Coalición Canalla: La vuelta al mundo en cinco bares

Bangalore, Hollywood, Madrid, Tokio, Varsovia. Puede que no sean los mejores baretos del planeta. Pero son únicos en su especie.

Courtney
Luis Landeira | 30/04/2013 - 12:41

Imaginemos que, como si fuéramos unos Phineas Fogg etílicos, nuestros colegas nos propusiera una apuesta ad hoc: coger un mapamundi, poner el dedo en cinco grandes ciudades y buscar un bar en el que valga la pena liarla parda en cada una de ellas.

Y no hablamos de un bar cualquiera, por supuesto que no, sino de un garito con su historia y su encanto, un auténtico antro de perdición al que puedas ir solo o mal acompañado, tanto en tardes de poco plan como en noches de fiesta loca. Uno de esos lugares que, parafraseando a Gabinete Caligari, sean gratos para conversar. Y también para amar, comer, beber e incluso escribir. He aquí el resultado de esa apuesta imaginaria. Salud.

 

Jumbo’s Clown Room

(5153 Hollywood Boulevard. Hollywood, California, estados Unidos)

Fundada en 1970, esta barra americana conserva todo su venéreo glamour. En su pequeño escenario siempre hay una stripper haciendo pole dancing (la mismísima Courtney Love empezó moviendo el culo aquí). Y no hay dj que valga: sólo una jukebox que escupe rock’n’roll y hits de los 80. En cuanto a la decoración, bueno, es como una pesadilla kitsch. Paredes rojas, techo de espejos, suelo de baldosas blancas y negras… y muñecos de payasos por todas partes. En un lugar como este, no te vas a pedir una Fanta. Hay que pasar desapercibido, así que lo mejor es decir “bourbon” y dejar que la camarera haga el resto. ¿Cómo? ¿Que quién diablos para por aquí? Rockeros, taxistas, alcohólicos, prostitutas, actrices fracasadas… Y hipsters, claro, que peregrinan al Jumbo’s porque David Lynch escribió el guión de ‘Terciopelo azul’ en una de sus esquinas. O eso juran…

 

NASA

(1/A Church Street, Bangalore, India)

Es curioso, que haya que venir a un lugar tan exótico y ‘orgánico’ como la India para tomar una copa en el bar más sintético y espacial del mundo. Efectivamente, el bar NASA se llama así en claro homenaje a la National Aeronautics and Space Administration de los Estados Unidos, responsable de desastres como el Challenger o el Columbia. Y se nota a la legua. En cuanto entras, la iluminación fosforescente hace que parezca que te has caído dentro de la película ‘Tron’. Por si fuera poco, la decoración reproduce fielmente los interiores de un transbordador espacial. Los camareros y todo el personal del bar van disfrazados de tripulación espacial. Suena música futurista y electrónica. En las paredes hay proyecciones que provocan la ilusión óptica de que giramos alrededor de la Tierra. En fin, que si a esto le añadimos unos cócteles realmente explosivos, la experiencia es de lo más estimulante. Incluso llegas a marearte, como si de verdad estuvieras dando tumbos por el cosmos en un cacharro de la NASA.

 

Albatross

(1-2-11 Nishu-Shinjuku, Tokio, Japón)

¿Quieres empinar el codo en Tokio? Pues prepárate a perderte. Porque los mejores tragos están entre callejones, en los llamados “piss alleys”, bares diminutos que comparten un mismo aseo. Uno de estos tugurios, integrado en el Shomben Yokocho, es el Albatross que, en sí mismo, es una pequeña extravagancia arquitectónica que parece salida de una viñeta de Shintaro Kago. El bar está compuesto por una barra (o, mejor dicho, “barrita”) y tres pequeñas plantas, una de las cuales es una mini galería de arte, donde exponen fotógrafos y pintores emergentes cuyas obras se funden perfectamente con el ambiente del local. Las tres plantas se comunican por unas estrechas escaleras. La decoración trasciende el “vintage” y roza lo vetusto pero, aún así, resulta fascinante. Luces tenues, viejas lámparas de cristal, animales disecados, terciopelo rojo… El solo hecho de permanecer en este entorno, provoca cierto estado de embriaguez, que se puede potenciar degustando un sake, una cerveza nipona o un té oolong. Y si las pequeñas y abigarradas estancias de local te resultan demasiado claustrofóbicas, siempre puedes subir al tejado y emborracharte mientras contemplas luces de ciudad e ideogramas de neón.

 

El Palentino

(Calle del Pez, 12. Madrid, España)

Un bar castizo de toda la vida. Parece una tontería, pero ya van quedando pocos, sepultados muchos bajo el rodillo de la modernidad, suplantados por bares de diseño caros e insípidos. El Palentino es todo lo contrario: barato, sabroso y lleno de vida. Todo aquí es auténtico y genuino: el serrín del suelo, la vieja plancha, los tubos fluorescentes, la mosquitera, el olor a fritanga… Sólo falta que te cobren en pesetas. Pero no, aunque los precios son casi preconstitucionales: tres euros el cubata. ¡Y no ponen garrafón! Encima, los pepitos de ternera y los sandwiches mixtos están de muerte. Nació hace décadas, como el típico “bar de viejos”, pero, al estar en el corazón de Malasaña, fue invadido por estudiantes, rockeros y demás fauna. No en vano, Siniestro Total lo mentan en una canción. Y aquí se grabó el videoclip ‘Me llaman Calle’, de Manu Chao. Por lo demás, es el garito ideal para empezar una juerga. Así está los fines de semana, que no cabe un alfiler. Con todo y con eso, merece la pena apretarse. Casto Herrezuelo, dueño y principal camarero, te tratará como un parroquiano más. Aunque no te haya visto en su vida.

 

Klub Klaps

(Nowy Swiat, 22/28. Varsovia, Polonia)

Tapas variadas y chupitos de vodka para empujarlas. Es la última moda en Varsovia. Y el Klub Klaps sigue esta tendencia a medias: sirve vodka, pero a pelo. El etílico brebaje ruso (¿o era ucraniano?) es el nuevo combustible polaco, ideal para el clima nacional de inviernos fríos y veranos fresquitos. Un buen trago consigue que el cuerpo se temple y el espíritu se sienta dispuesto a todo. Por ejemplo, ligar y bailar en un local tan increíblemente extraño como el Klaps. Entre erótica y surrealista, la decoración incluye una pared llena de tetas de goma, tiradores de cerveza con forma de consoladores o una luz rojiza, como de puticlub, que crea un ambiente onírico, perfecto para asistir a los espectáculos de burlesque post Bettie Page que se ofrecen cada noche. En cuanto a la música, predomina el rock garagero de los 60, el soul, el punk, el glam, el rock’n’roll en general. Pero después del tercer chupito, uno se siente tentado de pedirle al pinchadiscos que ponga el ‘Warszawa’ de Bowie. O, ya puestos, ‘Enamorados de Varsovia’, de Ilegales.

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