Historias del porno El Cary Grant del cine X

En nuestras historias del porno, toca esta vez repasar las siete vidas de Harry Reems, pionero del cine X de los 70 que superó sus múltiples adicciones y acabó convertido al cristianismo y trabajando de agente inmobiliario.

Harry Reems
Paco Gisbert | 05/07/2018 - 11:46

A finales de la década de los setenta del siglo pasado, Nueva York era un hervidero cultural. Miles de jóvenes se buscaban la vida en la Gran Manzana acudiendo a cástings de obras de teatro y representando pequeños monólogos en bares y cafeterías para poder pagar el alquiler de su piso.

Herbert Streicher, un chico nacido en el Bronx en agosto de 1947, era uno de esos jóvenes. En su aventura por tener algo de dinero, había trabajado como actor en espectáculos de burlesque, rodó anuncios publicitarios para televisión y participó en pequeñas obras en el off Broadway, el circuito de teatro alternativo de la ciudad.

Pero aquellos trabajos eventuales no le daban una seguridad económica y, un día, cuando ya se le habían acabado los amigos a los que pedirles prestado dinero, habló con un colega de la National Shakespeare Company y le preguntó si conocía alguna forma de conseguir algunos dólares de forma rápida.

 

Una carrera relámpago

Este le contestó que la mejor manera era hacer películas pornográficas, a 75 dólares cada una. Streicher dudó si aceptar, con el convencimiento de que haciendo porno arruinaría su incipiente carrera como actor teatral, pero las necesidades económicas pudieron más.

Harry Reems

 

Unas semanas más tarde, Herbert Streicher estaba rodando loops en los improvisados sets de filmación instalados en pisos de la parte este de Nueva York. Con el nombre artístico de Harry Reems, formaba parte de la pequeña familia que dirigía, actuaba y producía un loop por día para abastecer a las primeras salas X nacidas en los Estados Unidos.

Su fiabilidad en el sexo, su sentido del humor y su físico lo convirtieron muy pronto en uno de los personajes fundamentales de la prehistoria del porno, hasta el punto de que la mayoría de los cortos sicalípticos que se realizaron en Nueva York en 1970 fueron dirigidos, producidos o protagonizados por él junto a Sean Costello y Fred Lincoln, un trío al que todos conocían como “The Dirty Three”.

Un año más tarde, Harry Reems era todo un experto en cine porno. Y no solo como actor. De hecho, su intención era ir abandonando poco a poco su presencia delante de las cámaras para trabajar entre bastidores. Por eso, su buen amigo Gerard Damiano lo contrató como jefe de eléctricos de su siguiente película, un largometraje titulado ‘Garganta profunda’ que iba a filmar en Miami en febrero de 1972.

Harry Reems

 

El círculo virtuoso

Damiano pensaba que, en la soleada Florida, encontraría un actor para interpretar el protagonista masculino de un filme cuya estrella femenina, Linda Lovelace, se distinguía por una extraña cualidad: era capaz de tragar un pene totalmente. Pero Damiano no encontró a nadie para interpretar al Doctor Young, el extravagante médico que le diagnostica a la heroína su extraña enfermedad: tiene el clítoris en la garganta. Y le pidió a Harry que encarnara al galeno.

Aquella película encumbró a Harry Reems como el actor de cine porno más importante de su generación, puesto que ‘Garganta profunda’ se convirtió, gracias a los medios de comunicación, en mucho más que un simple filme porno, en el acontecimiento que dio visibilidad a un cine, hasta entonces, condenado a las alcantarillas.

Reems aprovechó la fama para seguir trabajando como actor en películas que han pasado a la historia del género, como ‘El diablo en la señorita Jones’, o ‘Memories Within Miss Aggie’. Y es que Harry Reems, actor vocacional de teatro, aunque malo, era el favorito de su generación, un tipo que encarnaba -con su eterno bigote, su sonrisa y su torso no depilado- el prototipo del símbolo sexual de su tiempo. Además, era un actor que caía bien. Parecía simpático incluso follando. Una especie de Cary Grant del porno.

Harry Reems

 

Sin embargo, las secuelas de ‘Garganta profunda’ siguieron interfiriendo en la carrera de Reems. En julio de 1974 fue arrestado en Nueva York bajo la acusación de obscenidad y once meses después el fiscal de Memphis Larry Parrish formuló una acusación contra el actor a causa de su participación en la película, junto con otras 11 personas, fruto de la diferente legislación que sobre pornografía que regía en los diferentes estados de la Unión.

Algo así como si a Arnold Schwarzenegger lo procesaran por matar a gente en ‘Terminator’. Condenado al año siguiente, la prensa liberal norteamericana y algunos actores de Hollywood, como Jack Nicholson o Warren Beatty, promovieron una campaña para recaudar fondos con el fin de pagar su apelación. Finalmente, el juez federal Harry W. Wellford absolvió de todos los cargos a Harry Reems y a todos los demás procesados que formaban parte del equipo técnico del filme, y condenó a penas que oscilaban entre tres meses y un año de prisión a seis encausados, todos ellos con conexiones con el crimen organizado y todos ellos bajo el cargo de producir y distribuir material obsceno.

La presión mediática que hubo de soportar Harry Reems y la atención que su proceso suscitó entre los profesionales del cine convencional acabaron por arruinar la carrera como actor del protagonista de ‘Garganta profunda’, que entró en una peligrosa espiral de alcohol y drogas mientras se relacionaba con estrellas de la talla de Steve McQueen, Hugh Hefner o Ali McGraw.

 

En los tribunales

Como consecuencia de aquel juicio, la vida de Reems devino un infierno.

Harry Reems

 

Retirado del porno en 1976, pasó por varias clínicas de desintoxicación, psiquiátricos y cárceles a causa de sus problemas de alcoholismo, drogadicción y sus deudas fiscales. Desapareció sin dejar rastro hasta que, en 1982, recibió una propuesta del distribuidor Reuben Sturman que no pudo rechazar. Sturman le ofreció 75.000 dólares para volver a actuar en una película X.

El filme se llamaría ‘Society Affairs’ y lo iba a dirigir Robert McCallum. Reems aceptó, aunque, durante el rodaje, demostró que sus problemas con la bebida y las drogas no formaban parte del pasado. La filmación se retrasó en varios días a causa de sus dificultades para conseguir una erección y sus salidas nocturnas a los clubes de Los Ángeles, donde practicaba el sexo sin pensar en sus obligaciones de la mañana siguiente.

Pese a sus continuas recaídas, Harry Reems relanzó su carrera como actor porno a partir de ‘Society Affairs’, hasta el punto de convertirse en el protector de una nueva generación de actrices que estaban destinadas a revolucionar el cine X de la primera mitad de los ochenta. Y eso que había perdido el aura que le acompañó años antes.

Ni su físico, trasnochado para los 80, ni su personalidad se adaptaban a los nuevos tiempos. Aun así, entre 1982 y 1986 participó en medio centenar de películas, la mayoría de ellas grabadas en vídeo, el formato que se había impuesto en la producción de películas porno, y compartió fluidos con estrellas de la talla de Ginger Lynn, Traci Lords o Kelly Nichols, hasta su definitiva retirada en 1986.

Dos años antes había conocido a Jeanne Starret, una camarera con la que se casó en 1985 y que lo convenció para que abrazara la fe cristiana. Tras ser arrestado en dos ocasiones por incidentes relacionados con el consumo de alcohol y drogas, en 1989 se sometió a un programa de rehabilitación que lo curaría completamente.

Limpio de adicciones, se instaló en Park City (Utah) dispuesto a darle una segunda oportunidad a la vida, de forma anónima, trabajando como agente inmobiliario. Su nueva vida duró 23 años, los que transcurrieron entre su desintoxicación y el cáncer de páncreas que acabó con él el 19 de marzo de 2013 en un hospital de Salt Lake City. Tenía 65 años llenos de luces y sombras, cielos e infiernos, gloria y abismo.

 

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