El sexo de Lucía Así goza Ángel

Hay tantas maneras de disfrutar el sexo como seres humanos pueblan el planeta. Hoy, nuestra experta en sexo recupera la historia (real) de las relaciones íntimas entre un señor mayor y una cubana curvilínea.

Ángel y la mulata 3
Lucía | 19/09/2016 - 14:11

Admitámoslo: a menudo no es fácil tener sexo, estés o no en una relación de pareja, no nos engañemos.

Me refiero, por supuesto, a sexo con otros. Con uno mismo es tan sencillo como utilizar los dedos o la mano, algún juguetito sexual o simplemente, la imaginación para ponerse a tono. Pero ay, los roces con los otros no son tan sencillos de conseguir como pudiera parecer a primera vista. Y es una pena, porque todos seríamos mucho más felices, desde los políticos que tienen potestad para amargarnos la vida a los ciudadanos anónimos que se sientan a nuestro lado en el metro.

Al menos, desde que existe Tinder, hay que reconocer que lo de follar, tanto en ciudades como en áreas más rurales, es más sencillo. Pero imagínate que vivieras en un pueblo aislado de, pongamos por ejemplo, Asturias. Y tuvieses ya cierta edad, digamos que más de 70. A tu alrededor no hay “mozas” (ni de tu edad ni de cualquier otra) interesadas en echar un polvo contigo. Por supuesto, no dispones de un ordenador ni de una formación ad hoc para disfrutar del sexo virtual, no digamos ya, de una buena conexión a Internet. Un desastre, un desierto sexual, vaya. Salvo que seas Ángel.

 

Increíble pero cierto

Ángel hace años que se jubiló y según dicen los lugareños, cuenta con una buena pensión. Al parecer sus padres le dejaron un buen pico y un hombre de costumbres austeras como él, perdido en un villorrio de la montaña, no tiene muchos gastos. La vida de Ángel transcurre tranquila o monótona, elijan el adjetivo, viendo pasar las estaciones y hablando mucho del clima con los foráneos que se encuentra en el bar del hotel boutique que abrieron hace unos años en el pueblo: allí pasa las horas todas las tardes, al menos de esta forma se siente acompañado.

Seguramente Ángel espere pocas emociones de la vida, salvo en esos días de fiesta en los que ella viene a verle. Ella es una mujer ardiente, mulata de carnes prietas para más señas, de apenas 30 años, que le visita un par de veces al mes. Y viene a visitarle acompañada de su novio o vaya usted a saber quién es ese señor que se queda esperando en el coche mientras ella termina su actuación.

Cuando se le pregunta a Ángel cuándo volverá a verle la curvilínea hembra, contesta riendo que no sabe, pero que volverá. Y tanto que volverá, aunque sea al calor de los 500 euros que él le entrega cada vez que ella cruza el umbral de su puerta. 500 euros dos veces al mes son mil euros, oiga, hagan cuentas, que estamos en crisis…

Ángel y la mulata

 

Una plácida rutina

Dicen los lugareños que el hogar de Ángel necesita de una limpieza, vamos, que lleva años sin que el mocho acaricie los suelos del pasillo. Pero eso a la mulata le da igual. Ella entra segura de sí misma en la morada de Ángel: una vez allí, van juntos al dormitorio. Hay conversaciones sobre temas anodinos, risas nerviosas, a Ángel le sudan ligeramente las manos…

Lo curioso es que no hay un encuentro carnal entre ambos, o sea, que no follan. A Ángel le bastan unas cuantas caricias, unos cuantos mimos que le ablanden el corazón y que le pongan duro el miembro viril, ése que apenas usa ya. Zulema, digamos que se llama Zulema, se dedica a pasarle la mano por los cabellos y a acariciarle los brazos y el pecho, a mostrarse cariñosa en definitiva. Un billete bien lo vale.

Y luego llega la apoteosis: la mulata va desnudándose en esa habitación fría, húmeda, quitándose las prendas poco a poco y Ángel es el espectador privilegiado de tamaño espectáculo. Solo para sus ojos, hasta que se queda en bolas y Ángel se relame y se toca el miembro ya erecto, sin necesidad de Viagra alguno que no sea la piel azabache de la chica y esas caderas anchas y esos pechos que desafían la gravedad, con unos pezones inmensos, erectos por la temperatura, que Ángel chuparía y lamería hasta dejarlos lisos. Él no siente el frío del norte ni la humedad: solo un calor que emana de la entrepierna que ya le quema…

Y allí mismo, delante de ella, se masturba y se deja llevar hasta que eyacula, recordando sus años mozos, en los que se llevaba a las solteras del pueblo a retozar al campo. Después, ella se viste y Ángel, diligente, le da su dinero. Hasta la próxima cita.

Hay quien critica en el pueblo este intercambio de dinero por caricias. Pero, ¿quiénes somos para criticar cómo gozan del sexo los demás, máxime cuando no hay ni intercambio de fluidos?

Ángel y la mulata

 

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5 Responses to Así goza Ángel

  1. ArqueoBit dice:

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  2. ANGEL UYAGUARI dice:

    Me parece interesante la hostoria de Angely su invitada a muchos les parecerá poco convencional, sim embargo que lo que cuenta es que disfrute de la compañía de de una amante que le haga sentir vivo

  3. ANGEL UYAGUARI dice:

    Me parece interesante la hostoria de Angely su invitada a muchos les parecerá poco convencional, sim embargo que lo que cuenta es que disfrute de la compañía de de una amante que le haga sentir vivo

  4. Dionisio dice:

    Quisiera saber el nombre de la hermosa modelo,me encanta

  5. jhon villada dice:

    megustaria q me dijeras q es bueno para q dure mas tienpo parado

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