Vicio y subcultura Antología guarra de Tove Lo

Tove Lo es el último reducto para los que aún creemos que otro pop, mucho más gamberro, insolente y marrano, es perfectamente posible. En Vicio y subcultura nos rendimos al turbio encanto de la diva sueca.

Tove Lo
Javier Blánquez | 20/11/2017 - 15:27

Hubo una época en la que en Vicio y Subcultura seguíamos de cerca la actualidad del pop comercial, porque no hace tanto tiempo que se dio en el mainstream anglosajón una estupenda generación de nuevas estrellas femeninas con un discurso hipersexualizado que nos daba la vida.

Era aquel momento en el que afloraban hembras post-adolescentes como la Miley Cyrus que chupaba martillos, la Katy Perry que se paseaba por los videoclips en taparrabos y jóvenes figuras como Charli XCX, Nicki Minaj o Ariana Grande, que no solo nos inspiraban novelas al estilo de Nabokov, sino que además tenían un punto freak, divertido, como de compañera del instituto con la que podías intercambiarte discos, porros y una litrona.

Eran muchachas desprejuiciadas, con una visión hedonista de la vida que además le sacaban partido a sus cualidades genéticas, que si la naturaleza las puso ahí sería para algo. En aquella época era habitual cruzar la fina línea que separaba el porno del decoro, la educación en una escuela de monjas y una producción de Brazzers, y creíamos vivir en una edad de opulencia visual e insinuaciones eróticas hasta que vino el gran auge de la teoría feminista a aguarnos la fiesta.

 

Cambio de tercio

De repente, todas las estrellas del pop eran feministas, proponían reafirmarse en su poder y no ceder a la mirada lasciva del varón, entendido como el enemigo a destruir, el bastión individual de ese mal colectivo al que llamaban ‘el heteropatriarcado’: fue cuando Miley Cyrus dejó de depilarse las axilas, Katy Perry se cortó el pelo, Beyoncé se puso a leer textos de la escritora Chimamanda Ngozi Adichie y además apareció Lorde, una adolescente con prontos repelentes que, a pesar de su juventud, parecía la reencarnación de Valerie Solanas.

Durante un tiempo lo vimos todo perdido: se acabó el pop tal como lo concibió Madonna, como un campo de batalla en el que la reafirmación feminista se hacía luciendo el cuerpo y demostrando iniciativa sexual, y no encerrándose en casa con una tarrina de Häagen-Dazs para ver cuatro capítulos de la serie ‘Girls’ del tirón.

Fue entonces cuando nos pasamos al bricolaje, la papiroflexia y la música clásica, pero un buen día apareció en el panorama internacional una joven sueca con mirada fiera y melena al viento llamada Tove Lo, y recuperamos la fe, volvimos al redil y supimos que el argumentario de la CUP, los libros de Capitán Swing y Twitter no lo habían destruido todo.

 

Tove va a por todas

Había un rayo de esperanza: en su primer disco, ‘Queen of the Clouds’ (2014), Tove Lo hablaba sin prejuicios de las cosas prohibidas –drogas, fiesta, tabaco, la masturbación, potar tras la borrachera, pedir expresamente que le comieran el coño– y además lo hacía al estilo del mejor pop contemporáneo.

Tove Lo

 

En sus primeras canciones le asistían productores como el equipo The Struts o Daniel Ledinsky, gente educada en la escuela de Max Martin y Dr. Luke, o sea, hitmakers eficaces que le daban a Tove Lo el apoyo musical preciso para que luego su discurso brillara con más fuerza.

Un discurso de la feminidad fuerte, dominante, que en vez de acongojar a la masculinidad con operaciones de castración, lo hacía a partir de una estrategia de sumisión: para Tove Lo, el hombre es un juguete que sirve a su propio placer, por el que sufre cuando no está cerca –siempre es mejor carne en barra que no un consolador a pilas–, pero que si lo tiene a mano, lo deja más seco que un pantano extremeño en invierno.

En los tres discos de Tove Lo –‘Queen of the Clouds’ (2014), ‘Lady Wood’ (2016) y ‘Blue Lips (2017’) –, esta sueca cañón se ha consolidado como la verdadera chica mala del gremio, alguien que no tiene problemas en restregarnos por la cara las fiestas que se corre y lo que se corre cuando echa mano del semental más fiable del garito al que ha ido a buscar compañía y fiesta [aquí entramos en bucle, en una cinta de Moebius de sexo y lujuria], y lo ha dejado claro tanto en sus apariciones en directo, en sus letras y, sobre todo, en sus videoclips.

Tanto es así que su trayectoria breve en la cima del pop nos ha dejado varios greatest hits del canalleo que los vamos a resumir ahora en un ágil listado al que hemos llamado ‘antología guarra de Tove Lo’. Vamos allá.

Tove Lo

  1. Habla bien claro y tiene la lengua sucia

Al principio de su carrera, Tove Lo daba muchas entrevistas y los titulares siempre iban por el mismo camino: “no tengo problemas en hablar de sexo”, “tener una mente abierta en sexo no es malo”, “no voy a pedir perdón por hablar de mi vida privada”, “todo el mundo se droga”, “no acepto que nadie me diga lo que tengo que hacer” y otro tipo de frases lapidarias que iban dirigidas tanto a hombres moralistas, que la tachaban de fresca, como a mujeres ídem –que, como diría Javier Marías, se comportan como monjas del siglo XXI– que cuestionaban su manera franca de hablar y comportarse.

Una cosa debe quedarnos clara: ni Tove Lo se comporta como una estrella del pop convencional –hay un punto de autodestrucción de su imagen que mola–, ni acepta que le digamos cómo tiene que ser. Ella siempre ha explicado que viene de un entorno familiar en el que el sexo y la desnudez son una cosa natural, que ha crecido en plena libertad y sin ataduras morales y que, ahora que tiene 30 años, no está para que le enjaulen entre convenciones artificiales y neo-puritanas. Además, dice, le gusta su cuerpo y si hay que enseñarlo, lo enseña. Nosotros, lógicamente, nos dejamos.

 

  1. El arte de sacarse las tetas en directo

Uno de los momentos más esperados en los conciertos de Tove Lo es cuando ella, sobre todo si es en verano y va en camiseta (normalmente de tirantes), decide levantarse la ropa como si fuera una spring breaker y le enseña al público sus dos blancas ubres, unas tetillas tirando a pequeñas, naturales, fuente de alimentación y abundancia. El cuerpo para Tove Lo es un lienzo artístico, y por eso se pone piercings un poco desfasados como el aro en su nariz –que es una cosa muy de hace una década– y se hace tatuajes gigantes que le ocupan toda la mano o un hombro.

Lo de enseñar las tetas no es un fijo en la quiniela, pero tanto en directo como en sus vídeos Tove Lo muestra un lenguaje corporal que tiende continuamente a la insinuación: exhibe un buen giro pélvico, saca la lengua con lascivia y siempre enseña los brazos, que le deben parecer lo más sexy de su anatomía. Un vistazo rápido nos demuestra que, a diferencia de Grimes y otras chicas del pop rarito, Tove Lo es fan de la depilación en esa parte concreta del tiempo. No le hemos visto la parte más secreta y no sabemos si luce matojo, pero fijo que, en caso afirmativo, se lo cuida como si fuera el jardín de Luis XIV en Versalles.

 

  1. Portadas calentísimas con potorro a la vista

En su segundo disco, ‘Lady Wood’, la foto de portada era una mano que se deslizaba suavemente hacia la entrepierna, solo tapada por un pantalón tejano cortísimo. Está claro lo que nos quiere decir Tove Lo, y no precisamente que ha empezado a leer las tragedias de Eurípides: sus letras están llenas de referencias a la masturbación –bálsamo cuando falta el hombre que le dé placer y le coma la hamburguesa–, que a la vez es una forma de armarse de confianza y poder, porque la mujer que se masturba asiduamente va por el día con la mente más clara y despejada.

Por si no tuviéramos claro que Tove Lo entiende su coño como centro de poder, como un grial húmedo, la portada de ‘Blue Lips’ es una fotografía en rojo de su entrepierna levemente camuflada bajo un tanga, en el que parecen palpitar esos ‘labios tristes’, que son los mismos del chiste del Señor Barragán: ‘Paco, dame un beso en los labios; y dice Paco: no, que cierras las piernas y me rompes la gafas’.

Lady Wood

 

  1. Los vídeos más canallas del momento

Si el manantial del agua Bezoya es fuente de vida, los vídeos de Tove Lo son fuente de morbo. En ellos sale de fiesta, folla, se encierra en su habitación y hace travesuras en la calle, sin ningún tipo de reparo moral: a quien no le guste, que se vaya a ver uno de Adele. El más ambicioso es ‘Fairy Dust’, una pieza de 30 minutos que incluye varios videoclips (‘True Disaster’, ‘Cool Girl’, ‘What I Want for the Night (Bitches)’, entre otros), y que es sin duda el mayor escaparate de canalleo de la musa de Estocolmo.

Varios hits: la historia comienza con Tove Lo llegando a una habitación de hotel llorando, de madrugada; dentro hay una chica despechada que se lamenta por su miseria en amores, pero se lo monta con Tove Lo, que demuestra que le gusta tanto la carne como el pescado. Más tarde van a un club, se siguen dando el lote con lengua y magreos, pero Tove Lo está de un salido que asusta y se arrima a todo lo que se menea; además se le transparentan los pezones en la camiseta.

Luego se pelean en plena calle, rompen, acaba liándose con un tipo en el desierto, se lo tira y al final del vídeo vuelve a su casa y se hace un dedo tumbada en la cama mientras arquea mucho el lomo del placer. Y luego está el vídeo de ‘Habits (Stay High)’, una canción que trata sobre sobre estar siempre colocada para olvidar los males de amores, y en la que seguimos a Tove Lo durante una noche destructiva de fiesta: se lía con chicas y chicos, fuma, come pastillas, se mete de todo. Ni Rihanna ha ido tan lejos.

  1. El vídeo de ‘Disco Tits’: cómeme todo lo negro

El vídeo de presentación de ‘Blue Lips’ es la última vuelta de tuerca del canalleo según Tove Lo: aquí vemos como, realizando una entrevista promocional en la que las preguntas las hace un muñeco amarillo en plan Flat Eric, le echan la bronca por decir palabras inapropiadas como ‘teta’.

Total, que se raya de su entorno y le propone al muñeco fugarse y hacer un largo viaje en coche, durante el cual el muñeco le realiza un cunnilingus en plena autopista. Luego se lo lleva a una habitación de hotel y llegan hasta el fondo del asunto, después de haber estado bailando borrachos en un bar.

¿A qué clase de mente sucia se le ocurre que un trapo de peluche te coma todo lo negro en un vídeo que han visto más de cinco millones de personas en internet?

Solo a Tove Lo, nuestra estrella del pop favorita. No la cambiamos por nadie.

 

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