mitades del dúo Fangoria, les está costando horrores acostumbrarse a vivir en un mundo sin el que fue su ídolo de juventud y una de sus principales fuentes de inspiración.

Bowie
Alaska y Nacho Canut | 10/02/2016 - 11:16

DAVID BOWIE SEGÚN NACHO CANUT

Nacho Canut

Vale, todo el mundo se muere. Se murió Elvis, se murió Michael, se murió Amy. Se mueren los amigos, se mueren los familiares, se mueren desconocidos. Ocurre todos los días.

La muerte es algo muy natural, parte de la vida misma. Pero, ¿qué ocurre cuando se muere alguien que no es natural? ¿Lo artificial también se muere? Pues miren, parece ser que sí.

Porque a David Bowie se le podía acusar de muchas cosas, pero no de ser natural, no de caer en la naturalidad. Por eso, yo siempre sospeché que las reglas de la naturaleza no funcionarían con él, que alguien tan maravillosamente artificial como él no tendría que someterse a ellas.

Para mi consternación, resulta que me va a tocar vivir en un mundo sin Bowie.

Esto puede parecer una tontería, pero a los que hemos crecido con él, bajo sus presencia enigmática, y nos hemos sentido acompañados por su sombra durante tantos años, se nos va a hacer raro. Aunque para mí ya no fuera algo tan cotidiano y presente como en los años 70, la verdad es que aún me preguntaba de vez en cuando “¿qué estará haciendo Bowie ahora mismo?”.

Yo me lo imaginaba paseando por New York con un sombrero de copa, grabando un disco nuevo con Eno y los Pet Shop Boys, rodando un vídeo con David Lynch. Cosas que tal vez no había hecho y me encantaría que hiciera. O simplemente fumándose un cigarrillo y cortándose ese pelazo que tenía.

David Bowie

 

Sin sustituto

No parece que haya nadie que vaya a sustituirlo en el universo pop. Es el final de una época, mi mundo en desaparición. Igual que ni Michael ni Amy pudieron ser reemplazados por otras estrellas al menos igual de interesantes que ellos, nadie va a ocupar el vacío que deja Bowie.

Sería injusto echarle la culpa a los artistas actuales. Simplemente, no es posible ocupar un vacío así. Este tipo de seres humanos se da muy de vez en cuando. Pasarán siglos hasta que otro parecido vuelva a nacer. Y yo he tenido suerte de coincidir con ese espécimen único que fue David.

Conocí a Bowie cuando yo tenía 13 años. Estando un día en mi casa mirando por la ventana del salón, oí por una radio que alguien debía estar escuchando (yo no tenía radio), los acordes de ‘Starman’. Fue como si alguien me llamara desde el espacio exterior.

Después vi una foto de Bowie en alguna revista del corazón (en aquella época aún no compraba revistas musicales) y caí rendido a sus pies. Ya me fascinaba la música pop, sobre todo los Beatles y música tipo los Archies, T. Rex, Sweet, Slade o Alice Cooper.

Pero mi primer ídolo fue Bowie. Viví obsesionado por Ziggy Stardust y las Arañas de Marte una buena temporada. Bowie era el no va más para mí hasta que llegó el punk y lo barrió todo. Por entonces, mi primer ídolo, pasó a un segundo plano, pero siempre estuvo ahí. Incluso en los años 80 (duetos con Mick Jagger, Tina Turner o Freddie Mercury, trajes de colores pastel, arañas de cristal, películas insípidas y solos de guitarra interminables) le seguí teniendo cariño y algo de respeto. !El que tuvo retuvo!

Cuando llegaron los 90, me empezó a interesar de verdad otra vez. Y hasta hoy. Sus tres últimos discos son de mis favoritos y considero que supo envejecer como nadie. A través de sus álbumes y entrevistas, conocí a Mott the Hoople, la Velvet Underground, Lou Reed, Iggy Pop, Andy Warhol, Lindsay Kemp, Marianne Faithfull, Amanda Lear, Jacques Brel, George Orwell...

La lista de referentes pop que me descubrió es interminable. Bowie era una enciclopedia andante de influencias, sobre todo para un adolescente curioso como yo que no conocía a nadie de los que nombraba. Yo soñaba a diario con que Ziggy llegara a mi colegio en un platillo volante y me salvara del tedio y la mediocridad que me rodeaban. Juntos nos iríamos a otro planeta tras destruir la Tierra.

Al final, ha sido Bowie el que se ha ido de la Tierra dejándome solo aquí.

David Bowie

A favor

Ha sido un final perfecto. Bowie ha conseguido irse en el momento justo. Acababa de editar un disco buenísimo, tenía un buen aspecto físico y casi nadie sabía nada de la enfermedad que lo acabaría matando. La última escena de su último vídeo es una despedida en toda la regla. Si lo hace adrede, no le sale mejor.

No es posible resistirse al cambio. Como su canción ‘Changes’, la desaparición de Bowie va a hacer que todo cambie. Por lo menos, en lo que a música pop se refiere. Ya nada será lo mismo ni volverá a ser como antes. Yo creo que poco a poco el interés se va a ir reduciendo y el foco de creatividad y diversión recaerá en otro campo. ¿La literatura? No creo. ¿La pintura? Menos aún. Probablemente algo que ahora mismo ni nos imaginamos. Pero me parece que la música pop ya que ha dado de sí todo lo que podía ofrecer.

Deja grandes recuerdos. Bowie ha hecho lo mejor que puede hacer una gran estrella pop del siglo XX: dejar un montón de souvenirs, de imágenes, de momentos inolvidables. Ahora, con YouTube, todo ese patrimonio es de muy fácil acceso. Casi todas las etapas de su larga carrera han dejado alguna foto o vídeo espectacular. Aunque él ya no esté, ese legado queda para siempre.

 

En contra

Se va cuando más se le necesita. Un mundo pop donde la máxima estrella es alguien como Adele (lo opuesto a Bowie) y los artistas salen de concursos televisivos es un mundo necesitado de alguien con la imaginación y la genialidad de un David Bowie. ¿Qué vamos a hacer ahora?

La banalización de los mitos del rock. Espero que no se convierta en otra leyenda del rock tipo Kurt Cobain, Jimmy Hendrix o Bob Marley. Una imagen en una camiseta y dos o tres canciones que se repetirán en las cadenas de radio que se nutren de éxitos nostálgicos y serán las más chungas de sus repertorio. Mucho me temo que es inevitable que sea así.

El empacho que nos espera. Ahora se nos viene encima una buena temporada de homenajes, reportajes, reediciones, biografías autorizadas y no autorizadas. Hasta para un fan acérrimo, esto puede acabar siendo demasiado. Habrá que desconectar de los medios de comunicación durante una larga temporada hasta que se les pase la fiebre o se muera otra estrella.

David Bowie

David Bowie

 

DAVID BOWIE SEGÚN ALASKA

Alaska

Cuando el 10 de enero del 2016 Bowie decidió abandonar este planeta, los contadores se pusieron a cero. No sé si decir que termina formalmente el siglo XX o si pensar que empieza el siglo XXII, porque el XXI empezó con él.

En cualquier caso, los contadores sí que se pusieron a cero en mi vida. La muerte de Bowie me pilla con 52 años, cuarenta después de que descubrirle me cambiase para siempre. Una gran parte de lo que soy, al menos de lo que fui en ese momento de descubrimiento, muere con él.

Es muy difícil y da bastante vergüenza decir que la muerte de una persona que no has conocido te ha resultado devastadora. Parece una exageración propia de una drama queen. Pero yo soy poco dada a los excesos emocionales y sé perfectamente lo que significa perder a personas cercanas e importantes, así que hablo con propiedad.

La muerte de Bowie me ha dejado un vacío existencial más profundo de lo imaginable. Pero también me ha recordado que aquella niña de 12 años que eligió tener como sex symbol a un hombre que se maquillaba tomó la decisión correcta. Y que al decidir tomar como referencia a un artista que cambiaba radicalmente la música y la estética de un disco a otro estaba tomando también otra elección fundamental en mi formación como persona.

David Bowie

 

Modélico en todas sus etapas

Bowie tiene una carrera ejemplar, hasta el último momento, hasta el último disco. Es un artista global, no solo un músico brillante. Una persona interesada en el cine, en la literatura, en asimilar el talento de sus predecesores y contemporáneos. Eligió bien con quién codearse, de quien inspirarse y lo transmitió con talento.

Cuando alcanzó el éxito masivo, en 1983, tenía 36 años y ya había inventado la odisea espacial, a Ziggy Stardust, a Aladin Sane, el soul de ‘Young Americans’, al Duque Blanco, la experimentación ambiental de la trilogía de Berlín y la reinvención nuevo romántica del ‘Scary Monsters’.

En menos de dos décadas, había desarrollado discografía e iconografía suficiente para alimentar él solo la historia de la música de finales del siglo XX. Y con 69 años y a punto de morir editó su último disco, un trabajo coherente con su edad, con su momento vital. Lleno de oscuridad y de luz y perfectamente planificado, como todo lo que hizo.

Cuando decimos que es el Año Cero d.B (después de Bowie), no es solo una anotación cronológica. Es el Año Cero de una nueva época en la que será imposible que vuelvan a existir iconos de esa magnitud. La era digital minimiza la importancia de cada nuevo creador, aunque espero que sirva para seguir difundiendo la obra de la última estrella sobre la Tierra.

Bowie-5

 

A favor

 

Su leyenda. La desaparición de Bowie le hace ingresar en la mitología del rock. Tampoco era necesario, ya pertenecía a la iconografía imprescindible del siglo XX. Influyó en otros artistas y su imagen es tan reconocible como la de cualquier marcador cronológico.

En contra

El vacío. Su ausencia produce un vacío artístico irremplazable. ¿Cuántos artistas tienen su dimensión? ¿Alguno volverá a tenerla? Los nacidos en el siglo XXI jamás podrán apreciar el misterio de conocer poco a poco a un artista y que te cambie la vida sin YouTube o Spotify.

David Bowie

David Bowie

David Bowie

 

  • Imprimir
  • Enviar por e-mail
Este mes, en 'Primera Línea'
Amarna Miller: "El discurso contra el porno tiene las patas muy cortas"
Este mes, en 'Primera Línea'
publicidad
publicidad
Búscanos en Facebook
publicidad

© Ediciones Reunidas, S.A. | Todos los derechos reservados