Vicio y subcultura De cuando el rock era sexo y cocaína

Por múltiples razones, del sexo a la cocaína pasando por HBO, los años 70 y Martin Scorsese, Javier Blánquez cree haber encontrado en ‘Vinyl’ la serie más viciosa y subcultural del momento.

Reparto de Vinyl
Javier Blánquez | 16/02/2016 - 15:21

Cuando la cadena de pago HBO anunció que estaba produciendo una nueva serie de televisión ambientada en la industria del rock de los años 70, en lo primero que pensamos no fue en Martin Scorsese, que iba a dirigir los diez capítulos de que constaría, ni en el Rolling Stone de grandes morritos Mick Jagger, que es el productor ejecutivo -o sea, uno de los que ponen la pasta y toman las decisiones importantes-, ni siquiera en la banda sonora que la acompañaría, que es excelente, sino en la cocaína.

Los años 70 fueron muchas cosas, pero sobre todo fue la década del perico como droga de uso pujante entre el nuevo poder empresarial organizado alrededor del rock. No es que no estuviera antes, pero en los 70 -década egoísta, en buena parte deprimida, pendenciera y sucia– la coca subió como la espuma y marcó el carácter de la música popular. No había nadie en el mundillo que no la comprara, que no la consumiera, que no la utilizara para sentirse el rey del mundo.

Así que HBO finalmente dio luz verde a la serie de Scorsese, se ha rodado en su integridad, se ha estrenado este pasado domingo con un episodio piloto de 100 minutos, y en la primera escena ya vemos al protagonista de ‘Vinyl‘, el actor Bobby Cannavale, dentro de un coche en un callejón de mala muerte en Nueva York hacia el años 1975, comprando coca a un camello, y consumiendo el material a la desesperada, buscando el subidón inmediato, arrancando el espejo retrovisor para dividir la mercancía en finas líneas de hormiguitas blancas, y al cabo de pocos minutos dirigiendo sus pasos a un club infecto en el que escucha el futuro del rock’n’roll, que en la serie no es Bruce Springsteen, sino The New York Dolls, o sea, el anticipo del punk travestido de glam, y entonces entra en éxtasis, porque vuelve a ver el origen de todo esto: la intersección entre sexo, drogas y velocidad.

Bobby Cannavale

 

Cosa seria

‘Vinyl’ es una serie perfecta para quien a) adore la música (y en particular el rock); b) le interese una dramatización, aunque no exenta de naturalismo, de unos años especialmente viciosos y c) acepte un sucedáneo de la típica película de gángsters de Scorsese, pero cambiando a los traficantes, los matones y los capos por los grandes ejecutivos de sellos multinacionales, abogados sin escrúpulos y cazatalentos desesperados por encontrar el gran hit.

El protagonista de ‘Vinyl’, Richie Finestra -con el que Cannavale, por fin, alcanza un papel a lo grande y a su medida-, es el dueño de American Century, un sello discográfico en decadencia que intenta sobrevivir en la jungla del rock mientras busca ‘lo nuevo’, la siguiente ola dominante que le produzca dinero -que es lo que luego conlleva sexo y drogas-.

Todo lo que fichan es una mierda, intenta atar sin éxito un contrato con Led Zeppelin, busca fusionarse con la compañía que sostiene la discográfica de música clásica más importante de Europa, pero eso no detiene una sangría de beneficios implacable porque en los años 70 la música cambiaba a velocidades de vértigo, los públicos se habían dividido en nichos cada vez más sectarios, y los hits podían estar en cualquier lugar: entre los negros que hacían funk, entre las primeras bandas metal, en el rock bigotudo o en esa escena emergente y conflictiva de bandas ruidosas que se enfrentaban al público con escupitajos y golpes de guitarra como si fueran bates de béisbol.

Olivia Wilde

 

Emociones fuertes

El primer episodio de ‘Vinyl’ no es perfecto porque es larguísimo -sin ser una película-, pero es apetitoso porque en la serie estamos viendo un desarrollo espectacular, premios Emmy a porrillo y, sobre todo, una radiografía de una época en la que el flujo del dinero y el estatus del superestrellato daba pie a la configuración de la industria musical tal como la conocemos hoy: las estrellas del rock ya no son las que dominan -ahora son los swaggers, los dj’s y los raperos los que se benefician de los narcóticos en abundancia y las orgías sin fin, borrando únicamente el ‘rock’n’roll’ en la famosa ecuación de Ian Dury, ‘sexo, drogas y etc.’-, pero el nivel de promiscuidad y juerga es exactamente el mismo.

‘Vinyl’ anima a emprender un viaje en el tiempo para ver cómo comenzó todo, cómo se sentaron las bases de la estructura que todavía hoy domina el negocio musical. Sólo hay que cambiar al ejecutivo de radio que se tira dos días seguidos bebiendo whisky y tomando coca por un alto cargo de una plataforma de streaming, y a las bandas punk por productores de trap.

La serie es buena porque tanto Jagger como Scorsese estuvieron allí, cuando todo esto sucedía. Jagger era protagonista de un subidón de energía que pasaba por las groupies dispuestas a todo, las jeringuillas y los billetes enrollados, las fiestas sin pausa y la música alta, el flujo de dinero en millones y el flujo vaginal en litros, mientras que Scorsese siempre ha sido un gran aficionado a la música, que no sólo conoce los hits -la banda sonora de ‘Vinyl’ es una delicia-, sino que tiene bien documentados los entresijos de una época en la que hasta el más miserable de los críticos de las revistas -hay ganas de que salga un personaje inspirado en Lester Bangs– vivía con la nariz permanentemente metida en una bolsa de zarpa.

Juno Temple

En su radiografía del vicio y los márgenes prohibidos, ‘Vinyl’ recuerda más a ‘Boogie Nights’, la película de Paul Thomas Anderson sobre los inicios de la industria del porno, que a otras obras del propio Scorsese, ya sean ‘El lobo de Wall Street’ o ‘Uno de los nuestros’.

También intenta ser una versión sucia, hiperrealista y exenta de elegancia de ‘Mad Men’: allí eran hombres encorbatados que fuman y que calculan muy bien sus emociones para obtener beneficios de toda índole, y aquí son hombres con patillas y camisas de flores que se meten la coca en esnifadas violentas y que, lógicamente, tienen las emociones alteradas por el estímulo añadido del pelotazo, del subidón, y que la cagan porque viven todo el rato en esa nebulosa de whisky, colombiana, latigazos eléctricos y reyertas con botellas de cerveza rotas.

Si el punk fue un día la subcultura más excitante del planeta -tanto es así que, con su energía y su rabia, derribaba edificios (literalmente)-, y si la industria discográfica fue el paraíso del vicio en toda su dimensión, está claro el resultado de esta fórmula: ‘Vinyl’ es la nueva serie favorita de ‘Primera Línea’. Ya estamos deseando que Scorsese -I’m waiting for the man- nos sirva una nueva loncha el próximo domingo, para aspirarla hasta la última puntita y seguir las andanzas de Richie Finestra, el hombre que no es que viera el futuro, sino que además lo escuchó y se lo pinchó en vena.

Sexo, drogas y Scorsese

Los 70 más salvajes

  • Imprimir
  • Enviar por e-mail
Este mes, en 'Primera Línea'
Nerea Garmendia: "Me encanta que me sorprendan en el sexo y en la vida"
Este mes, en 'Primera Línea'
publicidad
publicidad
Búscanos en Facebook
publicidad

© Ediciones Reunidas, S.A. | Todos los derechos reservados