Coalición Canalla: KitKat, sexo a la berlinesa

Beber, bailar, tal vez follar… Nos sumergimos sin bombona en una de las pocas discotecas del mundo que alberga orgías cada fin de semana.

KitKatClub
Luis Landeira | 05/03/2013 - 9:58

“Un club berlinés donde, además de a beber y a bailar, la gente va a follar. Como en cualquier otra fiesta, con la diferencia de que aquí está todo pactado, además de haber camas y mobiliario adecuado para ello”. Así define el KitKatClub la artista, activista queer y post-pornógrafa María Llopis. Y tiene más razón que una santa.

El KitKatClub sólo podía estar donde está: en Köpenickerstr. 76, en el epicentro de Mitte, el barrio más cosmopolita de Berlín, entre galerías, museos, bares, ruinas y graffitis. Porque el KitKatClub es cultura subterránea y es sexualidad alternativa. Es alcohol, drogas, fetish y techno. Es cabaret erótico, poesía eléctrica y teatro lúbrico.

“Haz lo que quieras pero no dejes de comunicarte”, es el lema de este local que no tiene parangón en todo el mundo y fue creado en 1994 por Simon Thaur, uno de los personajes más inquietos de la escena berlinesa. Músico techno y director de cine porno, Thaur quiso unir sus dos pasiones en el KitKatClub (Kitty para los amigos). Y vaya si lo consiguió.

Techno, arte y fetichismo

Tres enormes pistas de baile y una zona exterior provista de una gran piscina climatizada. Ése es el esqueleto esencial del KitKatClub. Luego está la decoración del local, una pequeña obra maestra, basada en la iluminación ultravioleta y en hipnóticas pinturas fluorescentes, creadas por los artistas Der Täumer, Jürgen Feneberg, Till Bernesga y Dimitri Vojnov.

La única ley del Kitty es el dress code, que varía en cada fiesta y abarca un abanico que va del fetish al kinky, pasando por el leather, el latex, el high style, el goth, el glitter, el glamour, la extravaganza o los uniformes. En la puerta, muchas veces controlada por la bellísima novia de Simon, Kirsten Krüger, son tremendamente estrictos con la vestimenta.

Una vez dentro, es imposible aburrirse. Por un lado, la música es excepcional y cubre una amplia gama de sonidos electrónicos, como NuTrance, Elektro, Progressive o TechHouse. Y, por otro, está el espectáculo: tanto las actuaciones como los propios clientes, vestidos todos con espectaculares atuendos y entregados a extrañas actividades erótico-festivas.

Tras la puerta verde

La historia del Kitty está llena de baches y mudanzas. Ha cambiado de dirección cuatro veces, hasta dar con su emplazamiento actual, cerca del mítico club Tresor. Y en 2001 tuvo problemas con la justicia por “incitación al coito público”. Pero hoy el club está ya establecido, como oasis de fantasía que recibe más de 3.000 pervertidos cada semana.

En el Kitty, el sexo es omnipresente. Ya sea gay, hetero, bi o tri. Tanto sadomaso como vainilla. Pero, eso sí, todo muy civilizado y muy europeo. “Un leve gesto con la mano significa que no quiero contacto físico y se respeta”, apunta Miss Llopis. Así que no hay nada que temer. Tú decides el grado de implicación: mirar, tocar o pasar a mayores.

Pero si no te atreves a visitar el KitKatClub, también puedes disfrutarlo desde casa. Simon Thaur ha producido más de 50 videos porno grabados en su club. Se trata de sesiones privadas de sexo extremo, donde hay dobles penetraciones, felaciones, fisting, pissing, enemas y todo tipo de guarrerías. Échales un ojo en su página web.

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