Historias del porno El hombre que sabía demasiado

Director creativo en su día de sellos en la primera división del gonzo internacional, Pierre Woodman es hora mismo un verso suelto que no duda en denunciar la poco prometedora deriva industrial del cine X en los últimos años.

Boroka
Paco Gisbert | 09/05/2018 - 16:14

Pocas personas conocen el porno europeo como Pierre Woodman (Auvergne, Francia, 1963), un hombre que ha trabajado para las grandes compañías del viejo continente, ha rodado con las mejores estrellas, ha visto pasar por delante de sí la historia del cine para adultos y ha catado, en sentido literal, a varios millares de actrices X.

Woodman fue policía en París de los 20 a los 23 años, hasta que tuvo la ocasión de convertir su pasión por la fotografía en su profesión y se recicló en fotógrafo de moda. En 1989 recibió una oferta para trabajar como fotógrafo en una nueva revista de información sobre porno, ‘Hot Vidéo’, y su talento no pasó desapercibido para Bert Milton, propietario y máximo responsable de Private, quien lo contrató para trabajar en su empresa.

Durante algo más de un año, Woodman fue ayudante de dirección de Michel Ricaud en las míticas producciones que la compañía sueca rodó en playas paradisíacas de Costa Rica, el Caribe o las Seychelles. Precisamente, en el archipiélago del océano Índico, durante el rodaje de ‘Club privado en las Seychelles’, Ricaud falleció arrastrado por una ola gigante cuando se dirigía a la localización de la última escena del filme, en junio de 1993.

Pierre Woodman acabó la cinta y se convirtió en el heredero natural de Ricaud en la compañía escandinava. En Private, Woodman rodaría sus mejores películas (‘Tatiana’, ‘Sexo en las pirámides’, ‘Cape Town’), amparado por altos presupuestos y la extraordinaria capacidad del cineasta francés para descubrir nuevas actrices, algo que plasmaría, desde 1997, en su famosa serie ‘Castings X’. En dichos cástings no solo ha descubierto a actrices como Silvia Saint, Anita Dark o Tanya Russof (con quien estuvo casado entre 1996 y 2000), sino que ha iniciado analmente a muchas de las futuras estrellas del triple X.

Pierre Woodman

 

Trotamundos del sexo

Tras un paso por Hustler y un fugaz retorno a Private, en 2006 Woodman decidió fundar su propia compañía, con sede en Barcelona, cuya punta de lanza fue ‘Xcalibur’, épica leyenda basada en los cuentos artúricos rebozada de sexo duro en la que participaban 40 actrices X y contó con un presupuesto de 800.000 dólares. Pero la aventura en solitario del galo duró solo dos años. Atropellada por la caída de ventas del DVD que provocó la generalización de Internet como soporte de venta de contenido erótico, Woodman Entertainment cerró sus puertas dos años más tarde.

Pero Woodman tuvo la capacidad para reinventarse.

Pierre Woodman

 

Subió a la red sus cástings (lleva publicados casi 3.000 en estos momentos) y, en 2010, creó su página web,wakeupnfuck.com, en la que están alojados algunos de sus últimos trabajos, rodados en habitaciones de hotel.

Establecido definitivamente en Budapest, Pierre Woodman se ha erigido como la principal voz de protesta contra la deriva que ha tomado el porno en los últimos años, tanto en lo que se refiere a los métodos de distribución como en los contenidos.

“La gente raramente paga [por una escena porno], porque prefiere ver mierdas en los ‘tubes”, nos decía en la edición impresa de esta revista hace casi cinco años. Quizás porque sabe demasiado de cómo funciona el negocio para adultos, un lustro después, Woodman se mantiene firme en su cruzada contra el porno gratuito y lo relaciona con la degradación de los contenidos que implica una peligrosa espiral de violencia: “Las escenas son cada vez más violentas, porque la gente está demasiado habituada a ver cualquier cosa y hay que ofrecerles emociones fuertes para que estén dispuestos a pagar por ellas”.

Pierre Woodman

 

En el documental ‘Pornocratie’, de Ovidie, Woodman iba más lejos, al desvelar que los actores se inyectan alprostadil para permanecer erectos durante mucho tiempo y las actrices usan relajantes anales para soportar el dolor, lo que acaba “destrozándolas”, según el cineasta.

Quizás el hombre que sabía demasiado no tiene sitio en una industria como la del porno actual, dominada por un monopolio de sites gratuitos en los que se comercia sin pensar en las personas ni en los peligros que pueden acarrear sus métodos para los jóvenes en un futuro.

Pero ahí sigue…

 

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