Coalición Canalla: La ruta prohibida de Cutty Sark

Con motivo de la presentación del whisky Cutty Sark Prohibition Edition, el único scotch al más puro estilo de la Ley Seca, nos embarcamos en un paseo por el lado salvaje de Madrid.

El jacuzzi, la piscina y las bellas señoritas
Luis Landeira | 13/11/2013 - 11:21

13:00 horas. Los invitados a la ruta, dos periodistas y tres propietarios de bares de copas, llegamos al punto de encuentro, en un céntrico callejón sin salida madrileño. Allí, sin ni siquiera mediar palabra, el equipo de Cutty Sark nos cachea, nos confisca los teléfonos móviles, nos venda los ojos y nos mete en una camioneta, que arranca quemando goma. Tantas prisas y precauciones sirven para mantener en secreto el trayecto de la “ruta prohibida” que ahora mismo iniciamos.

13:05 horas. Mientras nos dirigimos a nuestro incierto destino, los secuestradores nos entregan un botellín de cerveza a cada uno. Uno de los tipos, de marcado acento yanqui, dice ser Rob McCoy, nietísimo de Bill McCoy, el legendario traficante de alcohol que distribuía Cutty Sark en tiempos de la Ley Seca. Trago saliva y empiezo a temer por mi pellejo.

13:10 horas. Al parecer, según nos cuenta McCoy, Cutty Sark nació hace unos 90 años, con la Ley Seca recién instaurada en los Estados Unidos. El objetivo de la marca era surtir al mercado norteamericano con scotch whisky de forma clandestina. El tipo también nos recuerda que el próximo 5 de diciembre se cumplen 80 años de la Enmienda XXI, que supuso la derogación del Prohibition Act. Cutty Sark lo celebrará lanzando Prohibition Edition, un whisky como los de antes: con 50 grados y sabor genuino. Sólo para mayores de 21 con el gaznate curtido.

13:15 horas. Seguimos en la camioneta y nuestros captores se niegan en redondo a devolvernos la visión. A juzgar por la velocidad y la ligereza del vehículo, ya no estamos en las pútridas calles del centro, sino en carretera, rumbo a las afueras. McCoy nos informa de que ya estamos cerca de su guarida. Se escucha algún chiste, seguido de risas nerviosas, en boca de los secuestrados. McCoy nos manda callar y, por la cuenta que nos trae, obedecemos.

13: 20 horas. Por fin, la camioneta se detiene. Nos hacen bajar y, cuando recupero la vista, creo haber muerto y resucitado en el Paraíso: dos angelicales señoritas nos sonríen y, con la misma, nos conducen a una lujosa habitación de hotel, con su piscina privada, su jacuzzi y su espejo sobre la cama. Nos reciben hombres y mujeres de dudosa reputación, que confirman la turbia relación de McCoy con la industria del porno.

13:30 horas. En la terraza, catamos nuestros primeros chupitos de Cutty Sark Prohibition Edition. Fuerte en boca y nariz. “Agua de fuego”, que diría un sioux. Templa el cuerpo y el alma. Un trago duro y sabroso. Cosa de hombres. Y una imponente botella negra. Como en los viejos tiempos.

13:50 horas. Cuando llevamos ya alguna copa de más, nos arrastran, de uno en uno, a una misteriosa habitación privada. Llega mi turno y una de las muñecas de McCoy me venda los ojos de nuevo. Noto cómo me sientan en una silla y, al recuperar la vista, alucino. Ante mis desorbitados ojos, un par de strippers perpetran un show de infarto. Estoy a punto de perder la cabeza. Por suerte, las chicas rematan la faena haciéndome tragar otro chupito de Cutty, lo que me apacigua. Si no, la cosa podría haber acabado a tiros. Y no precisamente de revólver.

14:30 horas. Un diestro bartender con cara de gángster me enseña a preparar un cóctel con el nuevo brebaje de Cutty. Compruebo que dos son las mejores formas de paladear este whisky: en chupito, acompañado de una cervecita fría para refrescar el gañote, o como ingrediente central de un explosivo cóctel. Porque mezclar esto con Coca Cola o Red Bull sería un delito grave. Y nadie quiere dar con sus huesos en la silla eléctrica.

16:30 horas. Las despampanantes nenas de Rob vuelven a montarnos en la furgoneta, esta vez para llevarnos de vuelta a la ciudad. Pero aquí no acaba la cosa. Ahora nos meten en una trastienda secreta, donde han organizado una timba de póker. Allí seguimos bebiendo y nos fumamos unos señores habanos. Así, puedo comprobar que los buenos puros potencian el delicioso sabor de Cutty Sark Prohibition Edition.

18:00 horas. Descamisados, sudorosos y completamente borrachos, acabamos la timba. Como era de esperar, los esbirros de McCoy nos han desplumado a todos. Sin duda, estaban compinchados con el crupier. Pero, al ser una partida ilegal, las reclamaciones al maestro armero. Al menos no ha venido la pasma, como cuentan que pasó ayer, en la timba de la frutería.

18:30 horas. Como despedida, nos tomamos un último trago. Para volver a catar este whisky, tendremos que esperar a diciembre, cuando esté disponible en los antros más canallas de las principales ciudades españolas. Estaremos atentos: por tratarse de una edición limitada, la juerga no durará siempre. ¿O sí? Hagan sus apuestas.

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