Échate un Casquet: La venganza de Chiqui Martí

A Casquet se le ocurrió poner a prueba el arte de una de las strippers más cotizadas del mundo mundial. Acabó bailando sobre tacones de aguja y mojada hasta los tobillos.

Chiqui Martí
Noemí Casquet / FotOS: ALBERTO LÓPEZ | 13/02/2014 - 13:05

Conocer a alguien con una trayectoria tan mediática como la de Chiqui Martí impone respeto. Mucho. Y la presión aumenta si le añadimos el reto que tenía preparado para la intensa entrevista que estaba a punto de hacer con ella.

Llegamos por la tarde a su estudio de striptease Strip Art, en pleno centro de Barcelona. Yo iba rodeada de todo el equipo de producción para grabar el programa que se emitiría esa misma semana.

Nada más llegar el personal del estudio se aprovechó de nuestros cámaras para cambiar las bombillas fundidas de la entrada mientras esperábamos a la guapísima protagonista, que no tardó mucho en hacer su aparición. Y menuda aparición

 

Toda una diva

Pelo rosa fucsia, una musculatura que impone respeto, tatuajes y una sonrisa imborrable. Así es Chiqui, una mujer simpática, extrovertida y con carácter. Nerviosa, la acompañé un momento al vestuario y le comenté cómo se desarrollaría la entrevista. Chiqui iba cambiando de cara a medida que yo le contaba la idea, pero al final acabó aceptando someterse a nuestros caprichos… a medias.

Estuvimos preparando todo el lugar de rodaje: las cámaras, los micros, la luz… Incluso jugué con las barras americanas y probé mi torpeza, una vez más. No os imagináis lo difícil que me resulta trepar por ese tubo resbaladizo. Creo que debí elevarme unos 20 centímetros sobre el suelo. Todo un récord ¿verdad?

En cuanto salió Chiqui del vestuario, le pusimos el micrófono y empezamos la entrevista. Hablamos sobre su trayectoria, su pasión por el poledance, el accidente que sufrió hace unos diez años y que marcó un antes y un después en su vida, sus momentos más felices y aquellos que es mejor no recordar.

Mientras hablábamos, yo contemplaba impresionada los músculos de Chiqui y su perfecto estado físico. Y por un instante pensé que debería probar eso del strip-art para ver si mi cuerpo se definía de tal forma. Pero recordé que, minutos antes, había comprobado mi ineptitud con ese tipo de barras y me olvidé de la idea al instante.

 

Una mujer con recursos

Había llegado el momento del reto y yo estaba casi temblando. Saqué una barra de pan, una sartén y una botella de agua y le propuse a Chiqui de hacer el striptease más difícil de la historia: debía utilizar esos tres objetos para realizar tres coreografías.

-Pues mira, con esta sartén, te daría una hostia que te estamparía contra la pared –, eso fue lo primero que me dijo.

Me reí, por supuesto. Pero también pensé que si aquello iba a serio, si una mujer con semejante fuerza me arreaba un sartenazo, yo no viviría para contarlo. Sin embargo, al cabo de pocos segundos, Chiqui había renunciado a cualquier pretensión de agredirme y empezaba a realizar diferentes pasos con la afortunada sartén. De repente, me sorprendí maravillándome ante la capacidad de aquella mujer por convertir en sensual todo lo que toca. Incluso una sartén.

Seguimos con la barra de pan. Después de que nos comiésemos un trocito (aquí abajo tenéis la prueba), Chiqui la utilizó como bastón en el cabaret más improvisado del momento.

Incluso una barra de pan puede resultar sensual

Por último, llegamos al agua. Ni corta ni perezosa, Chiqui se empezó a echar el agua por encima para mojarme a mí a continuación y convertir aquello en una improvisada fiesta de camisetas mojadas. Dicen que la venganza se sirve fría… Y lo cierto es que aquella ducha de agua helada me había dejado los pezones en posición de firmes, como para rayar cristal. Y así Chiqui y yo, mojadas hasta los tobillos, despedimos el programa entre carcajadas y escalofríos.

Aunque la venganza no quedó ahí. Más tarde Chiqui me dio unos tacones dos tallas más grandes que mi pie de gnomo y me hizo bailar una coreografía de cabaret con toda su clase. Me sentía totalmente perdida entre sillas, bastones, chicas insinuantes y una música alta que marcaba el rápido compás.

Esa tarde aprendí cuál es el verdadero sentido del refrán “al que al cielo escupe, en la cara le cae.”

  • Imprimir
  • Enviar por e-mail
Este mes, en 'Primera Línea'
Janice Griffith: La actriz porno fumeta que odia el sexismo y el racismo
Este mes, en 'Primera Línea'
publicidad
publicidad
Búscanos en Facebook
publicidad

© Ediciones Reunidas, S.A. | Todos los derechos reservados