Vicio y subcultura: Emilia Clarke vuelve a enseñar carne

Para Blánquez, Emilia Clarke se ha hecho un enorme favor aparcando por fin los remilgos y pagando el peaje que debía pagar para consolidar su carrera: desnudarse de nuevo en ‘Juego de tonos’, demostrándonos que sigue siendo el principal aliciente lúbrico de la serie de HBO y una de las mujeres más sexis del planeta.

Emilia Clarke
Javier Blánquez | 17/05/2016 - 16:57

Cuando la revista ‘Esquire’ publicó su lista de ‘las mujeres más sexys de 2015’ y situó a Emilia Clarke en el primer puesto, muchos intuimos que la actriz que encarna a Daenerys Targaryen en ‘Juego de tronos’ se iba a venir muy arriba.

La verdad es que había motivos: la serie estaba en su momento de mayores audiencias y desbordamiento del fanatismo, y ella había maniobrado hábilmente para hacerse desear. Recordarán quienes no tengan memoria de periquito que uno de los motivos por los que ‘Juego de tronos9 le ha ido gustando a la gente es porque, además de sangre a mansalva -decapitaciones, mandobles, amputaciones, mordiscos de fiera, apuñalamientos y latigazos-, además de algún que otro dragón, también había muchas tetas. Montones de ellas. Un festival de la ubre.

 

Caza mayor

Y dentro de ese aspecto sexual de ‘Juego de tronos’, Daenerys era sin duda el trofeo más cotizado. En el libro original en el que se basa la serie, hagamos memoria, Daenerys es todavía una adolescente que vaga sin rumbo por Essos, las tierras al este de Westeros (Poniente), protegida por mercaderes que intentan encontrarle una posición de poder, gracias a matrimonios de conveniencia, desde la cual poder reclamar el Trono de Hierro.

Emilia Clarke

 

Así que, en gran medida, Daenerys se convierte en mercancía sexual adquirida por Khal Drogo, el líder de una raza de jinetes brutales conocida como Dothrakis. Es Khal Drogo (o sea, Jason Momoa, el futuro Aquaman) quien primero se la lleva al huerto, y de ahí que en la primera temporada hubiera unas escenas de sexo muy bestias en las que el pecador de la pradera le perfora hasta el fondo el túnel del Cadí. En una entrevista reciente, nuestra querida Emilia ha recordado aquella escena confesando que Momoa tiene “un pene fabuloso”, lo que dicho en palabras sencillas vendría a ser que tiene una memorable tranca digna de un caballo.

La audiencia se quedó con el rollo, y en cada nuevo capítulo deseaba que Emilia enseñara carne. Y durante buena parte del desarrollo de la serie, cada vez que aparecía Daenerys teníamos una generosa vista del culo de Emilia, de una teta de Emilia, o de generosas porciones de su anatomía, porcelanosa y reluciente, un ingrediente más en el explosivo cóctel de desnudos que se completaba, aquí y allá, con el polvete de un rey, las putas de Tyrion, el lupanar de Lord Baelish o alguna que otra salvaje dispuesta a desafiar el frío y la nieve más allá del Muro con una muestra delicada de su anatomía pecosa. Gracias, Señor, por estos alimentos.

 

Madre de dragones

Pero desde la tercera temporada, Emilia Clarke no se sumaba a la fiesta del despelote e incluso llegó a afirmar que nunca más se desnudaría en ‘Juego de tronos’. Para los fans, evidentemente, fue un gesto que, si utilizáramos un léxico antiguo, identificaríamos con hacerse la estrecha o la reprimida.

Sobre todo porque es a partir de la cuarta temporada, en el momento en que Daenerys ya está asentada en la tercera de sus ciudades conquistadas, Meereen, cuando ella empieza a follar más que nunca con uno de sus protectores, Daario. Antes, cuando Daenerys hacía la caidita de Roma se le veía mucha extensión de su dermis, y desde ese momento sólo veíamos escenas post-coitales sin morbo, conversaciones de almohada entre uvas y licores, y nos teníamos que conformar con un hombro y poco más. El mayor trofeo de ‘Juego de tronos’, la mujer más sexy de 2015 según ‘Esquire’, nos negaba sus riquezas. Lógicamente, hubo indignación entre los fans.

¿Por qué decidió Emilia que hasta aquí con la exhibición de sus encantos? La primera razón estaría en el hecho de considerar que muchos de los desnudos de su personaje en la serie eran gratuitos, sin que los amparara eso que conocemos como “las exigencias del guion”, y no quería verse como un vulgar objeto para satisfacción de hordas degeneradas. Se sentía carnaza para pajilleros, para gente morbosa como usted y como yo, y ya que tenía el control de la situación -no hay personaje más importante en la serie que el suyo-, decidió cortar por lo sano, y si alguien quería verla en bolas antes tendría que pedirle salir e invitarla a cenar, como hizo durante unos meses Seth McFarlane.

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El gran salto adelante

Además, habiendo emergido de la nada más absoluta, en ese momento Emilia Clarke tenía grandes perspectivas para el desarrollo de su carrera como actriz: le empezaban a llegar guiones de Hollywood, ofertas jugosas, y sabiendo que algún día tendría que acabarse ‘Juego de tronos’, era el momento de plantearse jugadas más ambiciosas en la gran industria del cine.

Al fin y al cabo, la actriz británica tiene 29 años y la jubilación aún le espera lejos. Consideraba que si se forjaba una imagen de joven fresca dispuesta a desnudarse a las primeras de cambio, sólo le llegarían papeles de zorrona y no estaba dispuesta a pasar por ese aro. Incluso rechazó una parte en ’50 sombras de Grey’, no porque la película fuera una basura infecta, sino porque tenía que quitarse las bragas. Así que prefirió centrarse en otra vía, y finalmente hizo de Sarah Connor en esa prescindible reactivación de la franquicia Terminator. ¿Un error? Posiblemente. Pero cada uno en esta vida hace lo que cree que debe hacer.

El caso es que Emilia Clarke sigue sosteniendo su prestigio como sex symbol, y no como enormísima actriz. Lo que nos gusta de ella es la exquisita combinación de sus cejas negras como la pez y esa peluca rubia decolorada con ricitos y trenzas de adorno, así como la caída de sus túnicas, que dejan adivinar un cuerpo regio y turgente. Todavía no ha llegado el momento en que Emilia Clarke nos emocione con una interpretación digna de Meryl Streep, de esas de darlo todo y acabar llorando, y seguimos recordando, en cambio, esas escenas suyas en la bañera, en las que bajo el agua, como un submarino lácteo, se adivinaba el perímetro de sus senos.

Quizá eso es lo que explique que, al margen de ‘Juego de Tronos’, poco más hayamos visto de Emilia Clarke en otros sitios. Tiene un par de películas por estrenarse en verano y el año que viene, pero a nadie le importan. A los fans lo que nos interesa es Daenerys, y Daenerys siempre nos decía “no” cuando le decíamos aquello de “qué hay de lo mío”.

Emilia Clarke

 

Hasta el domingo pasado, en el que Emilia Clarke, dos temporadas y pico después, volvió a darnos lo nuestro, o sea, carne fresquísima. La escena, de la que no daremos muchos detalles para no ofrecer spoilers -que está la gente muy susceptible con el tema-, va así: tras una emisión de fuego digna de una mascletá valenciana, Daenerys emerge de entre las llamas como al final de la primera temporada, con la ropa abrasada pero el cuerpo inmaculado, y se muestra ante los testigos oculares allí presentes en todo su esplendor de reina, volviendo a enseñar aquello que los productores de la serie nos habían vedado: la redondez perfecta de sus pechos, esos mismos que alimentaron a tres dragones con su leche Targaryen.

La escena es breve, pero espectacular, un nuevo hito de la serie ¿Volverá a partir de ahora Emilia a destapar selectivamente algunas zonas de sus misterios? La escena del fuego, recordemos, es la ruptura de un contrato moral: ella dijo que nunca más se desnudaría, y ahora va y nos lo enseña todo menos el tesorito, lo cual es mucho, mucho más de lo que hubiéramos esperado.

Todo esto viene a exponer que, en un mundo tan sucio e interesado como el del show business, es difícil romper las convenciones. Emilia Clarke estaba en la piel de un personaje que transmitía juventud y deseo sexual. Es con el avance de la trama cuando también incorpora sabiduría, madurez y capacidad de gobierno, pero recordemos que el público es muy primario, muy reptil, y lo que querían de su reina -nosotros nos negamos a llamarla Khaleesi, por cierto, que no somos Dothrakis- era un poco de chicha.

Que es, al parecer, lo que buscan los magnates de Hollywood: le han dicho que si quiere triunfar allí no puede empezar poniendo condiciones sin haber pagado antes un peaje. ¿Estará dispuesta a aflojar la mosca? A tenor de lo visto en ‘Juego de tronos’, parece que sí, que Emilia, otra vez, está dispuesta a entrar al trapo. Dios la bendiga.

 

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3 Responses to Emilia Clarke vuelve a enseñar carne

  1. Yo lo veo así de sencillo: su personaje está comenzando a perder protagonismo, el hecho de no desnudarse ha sido un arma de doble filo y no le ha salido tan bien la jugarreta, pr lo que ha reculado con un desnudo (creo que va a ser esporádico) para volver a llamar la atención y estar en boca de todos… gracias a su desnudo Juego de Tronos fue Trending Topic todo el lunes pasado

  2. rrabia dice:

    que mujeres mas buenas quisiera estar con toditas mamasita

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