Coalición Canalla: Tazmania Ballroom, copas y carambolas

Nos acercamos a Hong Kong para pasar una noche loca en un club de lujo donde, entre otras cosas, puedes comer, beber, fumar y jugar al billar.

Bellezas exóticas en el Tazmania
Luis Landeira | 21/05/2013 - 12:01

“El billar se funde con el baile, lo cool con lo chic y el juego con el glamour”, dice un anuncio de Tazmania Ballroom Pool Hall Lounge Club. Y es que no estamos hablando de un antro cualquiera, sino del último local fundado por el entreperneur Gilbert Yeung, responsable del mítico dragon-i, templo de los party animals más selectos de Hong Kong.

El Tazmania Ballroom no se queda atrás y destaca tanto por su apabullante decoración como por su oferta lúdica: es de los pocos lounges de la ciudad donde puedes jugar al billar y al ping-pong. Tres años después de su inauguración, la propuesta ha cuajado por completo y el Tazmania ha encontrado su hueco en la competitiva noche hongkonesa.

Tan british como James Bond

Ubicado en pleno distrito central de Hong Kong (en la primera planta de la LFK Tower, para más señas) Tazmania Ballroom tiene un encanto oscuro y decadente, pero empapado de elegancia british. No en vano, es obra del diseñador inglés Tom Dixon, responsable de obras maestras como el club privado londinense Shoreditch House.

Dixon y el Design Research Studio han logrado mezclar en el Tazmania la ambientación de los bares clandestinos yanquis de los años 20 con la estética de los clubes de juego para caballeros que salen en las pelis de James Bond. Desde que entras, a través de una escalera de bronce y espejos, tienes la sensación de estar en un lugar único y exclusivo.

Tras subir la escalera, emerges a un espacio amplio y barroco que incluye un elevado trono de DJ, billares chapados en oro, una larga barra de bar y terraza exterior. En cuanto a la clientela, está formada por ejecutivos, modelos, hombres de negocios y, en general, gente con posibles, que en Hong Kong no escasea. Sin duda, aquí se apuesta fuerte.

Entre bolas anda el juego

De entrada, sorprende llegar a una discoteca pija como Tazmania y encontrarte a la mitad de la parroquia jugando al billar o al ping-pong. Pides una copa y, a la mínima, ya te están retando a una partidita. Conviene aceptar pronto, porque a cierta hora, las mesas desaparecen como por arte de magia y todo se transforma en una gran pista de baile.

La música varía según el día de la semana. El lunes y el martes, los dj’s Ian y Alan funden rare groove con underground jazzy house, una mezcla ideal para empezar la semana. De miércoles a domingo, la cosa se acelera y Derek, el dj residente, pincha R&B de cinco estrellas, hip hop, old school disco y clásicos para todos los paladares.

En cuanto a la carta, está bien surtida. En el Taz puedes pedir lo que te dé la gana: desde un martini hasta champán, desde un puro de Cohiba hasta unos ravioli rellenos de foie gras de Wagyu, desde un copazo premium hasta un explosivo cóctel. Da igual. Todo te sienta bien cuando estás en el Tazmania. Más que un club, un viaje al fin de la noche.

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